La sobriedad genera la Libertad
(Octubre 2011)


La virtud de la sobriedad nos descubre la riqueza interior,  contribuye a la autenticidad de las relaciones interpersonales y nos abre a la perspectiva de lo infinito. El gran tesoro que es la persona sólo se puede vivir plenamente cuando nada nos distrae, ni dispersa. Los bienes que nos rodean deben estar a nuestro servicio, en vistas a vivir más intensamente la riqueza que encierra el corazón humano. Esta virtud se desprende de la templanza, que busca protegernos del desorden interno y externo.

El proyecto depersona, ser llamado a la felicidad, se puede desvirtuar sofocado y agobiado por el apego desordenado a aquello que tiene que aprender a administrar y supeditar a su dignidad, orientada a alcanzar la plenitud. Vivimos insertos en un mundo donde en forma permanente necesitamos responder reflexivamente, para imponer nuestro criterio sobre el uso de las cosas y la administración del tiempo. La sobriedad nos abre a infinidad de dimensiones:

  1. 1.     La persona puede vivir en profundidad su interioridad, cuando su mirada  está orientada hacia lo esencial,  a aquello que tiene una dimensión espiritual, su pensamiento se hace consistente, perdurable hasta loeterno y  conduce a establecer vínculos de corazón a corazón. Pero para lograr esta perspectiva se necesita supeditar lo material al bien más absoluto. En la medida que hacemos depender nuestra alegría de las cosas materiales, ya sólo nos movemos en el plano de lo efímero y nos incapacitamos para gozar en lo íntimo del corazón, porque nos llenaremos de objetos, que impiden el acceso a nosotros mismos. La interioridad se desarrolla cuando nos habitamos y hace referencia a lo más personal que nos da identidad.

  2. 2.     La sobriedad nos ayuda a vivir la comunión con los otros. Las relaciones auténticas de amistad y de fraternidad están fundadas en una comunicación de sentimientos llenos de afecto y aceptación incondicional. Es así que las personas se descubren valiosas, queridas, dispuestas a dejarse habitar por los otros, estableciendo un vínculo, que sólo está fundado  en la estima mutua. Las relaciones humanas se prostituyen cuando buscamos a los demás por la ventaja económica, la posición social que queremos lograr, la búsqueda del placer, etc. La renuncia explícita a estas pretensiones nos ayuda a liberarnos de esta apetencia que en forma consciente e inconsciente está presente en todos. Sólo entonces podemos establecer vínculos llenos de fidelidad y gratuidad.

  3. 3.     La sobriedad ayuda a aceptarnos. El hecho de vivir desprendidos de todo lo externo, permite descubrirnos tal como somos, sin hacer depender la autoestima de lo que tenemos, lo que vestimos o lo que hacemos. La belleza interior queda empañada cuando necesitamos rodearnos de artilugios  y hacemos depender el aprecio personal de lo que los demás admiran que nos rodea: dinero, honor, títulos, posición social, bienes de consumo, etc. Es  la infinita riqueza de nuestro corazón, con su capacidad de amar a los demás lo que nos embellece. Cuando nos entregamos en servicio a los demás nos hacemos valiosos, sin esperar por eso que nos aplaudan o agradezcan.

  4. 4.     La sobriedad nos hace dueños de nuestro corazón. Cuando lo que es un medio se ha convertido en un fin, quedamos esclavos y encadenados a lo que usamos. La tecnología es buena y necesaria para lograr cierta eficiencia, pero que nunca nos haga perder el primer objetivo,“ser persona”: con capacidad de dar y recibir amor. Cuando la preocupación y la dependencia en el uso de las cosas, nos saca tiempo para estar con nosotros mismos, nos impiden relacionarnos de tú a tú, nos restaespacio para el descanso, nos hacemos diferenciar por lo que tenemos,… es que algo se ha pervertido en nuestra voluntad y hemos perdido la capacidad de buscar y gustar el auténtico bien, el que nos hace felices. Necesitamos liberarnos de todo  aquello que supone una atadura a la hora de tomar decisiones. Liberar el corazón es orientarlo hacia la verdad, rechazando lo que es apariencia, aceptando que tenemos limitaciones, prescindiendo de lo superfluo, dejándonos querer y agradeciendo que los otros piensen o sientan diferente.

  5. 5.     La sobriedad nos abre a la generosidad, haciendo que las cosas y el tiempo los orientemos hacia el servicio de los demás. La envidia y la avaricia, nos impiden ver y ayudar a los otros. La sobriedad nos entrena, nos dispone y prepara para servir a quienes nos rodean. Si nos centramos en las cosas, por pequeñas que sean, dejamos de ver lo importante y relativizamos a las personas, endureciendo el corazón. Si vivimos desprendidamente de todo, es cuando descubrimos que la gran posibilidad que tenemos es servir de corazón. Es entonces cuando damos sin gastarnos y en la medida que entregamos todo, nos hacemos más ricos interiormente. Por supuesto que para hacer el bien también se necesitan recursos materiales y que no tendremos ningún miedo de usarlos, dejando siempre en claro que  somos nosotros quienes tomamos las decisiones con libertad interior y no como consecuencia de alguna compulsión adictiva.

  6. 6.     Se aprende a vivir contento con lo que se tiene. Si estamos muy pendientes de lo que nos falta, nos olvidaremos de agradecer y de alegrarnos por lo que tenemos. Cuando buscamos ser más que los demás, viviremos la tristeza, la guerra interior, que no nos permite vivir la amistad. Si podemos prescindir de las cosas, sin atentar contra la salud, ya estamos viviendo la libertad frente a nosotros mimos, con capacidad de conquistar nuestra voluntad y orientamos nuestras pasiones.  La sobriedad nos prepara para la contrariedad, por tanto facilita la convivencia, donde todos somos diferentes y tenemos intereses diversos. En un espíritu de sobriedad se valora lo que tenemos de común, como punto de partida para convivir juntos en armonía.

  7. 7.     La sobriedad nos abre a la esperanza, nos permite vivir la dificultad del momento con la confianza de que en el tiempo oportuno llegará lo que nos haga falta. El sobrio sigue caminando, tiene la constancia de saber que en el trayecto se generarán nuevos recursos y perspectivas. Sabe esperaren Dios y en los otros. Recuerda el pasado con agradecimiento y va hacia el futuro gozoso. No acumula para no quedar confundido. Sabe prever y organizarse sin angustiarse. Comparte con los que menos tienen, extrayendo de sí lo que de otra manera quedaría atrofiado. Vive en una actitud de confianza, no se desanima ante las caídas, mantiene la mirada fija en la meta que quiere alcanzar.

Hno. Javier Lázaro

 

 


 

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