El encuentro de nuestros corazones
en el Corazón

Noviembre 2007


Es  el momento de vivir las emociones más profundas, se han ido acumulando durante 75 años  y las  más intensas, en los últimos días. Los corazones están preparados.  Hemos tratado de imaginar y comparar; pero esto ocurre aquí y ahora. Los de más experiencia, tratan de contarnos otras celebraciones. Para los niños y jóvenes es la fiesta en su Colegio Belgrano.

Al celebrar reafirmamos nuestra existencia de una manera gozosa. Nos centramos en lo que ya somos y anticipamos lo que  podemos llegar a ser. En la fiesta todos nos identificamos y reafirmamos los elementos comunes, para vivirlos juntos en  alegría.

Este festejo de los 75 años de la llegada de los Hermanos del Sagrado Corazón, es vivenciar todo aquello que nos caracteriza como comunidad educativa y nos permite profundizar el sentido de pertenencia.

Algunas  de las dimensiones compartidas son:

La espiritualidad,  centrada en el amor de Dios; expresado en los sentimientos del Corazón de Jesús.

El carisma, que hace posible  educar a través del  estudio, en la confianza y la alegría.

  • Las relaciones humanas basadas en la sencillez, en la humildad y en la caridad.

  • El espíritu de fraternidad, que se extiende hacia las familias en la búsqueda de la unidad y  la comunicación.

  • El compromiso y el servicio, que son respuesta a la vocación, para la construcción de la sociedad.

  • El escudo, que sintetiza los sentimientos de cada uno y nos abre a la universalidad.

  • Los  colores (azul, rojo, blanco), que nos dan sentido de comunión y nos permiten navegar juntos, en la misma dirección.

  • El Himno que nos permite gritar, desde lo más hondo, expresando nuestro ser.

“Es el Señor quien lo ha hecho” (Salmo 117,23). Es la fiesta de todos, que nos permite tener una experiencia de comunidad, que quedará grabada en lo más íntimo, pues todos sentimos la transformación de la fraternidad.

Una familia se siente feliz cuando pueden encontrarse las personas de distintas generaciones. Nosotros somos una  comunidad educativa, que supera el plano académico, para llegar a ser hermanos. Las relaciones de amistad y caridad entre nosotros, de alguna forma son decisivas en el ambiente educativo; además redundan en la calidad de vida dentro del colegio y en nuestra propia felicidad.

El encuentro festivo de este  día tres de noviembre, lo podemos dividir en cuatro momentos decisivos, aunque es uno sólo por la intensidad.  

El primer momento es la preparación inmediata. La convocatoria a la fiesta en octubre del dos mil seis, las reuniones con todos los docentes para determinar el programa que llevaríamos a cabo, las propuestas y los ajustes hacia diversas direcciones. La formación de comisiones para recoger todos los aspectos y  donde todos quedamos comprometidos. A todo esto, siguen los ensayos, las invitaciones, la disposición del entorno, etc… la preparación espiritual, con la posibilidad de recibir el sacramento de la  confesión durante la semana que nos precede. La alegría de la comunidad es fruto de la paz y el gozo del alma.

Un segundo momento es la presentación de toda la comunidad educativa y la celebración de la Santa Misa. Los padres, desde las primeras horas de la tarde quieren estar cerca, intuyen que algo importante está por acontecer; los docentes saben que la hora se acerca y todo comienza; los ex alumnos buscan el cartel con el año en que egresaron y además llevan un globo que les ayuda a volver a ser niños con los niños; los alumnos sienten un deleite indescriptible. Los Hermanos presentes de todas las comunidades corazonistas renovamos nuestro compromiso por los niños y jóvenes.  En el momento que todos nos encontramos en la cancha, los sentimientos afloran, se encuentran los corazones, los globos, la música, la bienvenida… hasta el viento, como un nuevo Pentecostés está presente, hace que todos pongamos más intensidad por vivir el momento y enviamos a la ciudad y al  mundo la alegría que experimentamos.

En este espíritu, celebramos la Eucaristía, la acción de gracias al Padre, la única forma posible de agradecer. Una comunidad, una familia sólo se une auténticamente cuando está presente Cristo, pues da la perspectiva de lo eterno. Jesús se detiene delante de cada uno, entra en el corazón (nos habla a través del relato de Zaqueo, Lc19, 1-10); el cielo también se une a  nuestra fiesta y por esto nos dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Se ha hecho realidad el amor en nuestra comunidad.  Su entrega se hace total en el momento de la comunión, donde ya todos tenemos los mismos sentimientos, y nuestros corazones se funden en la unidad. Estamos viviendo un bautismo, quedamos sumergidos en el amor de Dios, que se derrama sobre los corazones bien dispuestos.

El tercer momento es la representación de las dimensiones que nos dan identidad. El camino de los Hermanos desde Francia al Belgrano, nos introducen a la apertura y a la universalidad. Los latidos del corazón nos hablan de vitalidad, de profundidad, de amor ¿Quién resiste la emoción ante un corazón que late y viendo que el  movimiento está simulado por los caricias de los niños? En la conformación de una nueva criatura se van formando los distintos órganos, así aparecen los distintos componentes de la comunidad: los hermanos, los docentes, los alumnos, las familias y los ex alumnos; todos trabajando en la  unidad de la diversidad.  La comunidad tiene vida,  está orientada hacia los valores: la profesionalidad, la caridad, la humildad, etc. Es la cruz, símbolo de la entrega de Cristo,  la que determina la dirección  hacia el futuro, para darnos a Dios en los niños y jóvenes.

 Llegamos a la cuarta etapa, la de recorrer el camino que hemos proyectado juntos. Ya estamos en marcha, paso a paso, con el impulso y la dirección correcta. Nos sabemos privilegiados, porque podemos vivir un proyecto común que nos compromete. Tenemos la experiencia de las dificultades, el vértigo hacia lo fácil y la indiferencia de quien no quiere hacer nada. Nosotros sentimos una atracción hacia lo sublime, a lo que requiere conquista diaria; sabemos el valor infinito de cada persona, entendemos el valor del servicio hecho con amor, nos sabernos queridos y que podemos crecer en amistad.

Nos comprometemos a construir una sociedad justa, haciendo realidad el amor; nuestro rigor en el  estudio, será la respuesta frente  a la mediocridad; nuestra comunicación es el antídoto a toda disgregación de la familia; la alegría es la fuerza para la conquista de lo arduo. El amor del Corazón de Jesús es quien pone en  nosotros toda la confianza para una entrega sin límite.

Estamos llenos de esperanza caminando hacia el ideal, porque creemos: en la gratuidad del  amor de Dios, en su llamada personal y en el envio al corazón de los jóvenes sedientos de autenticidad.

Gracias y paz a todos por la participación. Gloria  y honor al Sagrado Corazón por su bendición.

 

                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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