La comunicación y la confianza


Confianza y comunicación son dos aspectos básicos que hacen a la educación y que están estrechamente interrelacionados. No se da el uno sin el otro. Al examinar cómo es nuestra comunicación, tendremos un panorama de las posibilidades que tenemos de regalar confianza. Podemos repasar algunos connotaciones  que establecen  este vínculo:

  1. En cada  comunicación partimos de los elementos comunes que nos identifican con las personas con las que queremos estrechar los vínculos. Cada familia o comunidad tiene una cultura propia que nos diferencia  de las demás. Hay formas de saludar, de adornar la casa, de preparar una mesa, recuerdos familiares, valores, etc. que tenemos que reavivar para poder recobrar una identidad que nos haga sentir unidos y cercanos a los demás. Esta comunicación simbólica nos da la confianza afectiva. Tratemos de evitar la tendencia a la uniformidad o a costumbres que son ajenas a nuestra cultura y que se introducen a través de los medios de comunicación.
  2. La confianza está sostenida por las pequeñas ilusiones que podamos alimentar cada día. Tratemos de comunicar las posibilidades que tienen nuestros hijos o alumnos en cada situación. Ayudemos a descubrir potencialidades. La falta de comunicación de las metas que pueden conseguir en cada momento se puede transformar en soledad y desorientación. Como educadores estamos llamados a ser exploradores de las cualidades de nuestros hijos para que las pueden desarrollar. Esto nos exige una mirada profunda con dedicación de tiempo para  escuchar y acompañar. 
  3. La confianza es una respuesta a largo plazo. Tenemos necesidad de fiarnos. Quien no se fía, no arriesga y está orientando toda su comunicación a la esterilidad. En la vida somos los colaboradores en la construcción de la vida de los demás. Como padres tratamos de transmitir nuestra impronta, entregamos nuestro ser y arriesgamos algo íntimo. Son los hijos los que en último término responderán a su vocación personal, los que harán opciones libres que les permitan ser felices. Pero necesitan el crédito de nuestra propia vida a través de nuestro ejemplo y de los grandes sacrificios que supone una vida coherente. Esto es una comunicación sin palabras, pero que se plasma en un estilo de vida  que rebosa alegría por poder dar vida.
  4. La comunicación de normas hace que nos sintamos miembros de una comunidad que compartimos los mismos ideales. Las normas nos ayudan a crear costumbres que facilitan nuestro desempeño y pueden convertirse en virtudes. Los educadores tenemos necesidad de poner límites que permitan a los jóvenes sentir que  van por un buen camino. La indiferencia, la demagogia  y el “dejar hacer” son actitudes de desprecio hacia nuestros hijos, que se convierten en desconfianza hacia nosotros mismos o en inseguridad en su conducta moral, en infelicidad. Cuando nos trasmiten cierto enojo o protesta por las cosas que deben hacer, en el fondo nos están manifestando lo importantes y agradecidos que se sienten por los esfuerzos que están realizando.
  5. La confianza se fortalece en el conocimiento mutuo.  Comunicar nuestro pensamiento, intenciones y sentimientos, ayuda a eliminar la incertidumbre. No podemos reducir nuestros diálogos a  las cosas triviales y a las noticias que todos escuchamos. La persona para que llegue a lograr la unidad personal, tiene que recorrer el camino de la comunión con las personas que nos rodean. Sin esta común unión de sentimientos, nos rebajamos de la categoría de personas a las de cosas que se agregan. La comunicación profunda, (no sigue el “método científico”), está  plagada de ingenuidad y goza de la libertad para expresar lo que siente el corazón.
  6. La comunicación debe reafirmar el valor de la persona. No recurrir a la culpabilidad para desestabilizar y matar la confianza en sí mismo. Examinemos ¿cuáles son las expresiones desafortunadas que hace que culpabilicemos? Cuando se presenta el sentimiento de culpabilidad tratemos de poner remedio a través de la aceptación de sí mismo, del descubrimiento de las virtudes personales, de la humildad para abrirnos a los demás y pedir ayuda a los otros. En la medida que sabemos ofrecer ayuda, ya estamos generando confianza en nosotros mismos pues tenemos la esperanza del cambio.
  7. La confianza en los hijos/alumnos se fundamenta en la confianza que el padre/docente tiene en sí mismo para descubrir y comunicar capacidades personales. Reducir nuestra capacidad educativa a hacer profecías anticipadoras de los hechos negativos que se van a producir, es prejuzgar negativamente a las personas que nos rodean y provocar lo que se había prejuzgado (“te lo había dicho”). Hacer hipótesis negativas supone juzgar poniendo la culpabilidad como premisa. Nuestro mayor conocimiento de la realidad tiene que ser el que comunique los caminos para que se dé el éxito. Tenemos que centrar nuestras visión en todas las potencialidades que puede desarrollar en medio de las dificultades, que serán medios de superación. 
  8. El interés por comunicarnos nos ayuda a superar el egoísmo personal y los miedos. Las madres es posible que hagan muchas cosas mejor que sus hijos; cuando dejan hacer renuncian al todo poder que tienen por su madurez y experiencia, pero permiten a sus hijos ser personas creadoras.  La confianza es la posibilidad que damos al otro de hacer el bien.  Hoy la técnica nos ofrece muchas posibilidades de hacer las cosas rápido y eficazmente, pero no podemos confiar en ellas. La confianza sólo se da entre personas. Rodearnos de cosas es creernos autosufientes,  pero nos encontraremos solos. 
  9. La confianza es cosa de dos, “fianza” recíproca. En toda interacción tenemos que entregar algo, capaces de dar un crédito a los demás. En este intercambio no pensemos en cosas materiales solamente. Lo primero que tienen que percibir los demás de nosotros es la aceptación de su persona, que se puede concretar a través de la escucha atenta, del aprecio, la valoración, el interés por sus cosas, etc
  10. La confianza que nosotros podemos comunicar sólo es posible cuando tenemos como  principio la verdad. La sinceridad con nosotros mismos  nos permitirá saber quiénes somos y hacia dónde queremos ir. En relación con los otros la verdad nos dará todas las perspectivas de interrelación y nosotros daremos la confianza a quienes tienen un empeño de autenticidad. 

 

                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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