La paciencia: alegría de saber esperar el bien





Todos podemos tener la alegría que está en el interior silencioso del corazón. La historia de los hombres está llena de luchas para encontrar la felicidad. Pero ésta no se deja agarrar fácilmente. En el momento mismo que el hombre cree haberla conquistado, ve su término; la ve morir entre sus manos y ya sueña con poseer otra. La alegría es la actualización permanente de nuestra vida. Es la capacidad de darse constantemente y sin medida; sólo en la medida que damos nuestro tiempo y nuestras cualidades,  vivimos intensamente la vida, la recreamos, la plenificamos y ensanchamos nuestro espíritu de felicidad. La alegría es un bien deseado y muy buscado; es la salsa de la vida.

Esta fugacidad de la alegría y la necesidad de actualización para que la vida del hombre tenga sentido necesita de la fortaleza y en particular de la paciencia  ya que:

  1. Decimos que la paciencia es necesaria para la adquisición de todas las virtudes. En el ambiente de alegría crecen todas las virtudes: solidaridad,  respeto, trabajo, etc. Todas las virtudes son complementarias, en la medida que crecemos en una, se van consolidando  las demás. Tenemos que tener la paciencia para que se vayan entretejiendo en forma orgánica. Trabajar parcialmente un aspecto, es perder el tiempo. En la vida concreta del ama de casa lo podemos observar: puede ser la mejor repostera, pero a su vez tiene que tener la casa ordenada y ser acogedora con cada una de las personas. En caso contrario, por muy exquisita que sean las tortas que elabora, nunca tendrá un gracias sincero; pues las personas pasaran por la casa como simples consumidores; además de la comida necesitamos un ambiente agradable, un tiempo de escucha, un interesarse por los otros, etc.; sólo entonces la torta más simple tendrá el sabor más agradable. La paciencia se tiene que hacer presente en todas las dimensiones de nuestra vida y con un espíritu de alegría.
  2. La persona paciente, no significa que está anquilosada en el pasado de las tradiciones. Pero sabe vincular el pasado y el proyecto de futuro. La tradición al ser compartida crea unidad individual y social. La paciencia trata de entender el pasado para comprender el presente. Quien no tiene paciencia para explicar el pasado, avanza sólo y sin rumbo, se produce una perdida de sentido de la vida. La identidad personal está enmarcada en la biografía personal y en el contexto social que tenemos que asumir y a partir de ahí lanzarnos construyendo el futuro. En el balance  que hacemos de nuestra historia  personal puede haber cosas que nos duelan que tenemos que aprender  a curar con la reconciliación. Pero seguro que también hay alegrías que no nos hemos detenido a agradecer y a revivir. El afán de la actividad frenética nos impide ver. Necesitamos la paciencia para pasar por el corazón (recordar) a las personas que han incidido positivamente en nuestra vidas y de las que nos legan formas de ser positivas. Nos puede servir como ejemplo, lo significativas que eran las relecturas  de las cartas de los novios cuando estaban físicamente lejos (cuando no existían los celulares). Imposible comparar la grandeza de aquel amor con el pequeño de una carta; pero en aquel momento lo uno era lo mismo que lo otro…
  3. La paciencia siempre está en la búsqueda de una solución o una alternativa  a la problemática planteada, es decir tiene en vista la solución del problema aunque el final se haga esperar. El abandono de una tarea habla de una falta de creatividad, de cierta carencia de voluntad,  de no tener  rigor  en la previsión, de una carencia para vislumbrar soluciones o el bien que conlleva la finalización de la tarea propuesta. La confianza de que tenemos una solución siempre enciende la alegría y ésta enciende nuevas posibilidades. Todos hemos experimentado lo que nos ayuda el optimismo en la vida.
  4. La paciencia que se necesita para mantener las relaciones interpersonales se tiene que traducir en capacidad para disminuir las distancias en vista de crear lazos de empatía. La indiferencia además de ignorar a las personas y suponerlas inexistentes, hace que en cierto modo nos sintamos culpables de la muerte de los otros. Hay necesidad de que sintamos  que cada persona con sus diferencias es un don para cada uno de nosotros. Los otros son un regalo que tenemos que saber celebrar con alegría. Nuestro corazón sólo se siente comprendido en la medida que puede valorar a todos los otros corazones. Ante las diferencias la paciencia se hace perdón y olvido de sí mismo, entonces podemos entrar en sintonía con los otros.
  5. La paciencia nos trae  paz, sosiego, calma y la alegría de haber hecho lo que estaba a nuestro alcance. Disfrutar de cada momento, es vivir sin prisas para ver el origen de los problemas, pero también los regalos que recibimos cada día. ¿Cuántos días de nuestra vida que  pasan desapercibidos? Todos los días tienen infinidad de cosas  para alegrarse y agradecer. Pero quedan ahí olvidadas y perdidas  por las prisas y la falta de reflexión. El barrendero que empieza a barrer una calle paso a paso, sin  prisa ni  pausa, sabe lo que es llegar al  final con las cosas bien hechas. La lectura reposada de cada una de las páginas de un libro, hace que al final estemos encariñados con cada uno de los personajes, incluso que nosotros formemos parte del libro. El estudio formal para rendir simplemente un examen y pasar alguna instancia, hace que la lectura se haga con cierta dificultad y olvidemos a las pocas horas lo que hemos estudiado.  La paciencia nos obliga a revisar cuál es la actitud  personal ante cualquier actividad.  Las cosas hechas con una buena predisposición nos exigen menos esfuerzo y nos reportan la alegría de hacer las cosas bien.
  6. La persona paciente sabe adherirse a una escala ordenada de valores para poder mantenerse alegre en sus convicciones. (habla de cierta perseverancia).  La tendencia nihilista nos lleva a la falta de respuesta a la pregunta ¿Para qué? Nos lleva a la falta de sentido ¿Para qué esforzarse, para qué trabajar, para qué ser honesto, para qué vivir? Todos los logros del pasado se vuelven precarios, de fatigas  y atisban un futuro lleno de interrogantes. Necesitamos un sentido global para que cada opción concreta esté en línea con el proyecto personal. Siempre nos da  alegría el saber por dónde tenemos que ir, por muy tortuoso que sea el camino. Por tanto la primera tarea es jerarquizar nuestros valores para hacer opciones acertadas y con la alegría de ir por el buen camino.
  7. La paciencia sabe pasar de los deseos a la realidad.  No se queda en un simple idealismo. Cuando algo se desea mucho, el deseo es tan poderoso que termina siendo más importante el mismo hecho de desear que el de conseguir la cosa deseada. Entre desear una cosa y conseguirla hay un intermedio que hay que superarlo.  Sentimos cierta nostalgia y tristeza cuando ha pasado el tiempo y no hemos conseguido lo que alguna vez habíamos pensado, pero que nunca hemos materializado con hechos concretos  para conseguirlo. Los deseos son positivos cuando nos llevan a acciones concretas. 

La paciencia sabe prolongar los momentos de alegría haciéndolos más  gozosos, teniendo siempre motivos para la esperanza

 

                                                                                                    Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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