La pureza de corazón nos da acceso a la alegría
(Abril 2011)

 


La pureza de corazón nos da acceso a la alegría

Al hablar de la pureza, estamos profundizando el  valor del orden y descubriendo la riqueza interior de  la persona. Esto es importante, pues sabemos que para ser felices tenemos que  educar desde adentro, hasta llegar al corazón.

La sociedad de consumo exalta lo contrario, el descontrol  exterior e interior. Pero ya hemos podido experimentar o ver que  finalmente  nos conducen a diversas formas de degradación, tristeza y muerte.

La pureza crea el ámbito donde es posible decidir libremente. Para establecer ese clima de  luminosidad y de soltura de la voluntad, aprendemos a rechazar todo aquello que nos somete como personas, liberándonos dela ceguera del vicio y la torpeza del desorden.

La pureza facilita el nacimiento de un espíritu firme, capaz de rechazar las propuestas fáciles, pero vacías de interioridad y engañosas. Es el cuidado del corazón el que fortalece nuestro ánimo para encaminarnos hacia la autenticidad y nos da una mirada capaz de percibir la riqueza de nosotros mismos y de los demás.

Al considerar la pureza de corazón, nos estamos refiriendo a la salud psíquica y espiritual, que necesitamos cultivar para poder ser felices. Por eso las personas que queremos vivir la pureza necesitamos el cultivo de:

1.     Un corazón equilibrado emocionalmente, que pueda establecer relaciones auténticas con los otros. Se hace necesario la apertura paracomunicarnos, dejándonos amar y entregándonos gratuitamente, sin esperar nada. Esto nos da acceso a gozar de la dicha interior que nos permite estar bien interiormente.

  1. 2.     Darnos  sin  perdernos o diluirnos en los otros.  Es el paso que debemos transitar para adquirir una identidad que nadie nos puede quitar, que nos permite  aceptamos tal como somos y por tanto, podemos cohesionar los diversos aspectos de nuestra personalidad.  Este proceso es posible cuando vivimos nuestra llamada vocacional universal hacia la verdad y el bien. Por tanto tenemos un cuidado permanente para conocernos y saber siempre  hacia dónde caminamos.

3.     La apertura hacia la belleza de todo con lo que nos rodea.  Cultivando la sensibilidad hacia lo bueno que está a nuestro alcance, que nos permite alegrarnos de  las cosas con agradecimiento, por la sintonía que se da entre lo que buscamos y vemos, entre  lo que anhelamos  y percibimos. La pureza habilita el sentido interior para captar lo bello de nosotros mismos y de alrededor. El desorden se quiere apropiar de todo pero no puede entrar en sintonía con lo verdadero,  sólo vive el límite de lo superficial y efímero.

4.     La pureza de corazón como parte constitutiva del carácter, ya que hay una ejercitación de la voluntad, que a su vez aumenta la autoestima y el autogobierno. Los pequeños logros que vamos alcanzando nos van haciendo sentir que merece la pena el esfuerzo y además nos impulsan a seguir adelante. De esta forma nos percibimos como conquista  de nosotros mismos y tarea continuada. Es trabajo de toda la vida profundizar esta conciencia de que  tenemos un tesoro inmenso que lo vamos descubriendo paulatinamente, para vivirlo en cada momento. La persona en su interior tiene posibilidades ilimitadas que tiene que cultivar siempre.

5.     La unidad entre la conducta exterior y la interior. Esto requiere que haya una armonía entre el pensamiento y la acción.Sólo es posible cuando sabemos discernir, ordenar, focalizar adecuadamente nuestra mente y corazón. Se hace preciso tener encendido el fuego de nuestroideal hacia el fin, para  no quedar atrapados en sutilezas del momento que nos hacen perder la orientación.

6.     Hacer una opción radical para amar.  No es una elección que se haga porque a uno se le ocurre. En lo más profundo de nuestro ser se descubre una fuerte motivación y atracción para entregarse a lo sublime e importante. Es trágico encerrarse en sí mismo, pues se caería en el egoísmo y estaríamos viviendo con un corazón empobrecido, que fácilmente se puede pervertirnarcisistamente. El corazón está constitutivamente hecho para darse. En la medida que se cierra sobre sí mismo se desvirtúa  su misma naturaleza.

7.     Profundizar la dignidad del corazón, para  vivir la sexualidad en plenitud desde la dimensión de la afectividad. Todo lo que realizamos hacia afuera, previamente se ha incubado en el interior. Es la pureza, la que nos encamina a vivir una espiritualidad donde se hacen consciente los movimientos interiores, se descubren las aspiraciones más profundas de la persona y el  llamado hondo hacia la felicidad. Cuando no tenemos vida en el espíritu, sólo nos dejamos llevar por los instintos, lo fácil, aquello que nos hace alguna llamada externa; de esta forma pasamos a ser esclavos, pues otros son quienes nos imponen despóticamente lo que debemos hacer.

8.     La experiencia de sentirse impulsado hacia lo grande, nos ayuda a jerarquizar los valores y a supeditar las apetencias instintivas, para encauzarlas hacia la dimensión del espíritu.  Es así que las tendencias sensitivas se ordenan en un proyecto donde prevalezca el compromiso. Sólo cuando hemos crecido en el espíritu en la justa medida, nos podemos determinar por un amor ilimitado, podemos ser fecundos y quedamos dispuestos a acoger la vida del otro, haciéndonos cargo del que es diferente, sin poseerlo, dominarlo o manipularlo.El amor puro se fija en buscar el bien del otro. Este criterio nos libera del subjetivismo, el individualismo y el egoísmo.A su vez se armoniza la dimensión humana y espiritual.

9.     El amor puro, se centra en la realización de la persona hasta el máximo de sus posibilidades, para llegar a la plenitud.  Cuando se parte de la idea de lograr lo que me gusta en forma inmediata, sin importar el camino (se ignora el valor infinito de la persona), se atrofia el sentido de la autenticidad y se entra en la provisionalidad, en la instrumentación, de vivir el momento, en la imposibilidad de aspirar a la alegría en forma permanente. Buscar la excelencia en forma continua nos dignifica (aunque no siempre la alcancemos) y es una forma de rechazo de lo burdo. 

10. Adueñarse  de sí mismo, para vivir la libertad de poseerse para darse, ser alegres y hacer felices a los demás.  Esto requiere respeto, valoración, escucha, conocimiento y admiración por el misterio que encierra cada persona. Es así que se evitan todos los juicios de nuestra imaginación, para poder seguir apreciando y valorando el llamado que cada persona tiene hacia lo infinito. Requiere que se pongan  los medios para seguir aspirando a lo más grande del espíritu; renunciando a todo  placer inmediato sin compromiso, ni entrega sincera. En cada encuentro interpersonal se tiene que estar dispuesto a dar todo para siempre. 

Un corazónlimpio está unificado y es capaz de ir al encuentro del otro para vivir la fraternidad. La pureza de corazón es un don de lo alto, pero también es una tarea personal, que nos permite  ver al hermano y a Dios. Es preciso vivir la pureza de corazón como un regalo y una capacidad extraordinaria para realizarse en las posibilidades infinitas que tenemos como personas.

 

                                                                                   Hno. Javier Lázaro

 

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