La amistad valora las diferencias
y se abre a la diversidad

Mayo 2012


Quienes se quieren no se cierran sobre sí mismos, están abiertos a la riqueza que supone el mundo exterior. Los amigos están dispuestos a la apertura, para enriquecerse y darse a  sí mismos. Se puede tener amigos comunes, pero también es sano y existe la posibilidad de que cada unoestablezca otras amistades en las actividades que no se comparten, en la diversidad de ámbitos sociales.

La exclusividad en las relaciones interpersonales ya nos habla de otro tipo de intimidad, con un proyecto a largo plazo, como es el matrimonio, la vida religiosa y sacerdotal. Pero en estos casos, la relación se vincula con la complementariedad o la respuesta vocacional, más fuertes que los simples lazos humanos, ya que hay una vinculación  e intervención especial de  Dios.

Para tener en cuenta estos puntos,  hay algunos aspectos que no se pueden olvidar:

1.     La amistad se vive con quienes se tiene algo bueno que compartir. En la medida que no queremos dar nada de nosotros, tampoco podremos recibir ningún estímulo significativo de los demás  que nos pueda enriquecer. La  apertura es de nosotros hacia los otros, pero dejando también que nuestros amigos tengan otro tipo de amistades. Sin esta generosidad estamos cerrando el paso a la libertad. Tampoco podemos tener amigos de una forma ilimitada. Llamamos amigo a aquel con quien podemos entablar una relación profunda, donde podemos abrir el corazón. Para que esto se dé, se tiene que producir en un clima muy cuidado, por el cultivo afectivo y espiritual.

2.     En la diversidad de amistades se vive la unidad de criterios y valores. La persona es siempre la misma, por tanto sus pensamientos, actividades y actitudes, tienen que tener siempre una misma línea coherente. Las diferencias en sus manifestaciones externas son para adaptarse a las necesidades particulares. Si detectamos un cambio  sustancial en la conducta se puede hablar de cierta inmadurez emocional, que no ayuda a la fidelidad de  la amistad. En este caso no son relaciones de amistad. Un indicador claro para identificar esta situación es que nos sentimos cansados y estresados en las relaciones interpersonales, pues estamos produciendo una sobreactuación.

3.     La amistad tiene en cuenta que somos seres sexuados.Es importante tener una clara identidad, ser varón o ser mujer. La amistad supone un intercambio afectivo, pero renuncia intencionalmente a cualquier otro tipo de relación sexual, que acabaría y destruiría la amistad. Las relaciones sexuales requieren otro marco y compromiso; sólo son convenientes en el matrimonio por la implicación personal y la entrega total de la libertad. Suponen la necesaria y mutua complementariedad.

Se pueden dar una relación de amistad entre un hombre y una mujer, pero sin desconocer la realidad de que somos seres sexuados, pues nos caracteriza en nuestra forma de sentir, de expresarnos y de darnos. Cuando no tenemos en cuenta estas diferencias, de alguna manera ya estamos instrumentalizándonos como personas y no estaremos atentos a las necesidades de nuestros supuestos amigos o amigas. Ser amigos nos obliga a tener presentes las cualidades y limitaciones de cada uno. No caigamos en el error de usar a los otros. Cada uno se debe sentir respetado. Los amigos se descubren tal como son, pero a la vez se protegen y cuidan. No se sienten observados o evaluados, siempre encuentran su confirmación como personas. Esto se pone en evidencia en la mirada y en las expresiones, que de alguna forma comunican al amigo nuestra forma de percibirlo, acogerlo y amarlo.

4.     La amistad se abre a la diversidad sin desatender los compromisos familiares o comunitarios. Los amigos se ayudan para que cada uno profundice su identidad dentro de los compromisos asumidos con los valores más importantes. Cuando alguien cercano intenta distanciarnos de las personas que dan unidad a nuestro corazón, no se debe hablar de amistad. Hay un intento de mimetización  y apropiación, que nos hace perder el rumbo de la propia vida. Por ejemplo, no se puede hablar de amistad cuando (en el caso de que alguno esté comprometido  en matrimonio), se está induciendo a que se produzca una distancia del  esposo o la esposa respectiva. Los verdaderos amigos se esfuerzan para que cada  uno sea responsable y coherente con el grupo de pertenencia íntimo. Hay una necesidad de honestidad para no halagar a los demás con un fin de posesión. La generosidad se tiene que hacer presente para ayudar a los demás a que sean felices, aunque algunas veces esto suponga distancia y saber callar.

5.     La amistad nos exige vivir en la verdad para gozar de la libertad. Las relaciones interpersonales son sostenibles siempre que se mueven en un marco de autenticidad. No sirven los apaños y las componendas.  En la medida que hay cierta especulación se entra en una espiral de destrucción. Esto no impide que se cometan errores, que con humildad se deben reconocer, para que la amistad salga fortalecida. Este espíritu de buscar y vivir  en la verdad se lleva a todos los ámbitos de vida. En la vida corriente no se puede ser de una forma y de otra muy diferente en la amistad. La persona es invariablemente la misma. La persona deliberadamente deshonesta en algún aspecto, en realidad no puede establecer ningún tipo de relación de amistad. La línea de conducta en el trabajo, en las relaciones sociales, en la vida espiritual, siempre tiene que ser la misma. La escisión interior se prolonga en todo lo que hace la persona. Primero es preciso que reorientemos el corazón, para que podamos elegir con libertad vivir con uno mismo y con los demás. Reconocer la debilidad es el primer  paso y más importante para poder corregirnos.

6.     Todas las relaciones de amistad tienen que estar sostenidas por la intimidad que Dios quiere con nosotros. Necesitamos la experiencia de sabernos amados gratuitamente para que nosotros podamos acercarnos a los demás en una actitud de entrega. A su vez, sabemos que las relaciones humanas tienen sus dificultades, por las diferencias naturales que existen entre nosotros y que algunas veces es difícil compatibilizar. Por esto, se hace preciso que tengamos motivaciones transcendentes, que nos ayuden a superar las crisis. Los amigos tienen que aprender a orientarse mutuamente a Dios, para que él sostenga y fortalezca los lazos de cercanía con los demás.

Cuando entramos en intimidad con Dios vamos paulatinamente configurándonos interiormente para vivir los valores del Reino y por tanto descubrimos el valor infinito de las personas. A su vez, en la amistad humana vamos a descubrir el rostro de Dios.

Hno. Javier Lázaro

 

                                                                            

 

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