La comunidad se sostiene
con corazones auténticos

Inicio del ciclo lectivo 2011


Empezamos una etapa nueva en nuestro caminar por el crecimiento que estamos viviendo. Bienvenidos a todos. Encontrarnos con los amigos y docentes ya nos produce una sensación de seguridad, pues no estamos solos en este proceso de realización y equipamiento como personas.

Los padres nos han dado la vida y han sostenido nuestros primeros pasos, pero ahora nos estamos abriendo a la sociedad. Podemos aportar mucho a los demás y los otros quieren compartir  su vida con nosotros en clase, en el patio, en el deporte, en la oración. En este tiempo todos estamos lanzados a perfeccionarnos en todos los sentidos, por eso estamos agradecidos a los compañeros, aunque algunas veces nos causen algunos problemas, por ser diferentes y, nos cueste armonizar los intereses de todos.

Pero es cuando entramos en nuestro corazóndonde vamos descubrir toda la riqueza que tenemos. Para esto, este año nos vamos fijar en tres valores que nos permitan gozarnos de lo más profundo de nosotros mismos, que a su vez enriquecen a toda la comunidad educativa y a la propia familia.

Estos valores y virtudes son: la mansedumbre, la sobriedad y la limpieza, desde la perspectiva de la pureza.

La mansedumbre,  nos permite adueñarnos de nuestro corazón y entraren el interior de los otros. Aunque estemos inclinados a la impaciencia y a la ira, a través de la mansedumbre, dominamos nuestro corazón, para ver más profundo de lo que aparece a primera vista. Así descubrimos que podemos convertir lo adverso, lo que nos revela, en posibilidades de crecimiento personal y de encuentro con los otros.

El saber callar, el silencio caritativo, la mirada cariñosa hacia nosotros mismos y los más cercanos, se convierte en camino de perdón y de colaboración para la convivencia que debe sostener toda comunidad

En la familia que no hay mansedumbre todo se convierte de tirantez, frialdad, soledad, división y desconocimiento. A través de la mansedumbre: se logra la comprensión, el perdón, la compasión, la empatía, la solidaridad,  la unidad, la comunicación y el amor. Pero todo esto supone un conocimiento profundo de sí mismo, con el consecuente reconocimiento y la aceptación de los demás. Tiene que existir una voluntad de encuentro.

En la comunidad educativa la mansedumbre se hace: exigencia cariñosa, evita lasacusaciones, se convierte en esperanza de cambio, colabora en la comprensión, se hace tolerante, hay un olvido de sí y valoración de las diferencias. Nosotros lo podemos concretar en clase haciendo las cosas en forma inmediata y de buena gana.

Desde el valor de la sobriedad, entendido como capacidad de liberarse de todo aquello que nos impide descubrir el valor infinito de la persona. Se trata de buscar y tener sólo lo  estrictamente necesario, evitando lo superfluo, el consumismo, la competencia con el otro y la comparación o el desprecio a quien tiene menos.

La sobriedad nos va ayudar a cuidar las cosas, pero al igual que la mansedumbre, va a liberar nuestro corazón, para descubrir que la riqueza más importante somos nosotros mismos, porque Dios nos ha amado desde siempre. No necesitamos rodearnos de cosas que nos agobien y ahoguen el espíritu, que nos impiden vivir en esperanza.  Cuando tenemos muchas cosas, en cierto modo no nos queremos, porque ya ponemos más atención en el cuidado de las cosas que en nosotros mismos y en los demás.

Fíjense cuando tienen algo nuevo, una computadora, un cochecito, una muñeca, etc, al principio tenemos miedo de perderlo, de que se rompa, algunas veces no queremos comer por estar jugando con lo nuevo… y cómo lloramos cuando nos contradicen, además no queremos compartir nada … esto mismo, lo llevamos en otro plano, los adultos.

El tercer valor es la limpieza, desde la perspectiva de la pureza de corazón. Se trata de cultivar una mirada que pueda descubrir lo valioso de cada una de las personas y que nos permita gustar todo lo verdadero, lo bueno, lo bello que nos rodea en la naturaleza.

Este cuidado del corazón nos proporciona una paz interior que nos permite vivir felices y está por encima de los que nos ofrece la sociedad  de consumo, que sólo nos engaña con lo superficial y pasajero, pero que nunca llena nuestro deseo de autenticidad.

La pureza de corazón es la que nos permite mantener relaciones de amistad duraderas, porque cultiva el respeto, la valoración, se centra en el servicio, en el conocimiento mutuo. Siempre se puede recuperar esta posibilidad, aunque nos hayamos equivocado, si de ahora en más buscamos ser auténticos y responsables con cada cosa que tengamos que hacer.

La pureza de corazón nos permite ser alegres interiormente en forma permanente, porque nos da la fuerza para poder hacer siempre lo bueno. Por el contrario, cuando sólo elijamos lo que es fácil o lo que nos gusta, tendremos un instante, sólo un momento de placer y luego nos llenaremos de tristeza y angustia. Este mismo ciclo es el que viven los que se drogan y terminan por destruirse. Sólo la verdad y el bien nos dan la libertad, aunque nos cueste.

Gracias a los padres por acompañarnos y confiarnos la educación de sus hijos. Desde el momento que  han  asumido el compromiso de dar la vida a sus hijos, toda su vida ha cambiado. En forma permanente ellos, exigen atención, mirada atenta, un clima de armonía familiar, tiempo, escucha, límites, olvido de sí, amor. Sólo cuando se da esta entrega podrán  ser felices como matrimonio y como personas individuales. Cuando guardamos algo para nosotros mismos, se produce una división interior que nos lleva al egoísmo, a la tristeza, la infidelidad y a la pérdida de la unidad.

Gracias a los docentes por renovar cada día  la vocación de entrega al servicio de los demás. Queremos llegar más allá de enseñar lengua, matemática, ciencias, inglés o educación física. Buscamos darnos sin medida, para transparentar nuestra alegría y en cierto modo arrastrar a todos, a crear un mundo donde reine la civilización del amor entre hermanos como comunidad educativa y como sociedad.

Todos estos ideales sabemos que sólo los podemos llevar a cabo, porque contamos con la ayuda de Jesús que siempre está en nuestro corazón. Él no se olvida de nosotros en ningún momento. Poder vivir de la fe, nos da alas para volar entre las dificultades y sentir la confianza del Padre que nos ama.

Este año celebramos el año de la vida, somos responsables de ser agradecidos porque Dios nos la ha regalado y tenemos que cuidarla. Pero también vamos a tener en cuenta a los más débiles o los que no pueden decir nada.

Celebramos la vida del Hermano Javier, primer Hermano del Sagrado Corazón, estamos hablando de hace muchos años, hacia el 1821.  Nosotros también queremos crecer como corazonistas, como familia que profundiza cada día el sentido de pertenencia, la fraternidad y el compromiso por los demás.

Con la confianza en Jesús queremos empezar esta ciclo lectivo 2011. ¡Sagrado Corazón de Jesús en vos confío!

 

                                                                                   Hno. Javier Lázaro

 

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