La humildad optimiza
las relaciones interpersonales


 


La humildad es camino del encuentro con  los otros. Las personas que decimos que queremos, las hacemos más cercanas en la medida que están presentes en nuestros proyectos.  Así, aprendemos a pedir su opinión, sabemos esperar las respuestas, entramos en comunión con quienes están a nuestro lado.

En la medida que  nos creemos omnipotentes, excluimos a los demás, pues la autosuficiencia nos impide ver los valores que pueden aportarnos. La humildad nos da el coraje para confrontar el pensamiento personal con el que piensa distinto, sin tener miedo, en caso de que lo percibamos como necesario, modificamos la conducta personal.

La humildad nos permite descubrir los valores que tenemos y disponerlos para servir a los demás. El camino de la humildad es el mismo que el del amor, el servicio. De esta forma, lo que poseemos, está en función de los hermanos. Celebramos con alegría los dones recibidos, pues los sabemos salidos de las manos de Dios y para el bien de todos.  Las relaciones interpersonales se ven reforzadas pues:

1.      Con la humildad podemos confiar y esperar en el otro. En la espera paciente de las posibilidades de los otros, damos el espacio y el tiempo para que todos puedan desplegar sus capacidades. La humildad se hace  confianza para dar el tiempo y  la  fuerza de obrar a quienes están cerca, pero que con frecuencia se ven avasallados por nuestra charlatanería, ya que podemos llegar a abusar de nuestra facilidad de palabra o del rol social que ocupamos.

2.      La humildad se hace escucha atenta, respetuosa de los sentimientos de los otros. Evita los apresuramientos para juzgar o encasillar al interlocutor en los esquemas personas. Se hace capaz de empatía, para aprender a sufrir o alegrarse con el otro. Desde su corazón acepta las diferencias que percibe como posibilidades de complementariedad y formas diferentes de entender la realidad. Se entienden las opiniones de los otros, respetando su historia y las circunstancias de la vida.

3.      Con la humildad nos hacemos cercanos, para quien sufre la incomprensión del grupo, la soledad de los comentarios desafortunados. Nos permite separar y valorar con afecto los hechos y las personas. El silencio de la humildad se hace respeto, aprecio, comprensión, animación y fortaleza para transmitir con sencillez la corrección fraterna si se hiciese necesaria.

4.      La mansedumbre y la humildad se encuentran. Expresamos la humildad en la dulzura y la delicadeza en el trato que tenemos con nuestros semejantes. La mansedumbre nos abre a la humildad y nos habla de la delicadeza que necesitamos para descubrir la bondad que siempre existe en las personas que nos rodean. Son virtudes que en cierto modo nos permiten practicar la caridad, nos llenan de paz interior y de alegría. Crean el ambiente que hace que todos se sientan cómodos con nuestra presencia. Se cultivan cuidando la forma de expresarnos, tanto verbalmente como gestualmente.

5.      La humildad viste a la razón de afecto. Las relaciones humanas se hacen insostenibles con personas que siempre creen tener la razón. La soberbia ha embotado  su corazón y no se hace accesible ni para los seres queridos. El remedio viene por reconocer la importancia de las personas y empezar a servirlas con sencillez y amabilidad. Quien sirve aprende a descubrirse, a sentirse reflejado en las necesidades de los demás. 

6.      La humildad nos ayuda a superar las frustraciones. Aceptar que no tenemos la comunicación que nos gustaría establecer, resignarnos porque no puedan entender nuestra forma de pensar, reconocer que somos diferentes. Es tarea nuestra aprender a alegrarnos por la diversidad o por el uso de la libertad que tienen como personas.

7.      En el camino de la humildad aprendemos a dar preeminencia a la amistad.  Cuando se interpone en una relación la necesidad del ahorro del tiempo o del éxito inmediato, se puede producir un atropello de la persona. Es necesario evaluar como más positivo el poder caminar juntos, saber respetar las formas de ver de cada uno. La amistad (no entiende de prisas), sólo quiere que el tiempo se prolongue para disfrutar de la presencia y profundizar los lazos que nos unen.

8.      La humildad se convierte en renuncia para que el amigo viva. En la entrega para el bien del otro, siempre se hace necesaria cierta oblación de uno mismo. Aprender a sacrificar intereses y bienes positivos. Es la mirada de benevolencia por el amigo y la postergación de los intereses personales lo que nos permite estar en el centro del otro para hacerle sentir  que lo queremos.

9.      La humildad está abierta al  perdón cuando se ha deteriorado la relación. Sabe superar los resentimientos o las heridas que quedan después de las diferencias personales. Busca en todo momento el encuentro y los puntos que nos unen. Trata de no alimentar los pensamientos contrarios a la persona. Se abre a la posibilidad  de olvidar los puntos de vista personales.

10.  La humildad se hace agradecimiento y alabanza a la vida, pues se nos hace fácil reconocer que estamos embellecidos con la bondad de Dios. Él nos ha hecho a su imagen y semejanza. Nos da ha dado la vida y cada día nos la sostiene con su amor. Cuando tenemos la virtud de la humildad todo lo que nos rodea lo podemos ver como una bendición. Las personas que nos rodean son un regalo que está en nuestro camino, nos sentimos deudores por su presencia.

La humildad además de ser el valor que se opone a la soberbia, hace de sustrato para todas las virtudes. Podríamos decir que no se da ninguna virtud sin trabajar la humildad. Por esto, estamos seguros que tiene que formar parte de la definición de nuestro proyecto de vida. La conquistamos con pequeños detalles diarios, pero que a la vez contribuyen a la felicidad de las personas que amamos.

La humildad nos enriquece como personas, proporcionándonos: la llegada a todos, un conocimiento profundo de nosotros mismos, la capacidad de amar sin restricciones,  la fortaleza para pedir ayuda, la confianza en nosotros mismos y la alegría. Nos acerca a Dios, que se hizo humilde para regalarnos su amor.

 

                                                                                                    Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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