La responsabilidad 
expresión de nuestra libertad


Veníamos hablando del valor de la confianza, pero nuestra experiencia nos dice que sólo confiamos en las personas responsables. Quien nos falla en forma sistemática nos infunde desconfianza o  alejamiento. El valor de la responsabilidad nos habla de una persona  equilibrada y madura. Para llegar a ello hay que tener en cuenta:

  1. La responsabilidad  supone responder (obedecer) a  alguien superior, que primero hay que aprender a escuchar. Esto implica que tenemos una dependencia de alguien y a quien tenemos que responder, que pude ser nuestra conciencia, nuestra familia,  la sociedad, Dios, etc. El peligro actual es pretender una autonomía total para darnos nuestras propias normas y además cambiarlas cuando nos conviene. Podemos poner reglas en nuestra casa, pero es necesario que después en forma asidua revisemos si las estamos cumpliendo todos. Nuestros buenos propósitos deben convertirse en actos concretos. 
  2. La responsabilidad supone ejercer nuestra libertad de acuerdo a unas normas que nos conduzcan a la plenitud como personas, a la felicidad. Nuestra libertad es real y positiva cuando podemos asumir nuestras obligaciones con alegría, aunque siempre suponga un esfuerzo. La cultura del facilismo o del capricho, del “me gusta” o del “no tengo ganas”, simplemente me  conduce a la esclavitud. Las normas me limitan, pero son las que me dan la seguridad de poder ser libre para hacer el bien y buscar la verdad, pilares fundamentales de mi felicidad. 
  3. Para poder responder hay que saber poner las prioridades. Dadas nuestras limitaciones, no podemos estar en todo, hay que aprender a jerarquizar y a actuar en consecuencia. El desorden en nuestras cosas materiales o de nuestros tiempos contribuyen a nuestra irresponsabilidad. Una forma de cultivar la responsabilidad en nuestros hijos o alumnos es indicarles la necesidad de tener ordenada la mochila, la habitación, los juegos, etc.,  respetando los horarios de descanso o de las comidas. 
  4. Prestar oídos a lo importante es un primer paso para poder responder.  Para ello tenemos que distanciarnos de tanta superficialidad que nos ahoga y perturba nuestros ideales más profundos. Son expresiones de nuestra libertad y madurez el saber huir de la cultura hedonista para entrar en nuestra interioridad; sólo entonces encontraremos nuestra identidad, que es lo que nos identifica como personas.  La identidad nos obliga  a tener memoria de lo que somos y a qué hemos sido llamados. Los niños y jóvenes sufren la imposibilidad de escuchar por la cantidad de estímulos a los que están sometidos en la sociedad actual, como pueden ser: la televisión, Internet, el teléfono, la variedad de juegos electrónicos, etc. Necesitamos cultivar el diálogo sin prisas, la escucha sin reproches y  el silencio hecho oración. 
  5. La responsabilidad implica esfuerzo que tiene consecuencias positivas, pues nos da la posibilidad de unificar nuestras vidas. Desde la unidad podemos percibirnos en forma global y ejercer nuestra libertad. Hoy nos hemos diversificados en infinidad de actividades que llenan nuestro tiempo, pero que en muchas ocasiones no tienen un nexo de unión. Entonces somos personas divididas. Tenemos necesidad de buscar las motivaciones por las que hacemos las cosas, entonces está la posibilidad de encontrar un sentido a nuestra vida y los esfuerzos serán  más fáciles por tener un para qué. En la vida práctica lo podemos evaluar simplemente fijándonos en cuál es la actitud con la que hacemos las cosas y tratando de rectificarla cuantas veces sea necesario.
      
  6. Crecer en responsabilidad supone valorar la dignidad personal de quienes nos rodean, de los que están cerca.  En la medida que tratamos  de manipular a los otros los estamos rebajando al nivel de las  cosas. Respetar la dignidad de la persona supone:  no hacer  categorías por los que tienen  o lo que hacen; es capacidad de descubrir todo lo que pueden llegar a ser con nuestra ayuda; es tomar a cada uno como un fin en sí mismo. En la medida que vivo el valor de cada persona me puedo comprometer y además me siento obligado a responder con aquello que necesita de mí para ser feliz. El valor de la dignidad lo puedo analizar en el seno de mis relaciones más íntimas y tratando de evitar todas las palabras insultantes, los gestos despectivos, respetando el turno para hablar de todos, aprendiendo a pedir perdón, sabiendo perdonar y olvidar. Son actitudes que restituyen la dignidad de las personas.
  7. La responsabilidad suponer ser coherente en todos los detalles.  Necesitamos cultivar la sensibilidad por la bondad de las cosas. No es la cantidad de veces que deliberadamente hacemos el bien la que nos hace mejores personas, es la actitud de buscar siempre lo bueno; no permitirnos concesiones por un pensamiento ligero y decir: “por esta vez”; “total nadie me ve”; “qué va a pasar”. Son ideas que nos hacen perder la sensibilidad de la mirada y poco a poco todo nos resbalará. Hay situaciones comprensibles que se dan por debilidad o ignorancia.
  8. La responsabilidad llega más lejos de lo establecido jurídicamente  o lo expresamente pedido, llega hasta donde es necesario aprendiendo a juzgar cada situación y usando el sentido común. Los padres lo saben bien en lo que hace al cuidado de los niños: no saben de horarios y su disponibilidad es total. De lo que se trata  es de llegar a entender que la obra bien hecha necesita entrega total y compromiso. 
  9. La responsabilidad se plasma sobre todo en la relación con las personas. Las cosas no nos exigen el mismo tipo de respuesta. Algunas veces nos sentimos tentados de apartarnos de los demás para no crearnos problemas, pero es en la respuesta que doy al otro con mi vida donde estoy poniendo en juego todas mis potencialidades. Esto tiene exigencias concretas como: establecer tiempos de diálogo con las personas que me rodean, buscar soluciones acordes a las necesidades  de nuestros alumnos o hijos, formarnos como padres o profesionalmente en vistas a los cambios que las personas van haciendo. 
  10.  La responsabilidad exige asumir las consecuencias de nuestras acciones, evitando los sentimientos de culpa que nos inmovilizan y aprendiendo a celebrando nuestros éxitos. En caso de error reparar en la medida de lo posible y tomar las previsiones para que no vuelva a pasar. La responsabilidad no la podemos ver como un peso que nos oprime, es la posibilidad de exigirnos a nosotros mismos para superarnos y servir a los demás. 


                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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