La conquista de la libertad


La libertad pareciera un valor importantísimo. A todos se nos ilumina la mente y el corazón cuando nos dicen que somos libres.

No nos vamos a referir a la libertad política o civil de la sociedad. Aquí nos orientamos hacia el orden personal, la responsabilidad, el bien moral, las virtudes, el dominio de sí… como camino para la conquista de la verdadera libertad y capacidad de amar.

La persona en su dimensión física y biológica, ya está programada, desde la información genética que tiene cada célula. Pero la libertad la tenemos que conquistar, a través de “un nuevo nacimiento”, por la puesta en marcha de todas las potencias y facultades en forma ordenada.

La libertad es una opción personal de cada momento. Tiene que estar enmarcada dentro de las limitaciones que nos impone la naturaleza humana, el entorno físico y social. Cuando el hombre se sale de este marco de su naturaleza se destruye como persona y camina hacia su infelicidad.

A su vez en la medida que nos sometemos a los dictámenes de la fe en Dios, nos liberamos de la angustia de un futuro vacío. La fe nos libera de las especulaciones. Supone orientar todos nuestros afectos para corresponder a un amor… pues el fin de la libertad es poder amar.

1.      El hecho de que digamos que es una conquista, ya nos indica que es algo arduo, no nos va a llegar en forma espontánea. Nos estamos refiriendo a una libertad que nos conduzca a la realización como personas y nos posibilite la alegría. El dejarnos llevar por lo más fácil del momento, sólo nos conducirá a ser personas amorfas, víctima de los gustos y caprichos del momento; incapaces de ser dueños de nosotros mismos y esclavos de las pasiones. Esta última forma de libertad nosotros no la vamos a considerar. Siempre vamos a apuntar hacia la libertad que nos posibilita vivir con la dignidad de hijos de Dios y de ser auténticamente felices.

2.      La libertad tiene que estar orientada hacia el fin de poder elegir siempre el bien y la verdad. Esto supone el dominio de sí, a través de la adquisición de las virtudes, que me faciliten el camino de las sucesivas elecciones. Suponen el uso de la inteligencia, la voluntad y el orden de los afectos. La mera espontaneidad no es una forma de libertad, ya que simplemente me dejo llevar por la propia naturaleza, característica de los seres irracionales. Así por ejemplo un cuerpo en caída libre, simplemente se dirige hacia el centro de la tierra, sin posibilidad de modificar la trayectoria desde sí mismo.

3.      La libertad no excluye la necesidad. Pero en la medida que puedo prescindir de mayor cantidad de cosas, se puede decir que soy más libre. Se tiene que establecer en forma paulatina una selección de aquello que realmente es necesario. El desorden afectivo me puede llevar a rodearme de cosas, que me hacen muy habilidoso en el uso, pero en el fondo me crean una dependencia que me encamina hacia la asfixia y la pérdida de la mirada de aquello que sí es esencial. El uso de la tecnología es un ejemplo de esta situación. Cuando me ayuda a tener más tiempo para estar conmigo mismo y los otros, se puede decir que soy libre en su utilización. Pero si me aísla, haciéndome perder tiempo, llenando la imaginación de sensaciones que me hacen perder la paz interior y en cierto modo me enfrentan a los demás…entonces se puede decir que me esclaviza.

4.      En la libertad se tiene que dar cierta indiferencia. A menudo se me presentan múltiples alternativas, aparentemente buenas, pero que suponen caminos diferentes. No puedo quedarme instalado en la indecisión. Se necesita elegir. Tengo necesidad te seleccionar algunos criterios que me ayuden a mejor decidir. El criterio de la trascendencia es fundamental. Tengo que saber discernir según las consecuencias que va a tener mi decisión a largo plazo para mí mismo y para los demás. El discernimiento me tiene que dar cierta certeza en la elección.

5.      La determinación por aquello que veo como bueno no se puede postergar indefinidamente. En el momento justo necesito empezar a caminar en la dirección elegida. El estancamiento es una forma de falta de libertad por el deterioro de la voluntad o la inseguridad. El miedo al fracaso no puede paralizarme.

6.       En la medida que me conozco y me acepto tal como soy, sabré el camino que puedo seguir. La falta de aceptación personal me bloquea totalmente, ya que no confío en mi mismo. La libertad de quererse tal como soy, con cualidades y defectos, es básica para poder desenvolverse en la vida. No me limitan los condicionamientos externos, es la falta de una mirada acertada y compasiva de sí mismo.

7.      La práctica de la libertad me va mostrando que soy capaz de realizaciones positivas. La conquista de metas arduas dando pasos cortos me demuestra que todo es posible. Cuando tengo “un para qué” siempre voy a “encontrar un cómo”. Por eso necesito ilusionarme por algo grande, para empezar a caminar hacia lo importante.

8.      El miedo al esfuerzo hay que superarlo con la constancia en la mirada del fin. La meta siempre debe estar presente. Pero también hay que entender que los pasos para alcanzarla se dan en forma paulatina. La conquista se realiza en los pequeños detalles. Un paso dado en forma positiva posibilita el siguiente. El aprender a gozarse de los pequeños logros o de las metas parciales, siempre refuerza la motivación y empuja la voluntad hacia delante.

9.      La libertad es la práctica de la alegría. Pues en cierto modo anticipa el disfrute de todo lo que queremos alcanzar.  La libertad se siente amenazada por los aparentes fracasos, cuando no sale como lo había pensado. Pero en este caso hay que aprender a mirar los aspectos positivos que se han producido en esta situación que no había planeado, a pesar de todos mis cuidados. En la medida que busco el bien, siempre estaré en libertad. Sólo se desvanece cuando renunciamos a la conquista de la bondad y la verdad.

10.  La libertad es una búsqueda permanente. No puedo decir: “he llegado”. Es dinámica y siempre debe seguir creciendo en círculos concéntricos, abarcando cada vez más en amplitud y en profundidad. Este crecimiento es lo que me da la madurez y me permite gozar de las “cosas de siempre” pero de una forma nueva.
 

Hno Javier Lázaro


 

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