Una mirada desde adentro.

El bullying, un mal aprendizaje.

 


 

El siguiente documento está destinado a:

Padres con mente abierta, docentes comprometidos con sus alumnos y su rol de formadores, directivos socialmente responsables, hermanos mayores y sensibles, hermanos menores con ganas de ayudar a hermanos mayores, amigos de verdad y a todos los idealistas que piensan que el mundo, realmente, puede ser mejor.

Cualquiera puede leerlo, los idealistas pueden aplicarlo, los sensibles también pueden difundirlo.

 

Porque lo primero es entendernos, empezaré definiendo algunos conceptos.

¿Qué son las tan famosas, actualmente llamadas, “habilidades sociales”?

Son herramientas de la personalidad que desarrollamos para relacionarnos de manera efectiva y eficiente con los demás en distintos ámbitos. Involucran todos los aspectos de nuestro cerebro y nuestra personalidad. Las desarrollamos a lo largo de nuestra vida como respuesta a conductas socialmente valoradas y/o rechazadas. Son complejas y se aprenden, a veces bien, a veces mal.

 

¿Cuándo una habilidad social está bien aprendida?

Cuando es realmente una herramienta que nos favorece y favorece a nuestro entorno. Cuando lo que hacemos, decimos, pensamos, sentimos, nos permite desenvolvernos adaptativamente y cuando fomenta el desarrollo de los demás de un modo saludable para ambas partes.

 

¿Cuándo una habilidad social está mal aprendida?

Cuando lo que hacemos, decimos, pensamos, sentimos, nos perjudica en nuestro desarrollo y/o perjudica al otro.

 

¿Cuándo hay conflicto personal a raíz de estas conductas?

Cuando la misma habilidad resulta adaptativa en un entorno y desadaptativa en otro. Cuando resulta, por ejemplo, adaptativa para el entorno familiar pero desadaptativa para el entorno escolar. Ej: En casa es valorado ser estrictamente respetuoso con las normas, en el grupo de amigos es valorado desafiarlas.

Con estas definiciones ya podríamos deducir de qué modo es posible tener dificultades, en cualquier ámbito o circunstancia, por habilidades sociales “mal” aprendidas o mejor dicho, desadaptativas.

 

Trabajémoslo con un ejemplo:

Ej: Juan de 11 años es un chico muy desenvuelto que se está posicionando en el grupo de compañeros. Agrede a su compañero Santiago en el colegio, con el objetivo de llamar la atención. Santiago es un chico tímido que no se defiende porque “no hay que ser agresivo”. Mariano es otro compañero no tan tímido, no tan desenvuelto, que, por temor a que Juan lo moleste, se ríe de la situación siendo cómplice de Juan.

 

Es una situación normal, casi habitual en cualquier colegio en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, hay 3 chicos que están demostrando no haber implementado adecuadamente sus habilidades sociales en pos al bienestar de sí mismos y/o del otro.

Juan agrede por algún motivo y no se da cuenta que está ganándose un enemigo con todo lo que ello implica, un posible castigo de una autoridad, otros posibles enemigos (los amigos de Santiago) y desaprovechando la oportunidad de ser valorado por los demás de un modo más efectivo, evolucionado y saludable.

Santiago no está sabiendo defenderse, ofreciéndose de este modo, a seguir siendo objeto de burla y molestias de Juan y de todos aquellos chicos con dificultades que canalizan agresivamente. Con esta postura está perdiendo la oportunidad de ser admirado y valorado por otros chicos que, naturalmente se van alejando de él por temor a ser agredidos también.

Mariano, por no poder entender la situación del modo recién explicado, no se da cuenta que el lado más sano para él sería estar cerca de quién no tiene la necesidad de agredir. Que lo posicionaría mucho mejor, para los ojos de todos, el ayudar y defender a quién lo necesita. De este modo se ganaría la admiración de Juan y de Santiago. Pero claro… siempre y cuando sepa cómo hacerlo!

En los 3 casos pasa lo mismo. No saben qué hacer con lo que les pasa. Los 3 chicos están atravesando una dificultad y no saben cómo resolverla. En el mejor de los casos, creen en sí mismos y van probando, encontrando finalmente cómo salir de esa situación.

En el peor de los casos sienten que no pueden hacer nada, que NO HAY NADA POR APRENDER y la situación se cristaliza en el tiempo. ¿Y saben quién aparece? El famoso bullying* que no es más que una consecuencia de estas pequeñas situaciones “normales” que deberían servir para crecer y que sin embargo se hacen crónicas y nos impiden seguir adelante.

Entonces… cuando esto pasa tenemos a una “mala persona” que agrede a un “pobre santo”. ¿Se dan cuenta qué pasó finalmente? ¡Tenemos dos pésimos diagnósticos! Que lo único que hacen es seguir dificultando que los chicos crezcan y se desarrollen sanamente aprendiendo a ser de un modo mejor para ellos mismos y para el mundo. ¡Pésimos diagnósticos y peores pronósticos!

 

¿Cómo podría terminar esta situación?

En el mejor de los casos esta situación termina cuando terminan el colegio y Juan cree que tiene un poder que no tiene sobre los otros.  Creyéndose fuerte, que todo se arregla maltratando al otro y agresivamente. Santiago piensa que es débil, que no puede con su vida, que depende de que algún alma se compadezca de él y lo ayude. Pero... claro! “Hay pocas de esas personas porque la mayoría son como Juan o como Mariano”. Y Mariano aprende que hay que salir ileso como se pueda. Que no vale la pena jugársela y que en el peor de los casos, ¡mejor ser como Juan!

En el peor de los casos… es muy duro hablar de esto. Bastante mal termina el mejor. Seamos optimistas. Esperemos no llegar al peor.

 

¿Y cómo dejamos que esto sucediera? Porque, como educadores, formadores, amigos, hermanos, no les enseñamos cómo resolver situaciones creyendo en sí mismos. Valorándose como seres humanos a ellos y al otro. No les enseñamos “habilidades sociales” como el respeto, el límite, la sensibilidad, el diálogo, la comprensión, la escucha, el aprendizaje, la paciencia, la confianza… entre otras. Todas y cada una de ellas, hacia uno mismo y hacia el otro.

 

¿Cómo se enseñan estas habilidades? Como se enseña todo lo importante, siendo modelos día a día. Y para ser modelos no queda más opción que ofrecernos a nosotros mismos. Compartir nuestras vidas con ellos. Dándoles nuestro tiempo y si señores y señoras, en cantidad Y calidad. Disfrutándonos mutuamente. Conviviendo. Las Habilidades Sociales se aprenden en sociedad y la primer sociedad es la FAMILIA, luego la escuela, luego los amigos, el trabajo, el club… etc.

 

¿Cómo hacemos para que las habilidades que aprenden sean las “buenas” y les sirvan a los que están cerca nuestro?

Ayudándolos a poner en palabras lo que sienten y piensan, a aceptar las derrotas, a valorar los esfuerzos, a celebrar los triunfos. A desarrollar sus capacidades y sus talentos. A reconocer sus errores. A SER HUMANOS con todas los honores y las limitaciones que ello conlleva. A verse como tales y a ver del mismo modo al otro.

(Permítanme un paréntesis, en este punto siento la obligación de compartir con Uds. un video que me enseñó mucho, no se lo pierdan, lo encuentran en YouTube: Héctor Amador Matehuala “Cuando la suerte está echada” ó también llamado “Pocker Chips”: https://www.youtube.com/watch?v=J3-6KAOMlR0).

 

¿Qué podemos hacer si detectamos que esto ya es una realidad en la vida de quienes queremos? Lo más importante, creamos que la realidad puede cambiar. Abramos la mente. Apostemos a que las personas somos dinámicas. Los primeros que debemos cambiar somos nosotros. Mostrémosles que las cosas pueden ser distintas, que ellos pueden ser distintos. Que los demás pueden ser distintos. Que son dueños de sus propias vidas. Que estamos ahí para ayudarlos si nos necesitan, pero que pueden y que a veces deberán arreglárselas solos. Descubramos sus talentos y pongámoselos frente a sus ojos. Veamos al agresor como alguien con dificultades que también puede cambiar. Creamos en ellos. La teoría general de los sistemas, aplicable para todos los sistemas del universo, incluso los humanos, explica que cuando algo en un sistema cambia, todo cambia. Los primeros que debemos cambiar somos nosotros. Cambiemos el enfoque. No diagnostiquemos en “mala persona”, “pobre santo”. Ni malo, ni santo. Humanos. Como nosotros. Con errores, con debilidades, con fortalezas, con talentos. Veámosnos a nosotros mismos de un modo más íntegro, con nuestras fortalezas y debilidades pero siempre creciendo. Permitámosnos este cambio de mirada de uno mismo y del otro del que hablamos.

Hay mucho que concluir del pequeño ejemplo que trabajamos. Simplemente les dejo una pregunta, ¿de quién depende que los chicos crezcan creyendo en sí mismos y en el otro de un modo sano para ellos y para los demás, convirtiéndose en personas socialmente adaptadas y exitosas?

Volvamos al primer párrafo...

 

*Bullying: El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar, matoneo escolar o en inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales, con el nombre específico de ciberacoso.

 

 

Lic. Barbieri, Ma. Eugenia

MP: 72824

eugenia.gabinete@belgrano.esc.edu.ar

Equipo de Orientación Escolar.

Colegio Manuel Belgrano Temperley

 

 

 

 

 

prin1.gif (3108 bytes)