Nos educamos comprometidamente,
con una mirada de fe,
para vivir la alegría del bien

Inicio ciclo lectivo 2013


Bienvenidos a todos. Hoy es un día de alegría por reiniciar un nuevo año escolar y poder vivir en comunidad, como hermanos y amigos.

Nos encontramos aquí porque tenemos un mismo ideal, un proyecto común, para caminar juntos hacia la plenitud, para ser felices. Hemos tenido la oportunidad de vivir más intensamente en familia en estas vacaciones. Ahora es el momento de ampliar las relaciones, de enriquecernos con la diversidad de compañeros con los que nos encontramos. La escuela es la oportunidad de vivir en comunidad. Se necesita renunciar a algunos gustos personales, para privilegiar los espacios y el tiempo común. Esto nos ayuda a salir del individualismo, del egoísmo y el capricho.

Hoy nos proponemos jugar, estudiar, compartir entre nosotros, para vivir la alegría del corazón. Si tratamos de hacer felices a los compañeros,  crecemos  y somos mejores personas

Todo esto es posible porque tenemos un Amigo común, que vive en el corazón de cada uno y nos ama siempre: Jesús. Él  nos regala una mirada muy especial, la de la fe, que es la mirada de los ojos de Dios, nuestro Padre. Este año nos centraremos en tres valores: la fe, el compromiso y la prudencia.

El valor de la fe:

Por La fe,  queremos vivir como hijos de Dios y hermanos de todos. Hemos nacido a la fe por el bautismo, pero necesitamos fortalecerla y ponerla por obra. No es un adorno o algo que podemos ponernos o dejar según nuestro capricho. Somos personas porque tenemos una vocación para el encuentro con Dios y con los demás. La verdad de nuestra vida está orientada hacia la entrega. Nadie puede vivir solo. Nos necesitamos entre nosotros.

La fe nos ayuda a aceptar a todos, con las diferencias particulares de cada uno y  caminamos hacia el perdón, cuando nos sentimos ofendidos.   También nos permite alegrarnos con el bien que hacen los demás y así superamos la envidia, que carcome nuestro corazón.

La fe nos abre al encuentro con nuestro Padre. Esto lo llevamos a la vida de oración de todos los días.  Necesitamos dedicar tiempo a rezar, para que se incremente nuestra fe y Jesús pueda comunicarnos todo lo que nos quiere decir.

Por la fe creemos en una comunidad de hermanos, donde vivimos el amor infinito que el Padre Dios nos tiene.  No importan tanto las diferencias que hay entre nosotros, lo decisivo es que nos sabemos hijos del mismo Padre que nos invita a compartir su vida.

Por eso a lo largo del año, en forma personal, familiar y grupal necesitamos dedicar tiempo a la oración y a la celebración junto a Jesús. Vamos a guardar la Palabra del evangelio en nuestro corazón para escuchar lo que Dios nos dice con cariño.

El valor del Compromiso:

El otro valor en que nos centraremos será el compromiso, que supone conquista de la libertad personal, para orientarnos al  encuentro con los otros y la fidelidad a las personas.

Por el compromiso queremos descubrir y realizar la libertad personal, que siempre se debe orientar hacia el bien.  Es la capacidad de darnos para ponernos al servicio de los demás y disponer ordenadamente todas las facultades que tenemos. La palabra “compromiso” nos da miedo y terror. No cabe en nuestra mente, pareciera que atenta contra la vida misma.  Pero no nos engañemos. La persona se realiza cuando se compromete. Cuando tiene la capacidad de darse, de adueñarse de su vida y ordenarla para el bien definitivo y la verdad absoluta. 

La cultura del relativismo y el subjetivismo, de lo provisorio, de lo descartable nos agobia por todas partes. Se ha convertido en la dictadura de nuestra sociedad y nos ha incapacitado para la felicidad. Las personas no somos intercambiables, pues pasaríamos a estar al nivel de las cosas. Hemos desarrollado  un pensamiento débil, incapaz de dar razón de nuestras acciones. Todo esto porque hemos elegido los falsos valores como son: el placer, el poder y el dinero.  Lo que son medios, los hemos convertido en fines.

El compromiso nos ata y obliga frente a los demás, pero sólo las personas nos van a exigir lo mejor de nosotros mismos, para poder amarlas y ser felices.

Sin compromiso quedamos atrofiados en nuestras capacidades. Por eso cumplir lo que prometemos es importante: entregar un trabajo, hacer la tarea, respetar las reglas de juego, esforzarse por hacer las cosas lo mejor posible… El compromiso es con nosotros mismos, para adquirir las virtudes y ser felices.

La prudencia:

La prudencia es el sabiduría para elegir lo bueno de acuerdo a nuestra dignidad de personas. No escatimemos esfuerzos por ser nosotros mismos, con el tesoro que encerremos.

Se cuenta que un joven se encontró con un sabio que le ayudó a descubrir los tesoros de su corazón,  que eran como lingotes de oro, muy valiosos, pero que tenía que cuidar,  que le exigía un esfuerzo, una coherencia. E joven temió el peso que tenía que llevar, el cuidado que tenía que tener… hasta que finalmente vio venir un señor con un caballo que corría veloz.  Y se lo cambio por sus lingotes de oro.

Cuando iba a caballo, no sabía dónde se dirigía, hasta que se encontró con un señor que tenía un chancho que parecía más tranquilo y se lo cambió por su caballo. Con el chancho se aburría, hasta que vio a una señora que tenía un gato juguetón y cambió el chancho por el gato.

Pero el gato, de vez en cuando, se iba a cazar ratones y él se sentía muy sólo. Hasta que se encontró con el afilador de cuchillos y le pareció que eso era muy útil. Entonces cambió su gato por una piedra de afilar, hasta que finalmente cruzaba un río y se le cayó en las profundidades. De esta forma se quedó sin nada.

Cuidemos el tesoro que somos cada uno. Cuidémoslo. No lo cambiemos por nada, vivamos ilusionados por todo lo que podemos lograr por nosotros mismos, con esfuerzo. Que nadie nos engañe con espejismos.

La prudencia es la sabiduría para elegir lo mejor en cada momento, dejando atrás la necedad y el desorden personal a la hora de elegir. No son criterios de elección el simple gusto o el sentimiento. La prudencia está llena de tiempo de  reflexión y de madurez para escuchar a quien nos puede acompañar, para escapar del pesimismo y profundizar la alegría.

Bienvenidos a la comunidad:

Bienvenidos a todos los alumnos nuevos y en especial a los que vienen de sala roja del jardín.

Todos vamos a formar una comunidad, donde las señoritas nos van a acompañar. Ser docente es una vocación que hace que entreguemos todo lo que somos, sin medida y eso nos hace felices. Cada señorita confía en Uds., sabe que son capaces de todo, que son inteligentes, que quieren conquistar un ideal. Lo que ahora no ven Uds., si lo pueden ver las señoritas, pues consiguen leer en sus corazones. Ésta es la grandeza de las docentes, pueden vislumbrar, desde el primer momento, a qué está llamado cada uno. Por eso confíen en su maestra, sean dóciles y obedientes, para que puedan aprender.

Gracias a los docentes por comprometerse todos los días, dando lo mejor de sí. Gracias por el tiempo que dedican a orientar a cada familia en la labor educativa de sus hijos. Además de técnicas y didáctica, se comprometen con cariño y entrega.

Gracias a cada familia que confía en nosotros. Trabajamos por sus hijos. Todos buscamos el bien de los niños. Por tanto facilitémonos la comunicación y procuremos que el clima de la casa sea educativo, lleno de afecto, donde nadie se sienta solo. Es posible la educación cuando hay una familia que sostiene las iniciativas e ilusiones.

La comunicación en todos los ámbitos es imprescindible para que se dé la educación.  El ejercicio de la escucha supone el servicio a los demás, dejando atrás nuestras pretensiones más inmediatas. Los hijos o alumnos necesitan contarnos lo que sienten o viven, para que a su vez los podamos ordenar.

Centenario:

Además este año celebramos los cien años del colegio. Es un motivo más de ilusión para renovarnos interiormente y proyectarnos para seguir sirviendo a las siguientes generaciones. Educamos desde el corazón y con la mirada de la fe.

Con el deseo de que caminemos juntos hacia la plenitud como personas, cada uno desde su situación actual, docentes, alumnos o padres, iniciamos este ciclo lectivo 2013, confiando que vamos a alcanzar las metas que nos proponemos, pues no nos va a faltar la ayuda de Dios.

Felicitaciones por estar en esta aventura que es educar y educarse. ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

Hno. Javier Lázaro

 

                                                                            

 

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