El Discernimiento es el camino
para descubrir el compromiso que nos realiza


Ante la duda, la desorientación, el apresuramiento,  la necesidad de tomar decisiones a largo plazo y  de tener que elegir un ideal, se hace necesario el discernimiento. Esto  supone  la capacidad de entrar en crisis, para crecer. Reflexionar sobre todas las posibilidades personales y llamadas interiores que percibimos para valorarlas y elegir aquello que sintamos que nos puede hacer feliz. El discernimiento espiritual no se reduce a la tendencia de querer  saber cómo ganaremos más dinero o cómo podremos triunfar profesionalmente

El discernimiento busca crecer interiormente para tomar las decisiones en forma madura y poder comprometernos con aquello que hemos elegido, para ser libres y buscar el bien de todos. Es más abarcativo que un simple test vocacional. Aquí entran todas las dimensiones de la persona y el proyecto que Dios tiene para nuestra vida.

Discernir es  percibir el paso del Espíritu por  nuestra vida. Es una experiencia del corazón,  inefable y por tanto algunas veces difícil de comunicar o poner en palabras.  Afecta a la persona en lo más íntimo, abarca todo su ser.

Supone  ponernos en crisis, pero de una manera confiada, pues siempre se busca la luz  que nos lleva a la verdad.  Es un modo de estar en la vida, para vivir en autenticidad. Requiere relacionar  todo lo que somos, para ordenarlo y comprometerse con un ideal que nos realice.

Tiene como trasfondo el altruismo y la entrega, que es como crece la persona. Busca  realizar la vida asumiendo las dificultades, como respuesta al amor sin medida de Jesús. El discernimiento se entiende en el contexto de la generosidad que exige la respuesta del amor total.  Por eso, necesitamos discernir a la luz de los misterios de la vida de Cristo, que nos ha amado hasta el fin.

Es un don y una tarea de todos. Es un don porque nos une a Cristo entregado.  Es tarea, porque no acaba nunca y supone salir al encuentro de los otros, asumiéndolos como hermanos.  Es algo permanente en la vida porque está en juego la libertad. Supone conjugar la libertad personal, la  voluntad de Dios y la felicidad que nos quiere  regalar.

No se pueden olvidar las limitaciones y debilidades que nos pueden desordenar a través del placer o la tendencia a relativizar todo. Siempre supone entrar en lo más profundo del corazón para saber quién soy (fuerza centrípeta) y salir a la realidad para responder las necesidades de los otros (fuerza centrífuga).  El discernimiento nos da identidad, pues nos informa quiénes somos y cómo nos encontramos con los otros.

Nos encamina al compromiso, que supone la síntesis entre la razón y el corazón. A los discípulos de Emaús, Jesús les va explicando las escrituras (a la razón), pero a la vez, hace que ardan sus corazones. Una ayuda importante es reconocer las mociones que experimentamos en nuestro interior, que son la comunicación de Dios que nos habla en el corazón y que son parte fundamental del discernimiento.

Tenemos que estar alerta para no confundir el discernimiento con el consenso. No se busca llegar a un equilibrio, que suponga renuncia al fin principal. Es el Espíritu el que nos propone la meta y a la que nosotros queremos adherir confiados en su gracia. No es un presupuesto de mínimos, donde quedamos en el “cumplimiento”  o en las apariencias. Es de máximos, de acuerdo a nuestras capacidades y contando que es el querer de Jesús para nuestra vida. Se da una conformidad interior en el nivel más profundo.

Para qué y cuánto dura el discernimiento.

·         Para buscar la voluntad de Dios,  que se ha enamorado de nosotros y nos quiere felices.  Es una forma de responder a su llamada para seguir el camino que nos  propone y que nosotros elegimos. Siempre supone un proyecto de vida, con metas claras  y fines determinados.

o       ¿Podríamos preguntarnos y dónde queda nuestra libertad, si tenemos que elegir la voluntad de Dios? Dios nos deja que elijamos, pero como Padre quiere lo mejor y se compromete a acompañarnos con su cuidado.

o       En lo que elegimos no vemos todo el camino claro hasta el final. Nos fiamos porque él nos da su ayuda. Sabemos que se va haciendo la luz a medida que vamos caminando. Es caminar en la fe.

·         Aun habiendo hecho una elección fundamental, que enmarque toda nuestra conducta,  el discernimiento es necesario siempre, pues estamos inclinados al desorden, contrario al proyecto de Dios  para nuestra vida.

·         Es permanente porque cuando estamos bien, podemos quedar  atrapados en la autosuficiencia y por tanto ya estamos cayendo. No se puede poner el “piloto automático”.

·         Siempre es necesario para reconocer que todo es don, regalo. Necesitamos alimentar el pensamiento de sabernos amados y esa es la verdadera luz que nos permite elegir con cierta seguridad.

Cómo se hace.

Supone escucha, con la capacidad de abrirse a lo que Dios nos quiera decir, sin prejuicios, dejando en él nuestro porvenir.

Necesitamos tener formada mínimamente la voluntad. Es parte de la libertad del corazón para poder decidir. Supone una pureza de corazón,  un desprendimiento material y una disponibilidad para hacer la voluntad de Dios.  Algunos pueden pensar que esto es muy complicado conseguirlo simultáneamente. Pero es bueno recordar, que reconocer el desorden y poder ponerlo en palabras es una forma de superarlo. Cuando lo negamos, es porque no vemos el desorden y por tanto nos empecinamos más en la ceguera.

Para realizar cualquier proyecto buscamos asesoramiento. Con más razón cuando se trata de la vida misma.  Necesitamos un acompañamiento que nos dedique el tiempo para poder expresar lo que sentimos y no sólo lo que pensamos.  El acompañante, no decide, ni elige. El que acompaña también discierne, pero siempre va por detrás. Ayudará a confirmar lo elegido.

En el discernimiento necesitamos escuchar de la voz de la conciencia (que podemos tenerla anestesiada o aletargada, por el tiempo que hemos tratado de acallarla).  Necesitamos asumir la capacidad natural de juzgar la propia vida, a la luz del amor de Dios. Como personas racionales tenemos la capacidad de juicio,  que nos permite razonar las situaciones, trayéndolas a la memoria.

En el discernimiento espiritual tiene que haber un deseo de seguir a Jesús, tal como es. Esto implica acogerlo integralmente desde las dificultades de la Cruz y la  alegría de la resurrección. Requiere tomar distancias de la sociedad de consumo, que con frecuencia suple la capacidad de decidir, generando necesidad ficticias.

Nos ayuda a discernir,  tener presentes los siguientes aspectos:

Pensar que en la misma búsqueda está Jesús, que quiere la voluntad del Padre y nos ha elegido para seguirlo hasta el final.

Conocer por dónde vienen nuestras debilidades respecto de nuestro pensamiento. Saber por dónde nos podemos confundir en nuestros razonamientos. Tenemos la experiencia de autoengaños anteriores, que en el momento del discernimiento los tenemos que tener presente para no repetir la historia. También sabemos los puntos fuertes y desde ahí nos podemos sentir seguros.

Percatarnos de cómo es nuestra voluntad. Monitorear lo que podemos dar. No es suficiente tener buenos ideales, es necesario llevarlos a cabo. Determinarse por algo y empezar.

Buscar que Dios certifique la autenticidad de la elección con la que nos vamos a comprometer, pero por esto necesitamos:

1.      Estar en total indiferencia (que nos dé igual una cosa como otra), para poder elegir lo que el Espíritu nos muestre, no lo que creemos, porque nos gusta más o menos. Se trata de vivir en plenitud, que sólo es posible cuando vivimos según Dios. Querer dejar en las manos de Dios, todo lo que pueda ser nuestra vida.

2.      Sopesar las dos alternativas que se nos presentan, las dos buenas, pues sólo se puede elegir lo bueno. Dios no participa en la mediocridad. Nuestra libertad puede hacer lo que quiera, pero sólo nos puede hacer feliz lo bueno. Si elegimos algo que nos aparta del bien Dios no entra en nuestro proyecto, aunque como Padre no nos abandona.

3.      Estar en un clima de oración y pidiendo que: “nos mueva solamente el amor de Dios”. Sin este fundamento no se puede hacer elección que nos lleve a un compromiso auténtico.

4.     Además tenemos que recordar que en definitiva es Dios el que nos elige para algo: “No son ustedes los que me eligieron a mí,  sino yo el que los elegí a ustedes” (Jn 15,16).

5.     Se nos puede hacer presente el egoísmo, el miedo, la ansiedad… todo eso tenemos que descubrirlo y tratar de apartarlo para poder discernir con la verdad más  sincera.  No nos podemos olvidar que Dios nos ha dado la vida y quiere que lo sigamos para implantar el bien en todas partes.

6.     Debemos recordar las cualidades que tenemos y las limitaciones. Saber hasta dónde somos generosos para ver nuestro futuro más inmediato y largo plazo.

Cuando seguimos estos pasos del discernimiento, en un momento determinado, Dios nos hará ver lo que espera de nosotros. Lo podremos experimentar en los sentimientos y con la paz más profunda. El discernimiento no busca un interés personal, sólo la amistad con Dios que nos quiere felices. Por eso no busca instalarnos y dejarnos cómodos. Nos empuja hacia adelante y nos ayuda a superar las dificultades con alegría.

Hno. Javier Lázaro

 


 

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