El agradecimiento nos ayuda a valorar a las personas

Septiembre 2015


   

El agradecimiento supone tener un corazón sensible a los dones recibidos y a la presencia de los otros en nuestra vida. Es una actitud positiva para seguir caminando. Sabernos enriquecidos por Dios y los hermanos, nos abre a la esperanza.

Siempre podemos agradecer y de esta forma abrirnos a los nuevos dones que están por venir. Tenemos infinitamente más de lo que podemos reconocer como regalo y que por tanto no  agradecemos. La vida entera es un don, que necesita celebrase en forma continua.

Los sentidos y el corazón nos tienen que abrir al agradecimiento, pues los otros siempre son un regalo para nuestra vida; aunque algunas veces parezca que nos complican, porque nos sacan de nuestros planes y proyectos. Es con esta perspectiva que queremos detenernos a reflexionar:

1.     Necesitamos tener la intencionalidad de agradecer. En caso contrario corremos el riesgo de creernos dioses y esperaremos  que los demás nos aplaudan y alaben. El agradecimiento es un ejercicio que exige esfuerzo, pero que nos va desvelando el valor de las personas y las cosas. Es frecuente darnos cuenta rápidamente de lo que nos falta y olvidamos lo que tenemos o estamos viviendo. Valoramos las cosas cuando nos faltan; sabemos lo importante que es la salud cuando nos sentimos enfermos. Necesitamos adelantarnos, agradecer lo que ya tenemos y que todavía no hemos tomado conciencia.

2.     Al hacer la lista de  lo que tenemos que agradecer descubrimos como hemos sido enriquecidos en todo. Esto supone hacer un recorrido por nuestra biografía; seguir un orden año por año; visualizar los lugares que hemos ido pasando; tener presentes a las personas con las que hemos compartido nuestro tiempo; recordar con alegría los progresos realizados; volver a celebrar las metas alcanzadas.

Seguramente hay personas que han sido un ejemplo para nuestra vida y necesitamos agradecérselo. Hay otros que han sido mediadores para que encontremos la vocación y podamos realizar el proyecto de vida. Hay personas que han iluminado la realidad, nos han dado un consejo o nos han corregido cuando íbamos errantes. Es preciso hacer memoria y agradecer. Estás personas aunque parezca que ya no están, se hacen presentes.

El agradecimiento nos ayuda a entrar en comunión con nuestro pasado, presente y futuro. Todo parece que se integra y cada uno es imprescindible para llegar a donde hemos llegado.

3.     El agradecimiento supone tiempo de reflexión y silencio. La mirada superficial hace que vivamos huyendo de nuestra historia y que no nos aceptemos tal como somos. Necesitamos detenernos para sabernos amados y crecer con alegría. Un indicador de nuestra madurez será pasar de la simple anécdota, a tener la mirada agradecida. Es en la reflexión donde podemos ser conscientes de lo vivido y repensarlo con una perspectiva nueva y con la interpretación objetiva, conscientes de que “Dios todo lo dispone para nuestro bien”, aunque con frecuencia no podemos abarcar el misterio divino en nuestra vida.

Si no podemos hacer un recorrido pausado por nuestra historia, posiblemente existen acontecimientos que no hemos integrado y que ahora no queremos remover. Siempre hay que atreverse a hacer una lectura positiva y agradecida de lo vivido; en caso contrario estamos desintegrados y vivimos la eterna insatisfacción, como deudores, de alguien o algo indefinido. Claro está, es el perdón a nosotros mismos  y a los otros, lo que nos permitirá superar los obstáculos que hasta ahora percibimos como insuperables. El perdón siempre es posible, hacia nosotros y para con los otros; necesitamos empezar con el deseo de hacer el camino de la reconciliación, para liberarnos de condicionamientos que nos impiden vivir la alegría del agradecimiento.

El tiempo de reflexión es siempre de reconciliación, pues nos permite asimilar los acontecimientos de otra forma y en sentido positivo. Es una etapa necesaria, donde  finalmente viviremos con naturalidad el agradecimiento.

4.     Los otros, por ser diferentes, nos ayudan a saber quiénes somos. Podemos caer en la tentación de pensar que para no tener problemas necesitamos que todos seamos iguales o de uniformar  a las personas que nos rodean. Es todo lo contrario, gracias a los otros, que son diferentes, tenemos la posibilidad de ser nosotros mismos. Por tanto, hay que agradecer a los “prójimos” que existen e interactúan en nuestra vida. Gracias a los demás, hemos ido realizando una forma de ser que nos ha obligado a crecer. Hoy poseemos la certeza de que no vamos a cambiar a nadie, pero sí podemos cambiar nosotros mismos, haciendo uso de la libertad. En un primer momento los otros se nos pueden presentar como un problema, pero en la medida que los aceptamos y buscamos interactuar positivamente nos obligamos a crecer por dentro.

5.     El agradecimiento nos permite descubrir lo valioso. Al ejercitarnos en la acción de gracias, vemos lo que es importante. Lo que conseguimos sin esfuerzo terminamos relativizándolo, para dejarlo en un segundo plano.  Se puede considerar importante, a la hora de jerarquizar los valores, aquella virtud que se prolonga en el tiempo y tiene cierta transcendencia. Las cosas materiales, aunque nos cuesten mucho dinero,  es posible que no tengan ningún valor, pues se gastan y se acaban con el tiempo.

El agradecimiento se tiene que centrar en aquello que se prolonga en el tiempo, en cierto modo, aquello que tiene la perspectiva de la eternidad. Detenernos en agradecer sólo lo material o efímero es una incapacidad para verse por dentro y realizar un proyecto de vida personal.

6.     El agradecimiento es un impulso que da sentido a la vida. Esto es así, porque tiene presente el don que hay en la vida y que quiere realizarse plenamente. Al agradecer reconocemos el tesoro que poseemos, que no se acaba y sigue desarrollándose en forma ilimitada. Agradecer en este sentido es anticipar también aquello que finalmente alcanzaremos y a lo que estamos encaminados. El agradecido siempre va descubriendo cosas valiosas, que siente el deseo de seguir desarrollando; pues el bien no tiene un límite, es como una semilla que sigue creciendo, en la medida que la regamos con los afectos agradecidos; aunque haya pasado en el tiempo se vuelve a vivir con una memoria renovada y alegre.

7.     El agradecimiento nos permite entrar en comunión con los otros. Es una forma de percibir su presencia en nuestra vida y acogerlos cariñosamente. Manifestar el agradecimiento genera una corriente de amistad donde nos damos a conocer y a ayudamos a descubrir a los  otros sus cualidades y dones. En este caso nos estamos refiriendo más a las personas (en contraposición de las cosas). Los otros son un don en nuestra vida, que sólo se pueden corresponder con la entrega personal, en otras palabras, amando.

También es necesario agradecer lo que recibimos materialmente, pero sería quedarse en el plano más bajo. Necesitamos desarrollar la mirada de fe, para descubrir los valores de los otros. Cada vez que alguien nos hace un bien, en realidad estamos recibiendo a su persona. El agradecimiento, en este caso se manifiesta con el asombro y la acogida. Al recibir los dones del otro le ayudamos a seguir creciendo; le hacemos sentir necesario y capaz de darse en mayor medida.

8.     Los grandes dones que tenemos que agradecer son: la vida, la libertad y la vocación recibida. En los tres casos proceden de Dios, aunque siempre hay mediaciones humanas, que también tenemos que agradecer. Estos tres regalos que junto a otros más se complementan y están llamados a crecer más y más. Al verlos con agradecimiento son un desafío, para que sigan creciendo siempre. No son un trabajo, aunque nos exigen cada día nuevas determinaciones y renuncias, para mantenernos en el rumbo marcado.

La vida, la libertad y la vocación se realizan y están orientados al encuentro con las personas. Son los otros los que nos permite desplegar todas las potencialidades y que por tanto se lo tenemos que agradecer. La comunión con los demás nos permite descubrir que tenemos mucho que hacer todavía y que no lo podemos delegar, pues suponen la implicación total del corazón. El cuidado de un hijo y la educación de  los alumnos, son dos ejemplos que nos ayudan a entender que sólo ellos nos impulsan a darnos sin medida y por tanto lo vivimos agradecidamente.

9.     El agradecimiento nos ayuda a encontrar el sentido del proyecto de vida. Las cosas que en un primer momento hemos realizado porque nos la ha impuesto la realidad, un tiempo después, en la revisión, vemos que tiene un sentido profundo lo que en algún momento realizamos superficialmente. Esto sirve para ordenar los sentidos y prestar atención de ahora en adelante. Con frecuencia disfrutamos más con el recuerdo, que con la acción misma, que hemos tenido que realizar impulsados por las circunstancias. Es entonces cuando nos podemos acercar a las personas y agradecer lo que no habíamos comprendido hasta ahora. Más que volver atrás para reprochar, revisamos para agradecer.

10.   Agradecer a Dios que ha salido a nuestro encuentro. Lo propio de cada una de las personas de la Trinidad: Padre, Hijo y el Espíritu Santo, es salir para darse entre sí y para venir  a nuestro encuentro. Dios crea todo lo bueno que nos rodea para nosotros y se complace en su bondad, pero necesitamos agradecérselo. El mismo Espíritu pone en nuestro corazón los sentimientos para poder decir gracias en forma adecuada. Y Cristo se ofrece al Padre en cada Eucaristía para agradecer por nosotros. Todo es un don, un regalo, pero necesitamos vivir en un constante agradecimiento, es la forma de abrirnos a la alabanza y la alegría.

Hno. Javier Lázaro sc

  


 

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