Las convicciones nos orientan hacia la alegría
Mayo 2007


Necesitamos ideas que nos orienten en nuestra actividad, que nos den un sentido. Las convicciones apuntan en una dirección profunda y a un largo plazo. Las motivaciones hacen referencia a  ideas que nos mueven y nos lanzan hacia delante.

 La situación está planteada desde el momento en que con frecuencia estamos indiferentes o escépticos frente a la vida. Estamos tan condicionados por las sensaciones biológicas y psicológicas, “que aquello que no se da ya”, normalmente nos cuesta encontrar las razones para mover la voluntad y llevarlo a cabo. Vivimos en una sociedad de consumo que nos utiliza a todos como medio para sus fines, nos propone objetivos inmediatos y sin esfuerzo. Pareciera que no necesitamos principios duraderos, que todo es cambiante.

 La base de la creatividad es el conocimiento, asociado a una voluntad que ponga el esfuerzo para comenzar la acción. En cada uno de nosotros hay un resorte de creatividad potencial que espera ser activado. Las ideas luminosas tienen que estar acompañadas con el esfuerzo en todo. Desde esta perspectiva, la creatividad está centrada más en superar la apatía, la acedía, las dialécticas y la falta de voluntad. Padecemos el miedo de que las ideas altruistas nos comprometan  y después nos exijan demasiado de nosotros mismos.

Se ha introducido una idea nueva: la del amor líquido. Podríamos definirlo como esa capacidad de relacionarnos pero sin comprometernos, para después no quedar heridos. La fragilidad de las relaciones humanas lleva  también a lo cambiante de las ideas.

La voluntad debe estar iluminada por la inteligencia con motivaciones y principios. Pareciera que tenemos que resignarnos a no contar con las convicciones, que se engendran sobre todo en la familia.

El mundo de la información es tan amplio que se hace difícil entender la realidad con ideas “fijas”. ¿Cómo se las puede considerar a las convicciones? Estamos hechos a la noticia rápida y que no hemos contrastado.

Nuestro pensamiento es que tenemos que recobrar las convicciones profundas para que la vida cobre sentido plenamente. Aprender a conjugar la vivencia de la familia, la formación intelectual y la experiencia de la vida. Para ello es preciso recuperar el sentido de la singularidad, de la identidad personal. La persona humana no puede confundirse con la especie, cada uno es diferente, hay que tener la capacidad de encontrarse consigo mismo y con el otro en forma única. Las convicciones pueden nacer cuando hay encuentro personal con otro diferente, cuando tengo una confrontación de mis ideas; el pensamiento único anula la comunidad. Ésta se forma desde el momento en que estamos dispuestos a entregar algo al otro, a darnos; en la entrega sostenemos nuestros principios. Cuando  hay capacidad de darse, las convicciones se afianzan por el mismo  ejercicio o la elección constante, no pueden quedar en un plano meramente racional.

No confundamos la conveniencia del momento con el fin de nuestra existencia y el papel que nos corresponde desempeñar en la sociedad. Todo puede parecer que es lo mismo, pero en realidad se pierde la paz  interior y por tanto la alegría. Cuando la gente se esfuerza por vivir según su conciencia, el resultado es la  integridad, la serenidad, la felicidad.

Los educadores (padres y docentes) tenemos que ser personas de convicciones profundas, que nos ayuden a mantener el ánimo a pesar de las dificultades. Las convicciones no se cambian. Una vez que  las hemos internalizado, son guías para movernos en la vida. La falta de convicciones lleva a la falta de perseverancia. El simple hecho de hacer cosas, no es suficiente para mantenerse en empresas de largo plazo, como puede ser el proyecto de ser una persona feliz.

Las convicciones ayudan a: 

1.  La inteligencia para poder decidirse a  pensar y organizar a la persona misma. Como facultad superior y con capacidad de unificar todo el resto del hombre, necesitamos un “para qué”, un  fin en la vida. Esto nos tiene que llevar  a la determinación para la realización de un proyecto, donde entra en juego la voluntad.

2.  Dar mayor significatividad  a las tareas que hacemos. Hay rutinas que realizamos, porque nos las “echan encima” los mismos tiempos y las personas que están a nuestro lado; las ejecutamos  porque están mandadas pero no encontramos que tengan relevancia en nuestra vida. Esto hace que  hayamos perdido el sentido del bien o de lo bello. Nos da igual hacer las cosas bien o mal, mientras no tengan una repercusión social. Precisamos poner algo de nosotros mismos, en nuestro trabajo y en nuestras relaciones, para que cobre sentido.

3.  Crean un clima agradable en la familia, en el grupo o en el trabajo. Pareciera que las personas con convicciones nos contagian sus ganas de vivir. Las personas desmotivadas desactivan toda iniciativa y desalientan con su indiferencia; la persona sin ganas de vivir crea un clima tenso dentro de una comunidad o de la misma familia. Tanto se pegan las buenas ideas como las negativas. Es momento de revisar cuál es nuestro aporte.

4.  Tomar responsabilidades conscientemente. Quien está motivado tiene la fuerza para dar nueva vida a lo que tiene delante de sí, es creativo con la tarea, es capaz de responder por su trabajo, se hace cargo y puede explicar su forma de actuar. Las motivaciones se alimentan de la vocación que todos tenemos. Quien  no se sostiene por  sus convicciones en su vocación trabaja como un asalariado y tiene menos posibilidades de realización personal.

5.  Integra todas las dimensiones de nuestra vida, todo cobra un nuevo aire. Se da cierta fluidez en nuestra vida,  hace que la percibamos más ligera, más alegre.  El desconcierto psicológico producto del no saber para qué y el cómo, puede confundirnos e incluso llevarnos a perder el rumbo de la vida. Las convicciones nos permiten ser diferentes e ir contra corriente.

6.  Que el tránsito de una tarea a otra no sea traumática. Dado que estamos en un mundo en constante cambio. La creciente especialización produce fragmentación. Es necesario saber qué es lo que no puede cambiar en la vida y en nuestras relaciones humanas. Las convicciones nos ayudan a mantener siempre un eje integrador de nuestros pensamiento y de  nuestras actividades profundas.  

7.  Valorarnos, independientemente del reconocimiento externo. Sabemos que socialmente no tendremos un agradecimiento explícito de nuestro trabajo. Somos nosotros los que estamos seguros de lo que hacemos y por qué. Las convicciones nos da la perseverancia y la seguridad del bien que realizamos, sin la necesidad de la aprobación de los otros.

8.  Tener la  sensación de  alegría, que es fuerza para la vida. El estar en el buen camino ya nos da la seguridad y la paz interior. En este sentido, es importante, no traicionar la propia conciencia, el sentido que nos permite percibir el bien.

9.  Dar dirección a  la tarea que realizamos, una inclinación, con una identidad que tenga una persistencia. Es lo que nos  permitirá ser  nosotros mismos, para ello tenemos que fijarnos: valores, creencias y metas.

10. Para un mayor rendimiento en nuestro trabajo (esto en un sentido utilitario). ¿Cuántas más cosas hacemos cuando estamos motivados? De esto saben hoy mucho el mundo empresarial. Es el valor agregado que podemos dar a nuestra propia actividad.  

La primera y principal convicción es que somos amados gratuitamente e incondicionalmente por Dios. Nos quiere con nuestras debilidades y pecados. No nos pregunta por nuestras responsabilidades. Nuestra actuación no condiciona su ser. Él es amor.

 

                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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