"La virtud como camino de la unidad"
(Mes de Octubre de 2011, día de la Familia)


La familia es la escuela donde se configura la persona. Las diferencias en la forma de ser  y expresarse de cada uno de los miembros, se convierten en fuente de aprendizaje. El proyecto originario de Dios, asumido por un hombre y una mujer, hacen que tenga continuidad la  belleza, la verdad y  la bondad deseadas por el Creador en el principio, que son constitutivos para la felicidad del ser humano.

El matrimonio  está orientado  a la comunión entre quienes se aman, para generar vida y hacer crecer a las personas que participan directamente en un proyecto único y común. Cada uno se olvida de sí, para entregarse enteramente al bien de los demás. Padres e hijos, con diferentes funciones y responsabilidades, tienen una vocación común, ser felices.  Para esto los esposos tienen que crear un clima donde se viva:

1.      En presencia de Dios. Su corazón está orientado a buscar siempre su voluntad, el designio amoroso, que les hará dichosos, haciéndose disponibles a su llamada que es audible en sus corazones. Todas las expresiones de la comunicación de los sentimientos entre los esposos, tienen que ser manifestación de la experiencia personal del amor de Dios en sus vidas. 

2.      La virtud como capacidad de conquista personal y testimonio para los hijos. La virtud hace fácil todo y da sentido a la cotidianidad. Lo que a primera vista parece arduo, la búsqueda del bien en forma permanente, se convierte en el camino para la convivencia.  Siempre exige empezar de nuevo, con la mejor predisposición interior y teniendo la certeza de que su fruto es la alegría. La virtud  se palpa en el clima que se vive en el hogar y genera confianza, que se compatibiliza con el perdón. El verdadero proyecto de un matrimonio debe estar centrado en las virtudes que se van a ir proponiendo alcanzar, en las diversas etapas y que contribuyan a la fidelidad de su compromiso.

3.      La comunicación de su mundo interior. Aprender a entrar en la propia interioridad, para después poder comunicar  confidencialmente los sentimientos, los deseos y todo lo que sólo puede interpretar otra persona que es cercana por el cariño. Para ello se hace necesario  cultivar el silencio, sabiendo estar bien con uno mismo, alejando de sí los agregados que nos imponen las nuevas tecnologías y reconociendo lo que verdaderamente el corazón necesita.  El conocernos, nos hará más fácil la escucha del otro, haciendo que se sienta querido y contenido en sus emociones.

4.      La oblación, y el olvido de sí. El matrimonio es el camino para darse sin esperar nada. Sólo cuando hay una entrega total, la persona puede alcanzar su libertad plenamente,  posibilitando de este modo el gozo que nadie puede quitar, porque  depende de las cosas externas o los gustos personales.  Este camino se prepara durante toda la vida, aprendiendo a proponerse alcanzar lo bueno, por difícil que sea y renunciando al placer como principio único de las motivaciones.

 

Hno. Javier Lázaro

 


 

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