Salió a buscarla hasta encontrarla

(Sagrado Corazón Junio 2013)


“Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla” (Lc 15,4).

El Corazón de Jesús, se apasiona por cada uno de nosotros. Aunque seamos muchos, tiene presente especialmente al necesitado y al que tiene sed de su amistad. Le importa cada uno como si fuesen todos. Para Él, somos únicos e irrepetibles. El amor que nos tiene, nos da identidad de hermanos y nos fecunda con un sentido divino, por eso todo lo que hacemos tiene un carácter particular, de fraternidad. La relación personal con Jesús nos da un sello de propiedad, que hace que Él ya no pueda vivir sin mí y yo no pueda vivir sin Él; como los enamorados donde cada uno de los amantes está en el centro del corazón del otro. Esta amistad con Jesús hace que nuestra vida sea comprometida, pues recibimos un amor que necesita ser correspondido.

Jesús adaptándose al lenguaje de las personas de su tiempo, tomando los ejemplos más cercanos, los que podían entender, les habla de un pastor y sus ovejas. Jesús personifica al Pastor y nosotros venimos a ser sus ovejas. Se toma el testimonio del pastor por su compromiso, empeño y cariño. A las ovejas las caracteriza la dependencia, la docilidad, el vivir en comunidad y la confianza en su Señor. Se hace énfasis en la dimensión afectiva, con las connotaciones de libertad, gratuidad, entrega sin límite, confianza, amistad, comunidad…

1.     La parábola nos habla de un pastor de cien ovejas. Un número elevado, que da la sensación de una meta alcanzada.  Parece un punto de llegada donde todo cierra perfectamente; el Pastor conoce a cada una y las ha puesto un nombre propio, donde se establece una relación personal entre el Pastor y cada oveja. Las ovejas entre sí también forman una comunidad, que hace que se sientan integradas, aceptadas y contentas. Además, el Pastor las dirige, las acompaña, las cuida y las mima, según las necesidades de cada una.

2.     El desequilibrio en el vínculo de unión siempre está latente, fruto de la libertad que nos da el Pastor y la sed de infinito que siente nuestro corazón. La libertad bien orientada puede elevar el nivel y la calidad de vida. Mal encaminada genera un desequilibrio en todos, que exige un sobreesfuerzo a los demás, intentando que nadie se malogre. Los errores de los sentimientos ilusionistas confunden y hacen que tomemos mal las decisiones, perjudicándose uno mismo y a los otros.

3.     Qué podemos elegir mejor, distinto de lo que nos ofrece el Buen Pastor. Nadie nos puede dar la paz y la vida que nos da  el Creador, pues sabe cómo estamos hechos y tenemos su misma Vida. Pero el mal espíritu siempre está intentando generar la duda, bajo la apariencia de mayor bien. Nuestra confusión está en el parámetro que usamos al comparar diferentes dimensiones. El corazón no debe desviar la mirada de su Creador; cualquier otra fijación se convierte en una trampa mortal. La criatura sólo puede vivir de la gloria de su Creador.

4.     La oveja que se pierde, no es por el descuido del Pastor. Ha querido ser ella misma, sin contar con las demás, ni con el Pastor. El deslumbramiento de los pastos del placer, la han hecho creerse autosuficiente, la soberbia del propio “yo” la han hecho sorda a la voz del Pastor. El descarrío seguramente ha estado precedido de otras situaciones, recuerdos, donde ha desviado la mirada hacia otros pastores, se ha distraído por otros grupos de ovejas, se ha imaginado otros mundos diferentes, aunque equivocados alejados para vivir la auténtica alegría. No podemos poner un solo nombre a la causa del alejamiento, pues seguramente es una suma de sutilezas afectivas, hábitos que se han ido enquistando paulatinamente, que  la han hecho ajena a la vida del rebaño y a la amistad del Pastor. Esto ha hecho que se haya ido apagando la chispa del corazón y que se produzca una división entre el corazón y el conocimiento.

5.     Ahora que se ha cortado el lazo de la unidad, por sí misma ya no puede volver al estado anterior. Las noventa y nueve ovejas, aunque echan de menos a la que se ha ido, sienten que hay un abismo entre las dos realidades que no pueden unir. El corazón de la oveja perdida se desangra en la angustia y la distancia. Su mirada se ha nublado y no puede ver, ni desandar el camino recorrido. Todo ha cambiado. El atajo para alejarse es fácil y atractivo. Pero no es válido para volver, pues la voluntad ha sido aniquilada y ahora todo es cuesta arriba. La libertad despilfarrada no se recupera por uno mismo, necesita de otro gesto gratuito y creador que nos dé una nueva oportunidad.

6.     El reino de la soledad es el del caos y el miedo. Cada sombra se agiganta y pareciera que se echa encima  para aplastarnos y hacernos desaparecer para siempre.  Así se siente la oveja perdida, en su mundo frío y distante. Ha desaparecido la esperanza y por tanto todo lo que la rodea lo percibe como a enemigos que acechan, como a lobos en la noche. Precisa a alguien superior que pueda restablecer el equilibrio del corazón.

7.     El Pastor se da cuenta que le falta una oveja porque percibe un ambiente diferente a su alrededor, siente que todo ha cambiado, hay una sospecha que se convierte en dolor.  No necesita contarlas en forma permanente, más que el número, Él establece un relación personal con cada una. Esta ausencia le atraviesa el Corazón, pues siente el dolor que está padeciendo su oveja y el suyo propio por haber perdido un interlocutor de sus sentimientos, alguien que es obra de sus manos, que está hecha para vivir en comunión su misma Vida. Pero además, Jesús nos plantea un desafío: ¿Hasta dónde desarrollamos nuestra capacidad de amar? Nos hace ver que estamos hechos para el altruismo, para lo grande y la entrega. Las carencias y limitaciones de los otros se convierten en posibilidad de desarrollar los mejores sentimientos y llevar cabo la entrega comprometida.

8.     Las otras ovejas tal vez la han visto partir y en su momento no la han dado importancia, suponiendo que no la perderían de vista y regresaría.  Todas han cometido un error de apreciación y cálculo, han subestimado el riesgo. Algunas han podido pensar que esta oveja era un problema para el grupo, que así tendrían más comida y egoístamente buscaban una exclusividad del pastor. En cierto modo, pudo haber una exclusión anterior a la partida, donde algunas son responsables, la dejan  de valorar, no descubren lo valioso de cada una, no dan importancia a la identidad del grupo. Otras sufren porque siempre estaban cerca y  compartían los mismos ideales, ahora imaginan que es presa de algún depredador y se ha llevado parte de su proyecto que las hacía felices compartir.

9.     Pero frente a esta actitud, está el Pastor que ama a su oveja, como a sí mismo. Que quiere a todas y a cada una. Percibe que las noventa y nueve ovejas también necesitan a la perdida. Es el Pastor el que hace un puente con su amor entre las noventa y nueve y  la que se ha perdido. El Pastor enciende la confianza en las que deja, las hace esperar y desear la unidad.  Al indicarnos que deja a las noventa y nueve, nos quiere hacer saber la confianza que nos tiene y la fortaleza que tenemos como comunidad para sostenernos los unos a los otros. La unidad interior nos hace crecer como cuerpo y hace presente a Dios. La oveja  perdida conoce al Pastor y sabe que no está a la deriva, sabe de su preocupación por todas y que seguramente ya estará buscándola, sin juzgar ni culpar a nadie, pues lo único importante ahora es encontrar a su oveja.  

10.   El tiempo para buscar a la oveja perdida no tiene plazos ni términos: “hasta encontrarla”. El bien que se busca es absoluto. No hay tiempo para el descanso, ni para el desánimo o para los cálculos del costo beneficio. El Pastor sólo tiene la imagen de su oveja querida y perdida. Su amor se multiplica y se profundiza, por tanto no pierde la calma, confía. Jesús ya tenía la experiencia de haberse perdido en el Templo y sintió la preocupación de sus padres para buscarlo hasta que lo encontraron. Él también después de la resurrección tiene que salir al paso de los discípulos de Emaús que se separan de los demás llenos de tristeza.

11.   La oveja perdida intuye que su Pastor ya está buscándola. Aunque  sabe que siempre lleva el cayado en la mano, no puede pensar que la vaya a castigar, pues no ha visto que maltrate a nadie, y conoce que su Corazón es manso y humilde; acepta nuestras decisiones, aunque lo hagamos sufrir. La oveja todo lo refiere a ella misma, con su tristeza y sus ganas de vivir, no puede imaginar el deseo ardiente del Pastor por encontrarla. El problema no está en que nos hayamos perdido, como la oveja, pues sabemos que Jesús nos busca. Pero sí necesitamos dejarnos encontrar. Confiar para que nos abrace con la infinita misericordia de su Corazón.

12.   El Pastor busca entre los lugares que  cree que puede estar, pregunta a otros pastores, se fija en otros rebaños (pero sin perder tiempo o entretenerse, pues la distinguiría entre miles y millones). La vio nacer y sabe cuáles son sus pastos preferidos. Su oveja es distinta a todas las demás. Recorre las sierras y los prados. Busca huellas, pues puede estar herida. No quiere descansar hasta encontrarla. La llama con voz firme y cariñosa. Deja sentir su presencia en el valle haciendo resonar el eco de su voz, para que la oveja reconozca su cercanía y pueda salir al encuentro o desde lo más profundo emitir un balido que dé una señal. Cuando la oveja no aparece, aumenta el ahínco por encontrarla y recorre más vericuetos. Sus piernas están casadas, pero su Corazón no decae, el amor no tiene límites y nadie lo puede apagar.

13.   Pero la oveja ya siente el retumbar de la voz de su Señor, parece que está imaginando o soñando. No sabe porque dirección  llegará, pero lo que era una suposición se está haciendo realidad y pronto lo que es un deseo, es encuentro y alegría. El Pastor está cerca y percibe un leve gemido de dolor. Ya se ven y se mantienen fijan las miradas, ha desaparecido la angustia, el corazón empieza a latir de felicidad. La oveja quisiera acercarse, pero necesita el abrazo y la caricia del Pastor. Ha probado el sabor amargo de la soledad y la oscuridad lejos del amor de su vida. 

14.   El Pastor se inclina, la hace sentir su Corazón, la oveja instintivamente cierra los ojos, para percibir sólo sus latidos y sentir su calor. Quien está llamada a dar calor con su lana, ahora siente el fuego del horno ardiente del Corazón de su Señor, que la acaricia y la toma en brazos. La oveja, aunque tiene hambre  y frío, ahora sólo quiere probar el Pan de la Vida y reposar en la seguridad de  quien perdona y olvida, para curar y sanar las heridas que sólo cicatrizan con el ungüento del amor.

15.   La alegría del Pastor es tan grande, que salen cantando de aquel lugar. Lo que hasta ahora era infierno, se ha convertido en Cielo. La alegría es infinita, hasta el firmamento canta la inmensa grandeza de la amistad. No lo pueden guardar para sí, corren al encuentro de las demás. El Pastor la lleva sobre sus hombros. La oveja  parece volar por los saltos de gozo que da su Señor.  Todo se hace liviano para el que ama. Quienes los ven pasar se ponen contentos, pues conocen al Pastor y saben que su trabajo es una vocación que la vive con pasión, hasta dar vida en todo lo que hace.

16.   Al llegar, al redil,  las  noventa y nueve ovejas dan la bienvenida con su mirada y rodeándolos, todas cantan con sus  balidos al unísono, parece como si quisieran llamar a los vecinos para celebrar el acontecimiento.  El Pastor llama a las puertas de sus amigos y los invita a la fiesta, quiere que todos conozcan su gozo por haber encontrado a su oveja perdida. Aunque algunos no entienden, pues con las cien anteriormente no decía nada. Pero hoy una sola es causa de alegría y gozo para todos. Esta alegría se comprende cuando hemos sentido su dolor.

17.   La oveja perdida nunca podía prever que su vuelta hubiese producido tanto derroche de ágape y júbilo. Pero tampoco quiere olvidar los momentos vividos lejos de su Pastor, para no repetir la historia de alejamiento y error. Desea vivir siempre junto a su Señor. Ahora recuerda el amor derramado por el Pastor, que es una fuente inagotable de misericordia.

18.   Lo más valioso es su amistad, ya nada los separa, aunque escuche otras voces o sienta otros deseos. El amor del Señor hace al corazón  transparente, limpio y luminoso.  Lo demás, es apariencia, oscuridad, agua turbia que da más sed y  nos ciega en la propia soberbia de vivir pensando ser sin los demás, alejados de Dios

19.   Cada uno somos la oveja perdida y mil veces encontrados por Jesús. Ahora ya vivimos en su  Corazón. Somos de los suyos para siempre. Cada día nos alimenta con el Pan de la Vida, para transformar nuestro corazón y así hace posible que podamos amar a los hermanos como Él nos ama. Su Cuerpo crea comunidad y nos une para siempre. Cada un somos solidarios con los otros, para que nadie se separe de Jesús. No necesitamos forzar a nadie, sólo amarlo  con un amor que le haga sentir que todos son amados por Dios.

20.   Nuestra mirada sólo quiere estar en Jesús. Pues nos busca con sus ojos para iluminar el Camino que nos regala. Jesús quédate con nosotros para compartir la mesa y sé Tú nuestro alimento. Que no busquemos otros pastores que nos confundan y tuerzan el sendero que  nos lleva hasta ti. Sal a nuestro encuentro cuando nos veas caminar lejos  sin saber llegar. Toma nuestra libertad para que solo esté dedicada a servirte a Ti en los demás.  

 

Hno. Javier Lázaro

 

                                                                            

 

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