Hemos nacido en una familia
para ayudarnos ser felices
(Día de la familia 2013)


          Todos conocemos la importancia de la familia en nuestra vida, pero necesitamos recordar algunos aspectos, para seguir valorándola como una institución básica, vital e insustituible, en cualquiera de los roles que nos toca desempeñar dentro de misma: madre, padre, hijo, abuelo...

 Hemos nacido en una familia. Ha sido el medio del que Dios se ha servido para darnos la vida, para que nos sintamos acogidos en el momento más desvalido de nuestra existencia. El hombre y la mujer (papá y mamá) en la unión del matrimonio, son expresión y la comunicación del amor que Dios nos tiene, para que nos sintamos queridos.

Jesús, aunque fue concebido por obra del Espíritu Santo, necesitó del amor de María y José para entrar en nuestra historia y poder desarrollar su misión en el mundo.  El amor de María y José fueron esenciales en el crecimiento armónico de su Hijo. Y además María y José, en esta entrega mutua e incondicional del uno para el otro, se realizan como personas felices, en medio de las múltiples dificultades de cada día. 

Es en la cotidianidad de la familia donde todos sentimos que somos amados y podemos amar. En los detalles más simples vivimos, la experiencia de ser únicos e irrepetibles y con la capacidad de  corresponder a este amor, ejerciendo paulatinamente la libertad que nos permita elegir siempre el bien.

En las relaciones interpersonales de la familia, sólo existe una regla, la del amor, la búsqueda del bien del otro siempre. No buscamos recompensa, aprendemos a olvidarnos de nosotros mismos, para encontrar el sentido profundo de nuestra vida. Descubrimos que la riqueza está en nuestro corazón y podemos dar en forma ilimitada, para defendernos de la sociedad de consumo que nos esclaviza y nos divide por el egoísmo.

Desde la familia nos podemos abrir al mundo de una forma segura y esperanzada, pues hemos recibido todo lo necesario para no dejarnos afectar por los numerosos desordenes que podemos encontrar. La familia es la escuela de humanidad, siempre es el referente al que tenemos que volver para sentirnos seguros. Las virtudes que  cultivamos en la familia se convierten en la fortaleza para el presente y para el futuro.

Independientemente de las heridas o dificultades que estemos atravesando, necesitamos seguir confirmando la importancia de la familia, con un estilo de vida que conduzca a su unidad, profundizando la fidelidad y confiando en la ayuda de Dios, que quiere nuestra felicidad.

 

Hno. Javier Lázaro

 

 

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