Las convicciones se forman en un clima de alegría
(Segunda parte)

Julio 2007


Las motivaciones son  perdurables en el tiempo cuando hay claridad en los objetivos que nos proponemos y sabemos que estamos en el buen camino. Cuando perdemos el control de lo que hacemos se produce una desmotivación. En esto cuentan mucho las personas que están a nuestro lado, que verbalmente nos puedan persuadir de que  lo que hacemos tiene un sentido. Desde esta perspectiva es importante el compromiso  social que asumamos frente a los demás. Nos vamos a detener en algunos aspectos que contribuyen a la formación  de las convicciones:

1. Creemos que la misma acción nos va configurando. Conviene que fijemos bien nuestra atención en nuestras tareas. Que exista unidad entre lo que hacemos y lo que pensamos. Al realizar alguna actividad, ahí se centra todo nuestro pensamiento. Estar presentes con el espíritu en cada cosa, nos da autenticidad y además nos da la alegría de estar unificados.  Se observa a muchas personas que están tratando de conseguir seguridades en las tareas más cambiantes, por el sólo hecho de que nos dan cierta satisfacción rápida, pero no terminan de aquietar su corazón. Nuestra felicidad no está tanto en la cantidad de “experiencias”, sino en la unidad  que consigamos entre el espíritu y la acción.

2. Alejándonos del relativismo y por tanto asumiendo códigos éticos, siempre pensando en positivo. Es preciso cierta docilidad a la norma establecida; lo contrario nos llevaría a un mar de vaivenes e inseguridades. ¿Qué pasa con una planta que todos los días la estamos trasplantando? Nunca se arraiga. La fuerza de una virtud radica en su capacidad de explicar y predecir la conducta. La humildad nos enseña a entender y vivir según unos principios.  Esto no está en contraposición de la libertad. Sólo cuando nos marcamos ciertos límites, podemos elegir. Dejarse llevar por la dictadura de la espontaneidad, del capricho, del mes gusta, etc.,  es una forma de vivir a la deriva, sin rumbo, en el vacío de la existencia. Los principios éticos nos fuerzan a la superación, como quien día a día se va conquistando y dándose la forma del ideal de persona a la que aspiramos.

3. Las convicciones se forman a partir de un profundo conocimiento y aceptación de nosotros mismos. Esto significa que ya estamos en proceso de configurar nuestra personalidad, con todos nuestros principios. Si éstos llegan a nuestra mente, dejémoslos entrar, no restrinjamos zonas de nuestro ser y de nuestro actuar. No hagamos postergaciones a la hora de modificar nuestra forma de ser. Vivir de la seguridad de las convicciones, ayudará a terminar de configurarnos, sin olvidar que es camino de toda la vida. Esta propuesta también nos la hace Wedge,: “Nuestra vida será lo que nuestros pensamientos hagan de ella.” Pero el conocimiento no se puede quedar en ideas utópicas, tienen que estar encarnadas en nosotros mismos y para ello es preciso que haya cierta concatenación entre lo que hacemos y las ideas que pretendemos que sean nuestras guías. Si decimos que son importantes la verdad, lo bueno, lo bello, la solidaridad, etc., no perdamos la oportunidad de expresarlo en cada momento. Seamos sinceros siempre, no nos permitamos medias verdades; hagamos el bien, aunque nos cueste; cuidemos el medio ambiente, aunque nos imponga renuncias personales.  En esta tensión entre lo que pensamos y hacemos se da un conocimiento personal, que nos alienta a no juzgar a nadie y además nos hacemos más compasivos con nosotros mismos.

4. No recrearse en las crisis, en las que todos entramos. Las crisis son posibilidades de crecimiento. Hay necesidad de formar la capacidad de recuperación para llegar a estados de equilibrio. Hoy se ha introducido una palabra, propia de la física “resiliencia”. Alper, nos la define y propone la forma de alcanzarla: “Posibilidad de resurgir de la adversidad, adaptarse y recuperarse y acceder a una vida significativa. Los pilares son: introspección, la habilidad de establecer lazos de amistad, la posibilidad de ponerse a prueba en situaciones que demandan más exigencias que las habituales y salir exitoso; cierta dosis de humor y creatividad, una autoestima consistente y, por sobre todo un sistema de valores que impliquen extender el deseo personal de bienestar a toda la humanidad.” La capacidad de recuperarse depende del arraigo de las convicciones. La experiencia de salir airoso de situaciones complejas, hace que nos aferremos más a lo valioso y lo podamos contar como testimonio válido para los demás.

5. Se precisan horas de soledad. Las motivaciones necesitan que nos esforcemos por encontrarlas y después conservarlas. Se precisa horas de soledad y de reflexión, de confrontación con otros sin miedo a quedar descolocados. Así como hay un disparador de la tristeza, existen otros para la felicidad. Se trata de convertir en objeto de alegría todo lo difícil, también lo que no podemos cambiar. Para ello es imprescindible encontrar las motivaciones que me llevan a la comprensión y a la aceptación de aquello que no puedo modificar. Tiempo de silencio para mirar y para respirar. Dedicar un tiempo específico a reafirmar nuestros pensamientos y nuestras opciones.

6. Sabiendo defender nuestro pensamiento. Esto es posible en el cultivo de la propia espiritualidad, ensamble entre: pensamiento, afectos, empleo del tiempo y capacidad de entrega. La crisis de espiritualidad no es nunca por falta de tiempo, sino un problema de pensamiento. Poseer un perfil de hombre en plenitud, es tener un pensamiento que se puede hacer desde adentro. La sociedad de consumo sólo nos plantea una realidad que se limita a la aspiración de la satisfacción de las necesidades  sensitivas. Usamos máquinas, pero no sabemos su funcionamiento interno, hemos perdido la capacidad de pensar o de seguir procesos complejos. Los íconos de la computadora, nos dan la imagen de la inmediatez; terminamos creyendo que la vida se configura de la misma manera, que queda en lo virtual.  Nuestra existencia real precisa razonar, operar, conocer y querer.

7. Las convicciones tienen que forjarse en un clima de libertad y autonomía interior. No podemos forzar a nadie a que piense de una manera determinada; sí podemos crear un clima adecuado de acogida que se puede expresar por la vivencia de la alegría de aquello que tratamos de proponer. Se hace bien  aquello que se hace con alegría. Sólo son acciones perfectivas las que se realizan en  un marco de felicidad. Y las acciones perfectas son aquellas que acrecientan directamente en nosotros el amor. La elección de lo más positivo en cada momento es determinante en el camino del gozo a largo plazo. El simple hecho de ejercer nuestra libertad, aunque nos cueste, siempre es una ocasión de ser nosotros mismos, de motivación. El ejercicio de la libertad no siempre concuerda con lo más atrayente o de menos esfuerzo, pero si conduce a la plenitud interior, a la alegría.

En la adquisición de las convicciones contamos con unos aliados propios, ya que tenemos naturalmente una curiosidad y unas competencias que las podemos orientar con nuestra capacidad  de autodeterminación; esto tiene que producir la sensación de un autoconcepto positivo y de estima personal.

 

                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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