Jesús nos abre su Corazón

Junio 2012


 

Jesús deja al descubierto su Corazón, manifestándonos su interioridad, para darnos acceso a la vida de Dios. Cuando parece que todo termina, en realidad empieza,  para seguir creciendo indefinidamente y llevarnos al gozo perfecto. La vida nueva se inicia cuando nos abrimos al amor infinito y eterno de Jesús.

El costado abierto de Cristo en la cruz es la fuente de vida, que nunca se acaba y que apaga la sed de plenitud de nuestro corazón. Queremos centrarnos en este misterio de entrega, que resuelve la necesidad de encuentro del corazón humano. Nos vamos a detener en cada una de las palabras que siguen:“Uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua” (Jn 19,34). Este versículo es una síntesis del misterio de la persona y de la misión de Jesús entre los hombres:

1.     Uno.

1.1            Al indicarnos que fue “uno”, nos está seńalando que la relación es de “tú a tú”. Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre. Cuando nos ponemos en actitud de búsqueda, podemos sentir la voz de Dios en nuestro interior, para hablarnos en forma  personal. De una manera constante está recogiendo lo que nos preocupa, para conducirnos suavemente hacia lo que nos hace vivir la paz que necesita el corazón. El encuentro personal es el único que puede responder a las necesidades de la persona. Es así que el acompańamiento individual se convierte en un camino imprescindible de crecimiento. Cuando sabemos que alguien nos escucha nos sentimos contenidos y percibimos la luz en nuestro interior.

 

1.2            Jesús desde la Cruz nos interpela en forma particular. Hay un agente material (el soldado romano) que se aproxima. Pero en realidad, todos y cada uno, nos sentimos empujados a acercarnos, para vivir la certeza de que nos ama. Sin importar de qué condición somos, hemos sido alcanzados por su misericordia, para que sanemos las heridas. Se hace realidad: “Yo soy el Buen Pastor”,  que deja a las noventa y nueve, para buscar a la oveja perdida y cargarla con alegría.

 

1.3            Esta relación de persona a persona es la que ya se vive en la Trinidad, entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Ahora desde la Cruz la hace extensiva a María, a Juan, al soldado y a nosotros, cada vez que dejamos que nos mire, para hacernos participar de su intimidad.  La Cruz es la cátedra desde la que nos llama Jesús a la vocación particular, para realizar la misión de extender el Reino.  Su entrega infunde valor a nuestro compromiso. Su sí, hace que podamos responder con fidelidad en todas las circunstancia.

 

2.     Soldado:

2.1            En el soldado está representada la obediencia de Jesús al Padre. El Todopoderoso se somete al siervo. El soldado obedece a su jefe, se hace dócil a su orden. Es en esta coincidencia, donde Jesús se abaja y la persona es eleva, donde se hace realidad el milagro del encuentro. Así se percibe la necesidad de la obediencia del hombre a su conciencia. Cada uno tenemos la voz interior, donde Dios nos va seńalando el camino, que supera toda inteligencia y que sólo se reconoce por la fe y la humildad. Cuando obedecemos, Dios se pone a nuestro alcance para que lo encontremos.

 

2.2            El soldado, que por su trabajo, ha dejado su libertad en manos de otros, encuentra que cumple la voluntad de Dios al hacer realidad lo anunciado por las escrituras: “no le quebrarán ningún hueso”. Está atento a Jesús, lo contempla, a pesar de su rudeza, con delicadeza, se da cuenta que ha entregado su espíritu al Padre, por tanto sólo certifica su muerte con la delicadeza de un cirujano que descubre todas las gracias que encierra el Corazón de Dios. Es una invitación a fijar la atención en cada persona, para percibir su estado interior, su corazón, sus anhelos y sentimientos. Sólo entonces podemos responder a las necesidades reales de los pobres, de los nińos y jóvenes.

 

2.3            Los soldados romanos no tiene formación religiosa, pero han descubierto en la túnica de Jesús la unidad de la divinidad. La sortean, no la rompen, perciben el bien infinito que tienen delante, pues el mismo jefe proclama: “Verdaderamente es el Hijo de Dios”. En Jesús han sentido la unidad de lo humano y lo divino. Después vigilan el sepulcro y confiesan la resurrección. Aunque son silenciados con el dinero, renunciando a la verdad. Así se alejan de Jesús que nos dice: “Yo soy la Verdad”.La verdad  la podemos descubrir en la presencia de Dios en todo lo que nos rodea. Todo nos habla del cuidado amoroso de Dios por sus criaturas. Para escuchar esta sinfonía necesitamos tener una actitud del desprendimiento de las cosas. Sólo entonces podemos percibir el orden y la belleza de todo lo creado. De la misma manera podemos creer en la resurrección de Jesús cuando nos dejamos guiar por la fe y supeditamos a ella nuestra razón. Los soldados de Cristo perseveramos en su amistad cuando lo ponemos en el centro de nuestra existencia concreta.

3.     Le atravesó

3.1            Jesús muere, pero deja que su Corazón sea visible, para que lo toquemos. Sabe de la búsqueda incansable del hombre. Dios se deja alcanzar y encontrar cuando lo buscamos con sinceridad.  Esta apertura nos permite entrar en el misterio de Dios, que nos muestra su debilidad: el amor infinito que nos tiene. Su pecho abierto deja que entremos para que sintamos el fuego de su amor. Misteriosamente el soldado, con la lanza,nos abre  el camino que nos conduce a la Vida.

 

3.2            Jesús declara: “Yo soy el Camino”. Al ser atravesado nos muestra el principio de todo proyecto personal que nos lleva al gozo. Jesús traspasado nos seńala la Verdad de Dios y del hombre: sólo en la entrega encontramos la realización plena. Con frecuencia  no sabemos lo que hacemos, porque perdemos el sentido de nuestras luchas y sacrificios. Si sabemos perdernos por Cristo, podemos encontrarnos. Al renunciar a nuestros intereses inmediatos, entonces Jesús nos descubre las delias de su amistad. Cuando todo lo ponemos en sus manos, lo hace fecundo para que podamos dar fruto abundante.

 

3.3            El costado abierto de Jesús  nos recuerda la entrega total. Cada vez que miramos al Crucificado sabemos que todos somos abrazados y conducidos a su Corazón, donde podemos llevar a nuestros hermanos para vivir la unidad de la fraternidad. Nosotros también tenemos que atravesar y cambiar nuestra mentalidad, para saber pasar del yo al nosotros. El proyecto lo tenemos que pensar en plural. Al mirar al traspasado sentimos que todas las heridas que nos dividen, quedan sanadas, pues Jesús muere por todos, superando las peleas y envidias que son expresiones de muerte.

4.     La lanza.

4.1            La lanza utensilio para la guerra, se convierte ahora en instrumento de paz. La lanza se ha convertido en un material de conexión  entre el soldado y Jesús. Elemento que nos seńala el camino y lo abre para que nos llegue la vida. Hace realidad el “Yo soy la puerta”, donde podemos entrar y salir, pues nos da la libertad plena. La lanza representa la decisión, la determinación de llegar hasta las últimas consecuencias. Si queremos entrar en la amistad de Dios tenemos que cumplir los mandamientos, que son el camino seguro de la realización de la libertad del hombre. Aunque nos limitan en algunas cosas, siempre nos llevan a buen fin, pues los mandamientos son para ensalzar y enaltecer la dignidad de la persona.

 

4.2            Todos tenemos nuestras debilidades, aunque  intentamos ocultarlas para hacernos fuertes frente a los demás. Llegando más lejos de los que debemos con nuestras palabras herimos, hacemos apreciaciones  que ofenden a los hermanos… Pero todo esto lo podemos cambiar, para que nuestros labios sean el medio para valorar  al prójimo. Renunciar a nuestras lanzas, que algunas veces son los argumentos aparentemente lógicos y coherentes nos ayuda a descubrir el valor infinito de cada persona. No todos tenemos la misma historia, ni las mismas posibilidades. Por tanto, es hora de dejarnos alcanzar por la mirada de quienes se sienten desprotegidos, para que ellos nos descubran la presencia de Dios. La riqueza interior la podemosvivirsi tenemos la voluntad de ayudar desinteresadamente, con amor, que está por encima de cualquier cálculo mezquino.

 

4.3            Aquí se cumple el salmo:“de las lanzas forjarán arados”. Con esta lanza (arado) se abre el surco que acoge el trigo, para que pueda morir y entonces crecer y dar mucho fruto. El elemento punzante  agudo se convierte en el utensilio para descubrir lo valioso de la tierra. En nosotros las dificultades, son la oportunidad para tener la perspectiva positiva, descubrir que estamos necesitados y precisamos dejarnos ayudar. Es la forma de salir de la autosuficiencia y de la soledad, para empezar a experimentar lo que supone sentir la cercanía del hermano.

5.     El costado

5.1            Jesús está sentado a la derecha del Padre. Pero deja el otro costado libre para acogernos, hacernos sentir su cercanía y participar de su gloria, que es la vida íntima de la Trinidad. En su costado es donde sentimos los latidos de su Corazón y desde donde  nos trasmite su afecto. Precisamos acercarnos para sentirnos amados. Esta es la certeza que necesitamos. Su costado abierto es totalmente vulnerable a nuestros deseos. Nos deja la puerta abierta, tenemos la libertad, pero a la vez nos atrae con “lazos de amor”.

 

5.2            El costado traspasado de Jesús es el signo de la búsqueda incansable para encontrarnos. Necesita la determinación de nuestra conversión, para salir a nuestro encuentro y poder llevarnos  junto a su pecho. Juan apoya la cabeza en el costado de Jesús y desde ese momento se llama a sí mismo “el discípulo amado”. Tomás, mete su mano en el costado y ya no puede resistirse y confiesa a Jesús como su“Dios y Seńor”.

 

 

5.3             Del costado de Adán, después de un profundo sueńo, Dios saca a Eva y se la entrega como esposa. Cristo con el sueńo de la muerte hace nacer  de su costado, a su esposa, la Iglesia, que aunque pecadora, la ama,  la embellece y la adorna  con su entrega total. Todos por el bautismo hemos sido injertados en Cristo. Jesús hace realidad: “Yo soy la vid vosotros los sarmientos”.Es así como la Iglesia, nuestra madre, nos alimenta y nos nutre con la gracia de Cristo, a través de los sacramentos y enseńándonos con la Palabra.

6.     Enseguida

6.1            Jesús está ansioso por consumar su entrega. Ha venido a traer el “fuego de su amor” a la tierra y está deseando que esté ardiendo en nuestros corazones. Además el celo por su casa le consume. Ahora se ha convertido en el nuevo templo, la referencia más absoluta donde encontramos a Dios. Es así que Jesús se expresa: “Yo soy la luz del mundo”.  Con su muerte se rasga el velo del templo de Jerusalén, dejando atrás lo viejo. Pero deja que rasguen su Costado para que ya nada nos impida acceder con rapidez hasta el Padre. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Él mismo abrevia y aligera nuestro acceso cuando queremos volver. Se pone en nuestro lugar, pues somos hijos en el Hijo.

 

6.2            Desde el primer momento que elevamos nuestro espíritu, en la oración, ya está atento a nuestro balbuceo, para responder a nuestras necesidades. Por eso nos insiste en “Pedid y recibiréis”. Pero  a la vez, tiene la paciencia para esperarnos siempre. Respeta la libertad, para que sólo nosotros decidamos si lo queremos dejar entrar en nuestra vida. Siempre está en la puerta llamando y esperando para entrar en nuestra intimidad. No quiere entrar por curiosidad o un afán  de superioridad intelectual. Quiere estar con nosotros para responder a las necesidades reales,  sanar con eficacia nuestras heridas y vivir la amistad más profunda.

 

6.3            Pero el “enseguida”, nos habla de la determinación con que rechaza cualquier propuesta que le aleje de la voluntad del Padre. Rechaza el intento de Pedro de apartarle de la Cruz o los ofrecimientos que le hace“el mal espíritu” en el desierto. De la misma manera responde con su gracia cuando lo necesitamos para seguirle. Es así, como estando en la Cruz, aunque muerto, resucita al tercer día y está vivo. Y ya en la gloria intercede a favor nuestro en forma permanente.

7.     Brotó.

7.1            Lo que está contenido, sale por la presión que tiene desde adentro hacia  afuera, es algo que sedesborda.“Jesús es la Roca”, de la que brota el agua viva. Con un solo golpe responde a nuestra sed. La gracia brota permanentemente de su Corazón para hacer fecundo todo lo que hacemos en su Nombre. Pero paradójicamente momentos antes de su muerte grita que “tiene sed”. No busca ningún refresco, aunque le acercan una esponja mojada en vinagre. Está sediento de nuestra amistad. Quiere sacarnos de la indiferencia y de la aridez del espíritu.

 

7.2            Jesús es el manantial que no se agota y que hace que nos convirtamos en fuentes para los demás.  Este brotar nos indica la generosidad de Dios con el hombre. Nos da mucho más de lo que podemos sospechar. Aun cuando no sabemos rezar o parezca que estamos áridos, él manda su Espíritu para que hable dentro nuestro y pone en nosotros los sentimientos que nos hace clamar “Abba”,(Papá). Si nuestro afecto se enfría, el Espíritu nos mueve para que sintamos la presencia de Dios y no dejemos de cantar.

 

7.3            Jesús en la Cruz se convierte en el manantial de vida, que como catarata se derrama, en contraposición del  pozo, del que hay que sacar el agua detenida con esfuerzo. Jesús, está en lo alto y a todos nos atrae. Sólo él puede saciar nuestro espíritu. Pero es un agua que no podemos retener. Podemos “gustar” y hacer que aumente este manantial en nosotros, en la medida que saciamos la sed de tantas personas que nos rodean y que no conocen a Jesús, o no se sienten alcanzados por Dios. Son la palabra y el gesto, de nuestra parte, llenos de carińo y compasión, hacia los necesitados los que hacen que empiecen a creer en sí mismo y a descubrirse valiosos.

8.     Sangre

8.1            La sangre es el símbolo de la vida. Jesús entrega absolutamente todo. En esta sangre,  está la identidad de filiación con el Padre. Al entregarse el Hijo también se entra en el amor del Padre, que se nos da. Por eso puede decir Jesús que “todo está consumado”. Hacen visible en forma sobreabundante que “Dios es amor”. Jesús nos transfunde su vida, haciendo patente la declaración solemne: “Yo soy el Pan de Vida”.  Comer a Jesús en la Eucaristía es la posibilidad de dejarnos transformar, para formar una sola carne con Él.

 

8.2            En la Sangre que Jesús nos entrega, se da  a sí mismo. Cuando encendemos nuestros afectos para desear acogerlo, Jesús responde dándonos  la alegría y la paz del corazón. La comunión con Jesús nos hace entrar en comunión con los hermanos. Comer el Cuerpo y Sangre de Jesús hace que él nos trasforme en sí mismo, nos diviniza.

 

8.3            En esta Sangre estamos todos. Jesús nos quiere, nos lleva en sus venas. Él paga por nosotros con su propia sangre. Él no ahorra nada para darnos vida. Estamos llamados a convertirnos en sus testigos, para que demos testimonios de sabernos amados. Es tan profunda esta unidad que se crea un desposorio entre su Corazón y el nuestro. Esta unidad  cambia nuestro ser. Ya sólo encontramos alegría y contento, en todo lo que hagamos, cuando  buscamos agradarle a él. Somos uno con él. No nos evita las luchas y dificultades. Nos invita a que carguemos con la cruz, para identificarnos con él. Pero nos hace ligera la carga, pues caminamos juntos, unidos por su yugo suave.

9.     Agua

9.1            Al decir que salió agua, nos está  indicando que entregó todo lo que le quedaba. El agua es la que nos hace hijos de Dios en el Bautismo. Pero no se limita a purificarnos o lavarnos. Jesús nos dice: “Yo soy el agua Viva”. El agua que salta hasta la vida Eterna. Jesús sacia toda nuestra sed,  es el  agua tranquila que nos da  confianza y  nos regala la paz. Jesús, en la misa, ha elegido el agua para representar nuestra ofrenda y unirnos a su oblación. De esta manera hace que todo lo simple de la vida se convierta en algo sublime a los ojos de Padre.

 

9.2            El agua es imprescindible para el mantenimiento de la vida biológica, pero también es necesario que nos hagamos solidarios con los que nada tienen para que se sientan queridos y puedan extraer de nuestro corazón lo mejor de nosotros mismos. Sólo entonces nos realizamos como personas y podemos hacer felices a muchos otros. Dios necesita nuestro corazón para que derramemos nuestro afecto en las personas que todavía no lo conocen. El agua llega a todas partes. Somos los enviados a llevar la Buena Noticia sobre todo a los que han perdido el sentido transcendente de la vida.

 

9.3            El agua ocupa la mayor parte del planeta y está presente como símbolo en todas las culturas. Pero Jesús al darnos el agua  de su costado, nos habla de su presencia y poder, que nos llena de Vida. Sin necesidad de agua, hace caminar a los paralíticos, ver a los ciegos, perdona a los pecadores. Convierte el agua de las lágrimas de la purificación en el vino nuevo de la fiesta. Jesús da un significado nuevo al agua, al lavar los pies de sus discípulos. Se hace más patente la actitud de servicio a los demás y el signo de unidad. El agua es un signo para expresar la realidad interior del Corazón de Jesús.

 

Todo se sintetiza en el símbolo del corazón. Jesús abre su Corazón para expresarnos el amor infinito que nos tiene. Quiere amarnos con un amor humano y divino. En el corazón se concentra y sintetiza todo lo que es la persona. Cuando queremos expresar nuestro afecto decimos, ”te quiero de todo corazón”. Pero Jesús además de decirlo, nos abre su Corazón, para que hagamos de él nuestra morada, vivamos y sintamos: paz, alegría, verdad, vida…

Cuando dejamos que nos alcance Jesús, nuestro corazón se hace semejante  al suyo, viviendo la humildad y la mansedumbre, que facilitan la relación con nuestros hermanos, pues al poner a Dios en el centro de nuestra vida, se convierte en más humana toda relación social.

Mirar y estar en el Corazón de Jesús se hace imprescindible para que: lo elijamos como ideal, aspiremos a la plenitud como personas, seamos felices y podemos llegar a los demás con esperanza. “żQué podemos hacer sin Jesús?”. Sólo él tiene palabras de Vida Eterna.

 

Hno. Javier Lázaro

 

                                                                            

 

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