Saber elegir el bien,
principio de la alegría


El bien es el acto propio de cada ser, que viene determinado por su naturaleza. El bien de un perro difiere del que se puede fijar una persona; en el perro se reducirá a tener las necesidades básicas cubiertas; la persona puede dar un paso cualitativo infinito, tiene capacidad para elegir, es un ser libre, con capacidad de razonar.

 Y puesto que el ser humano, nosotros, somos seres racionales, la función específica es el pensamiento, por tanto la felicidad consiste en el bien interior: la contemplación. Que se puede concretar en la  adquisición de la virtud de la sabiduría, como capacidad del bien vivir, que producirá la felicidad; para concretar esta posibilidad tendrá que estar coadyuvada con otras muchas virtudes y no olvidar que la vida humana tiene un destino de eternidad. 

Esto ya nos da pautas a la hora de fijar los fines personales:  

1.  Los fines nos los fijamos nosotros. No los pueden determinar los estímulos exteriores. En todo caso las incitaciones de afuera tienen que estar ordenadas a la consecución del último fin. Poner la atención en la acción de voluntad en orden a la reflexión; vivimos en una sociedad que nos bombardea con toda clase de estímulos. La falta de atención hace que se conviertan en criterio de nuestra vida. Hagamos un breve repaso de las propagandas que en cierto modo se nos han “pegado” y forman parte de nuestra forma de hablar y de relacionarnos.

2.  Los fines naturales no pueden ser arbitrarios, pues la propia naturaleza nos impone limitaciones, que debemos asumir. Nacemos hombres o mujeres; estamos sometidos a las leyes físicas, etc. La educativa toma en consideración esta situación, y así educa para la alimentación, la salud, etc. Nuestra capacidad de determinación se tiene que ajustar a lo que somos. Precisamos la humildad para aceptarnos y además ver las posibilidades ilimitadas que tenemos para crecer y ser felices con lo que somos y tenemos. Hacer proyectos con lo que es o tiene  el vecino, es vivir en la eterna nostalgia, en la tristeza; partir de nuestra realidad, que siempre nos da la posibilidad  de la alegría.

3.  Los fines libres que se puede proponer el hombre, también tienen que ajustarse a las limitaciones de la naturaleza. Hay que crear una síntesis entre naturaleza y libertad. Esto supone limitaciones necesarias en nuestro despliegue. Así Altarejos, F., nos agrega que: “No somos enteramente dueños de nuestro ser, sencillamente porque no  nos  lo hemos dado a nosotros mismos”. La grandeza de nuestra libertad está en que tiene la posibilidad de terminar lo que biológicamente hemos recibido de Dios a través de nuestros padres. Continuamos un proyecto, que cuando lo tomamos como propio, nos lleva a la felicidad. La autonomía personal, más que hacer lo que se quiere antojadizamente, supone realizar la plenitud en nuestra persona.

4.  En este sentido,  es importante la educación estética, para modelar la percepción de las sensaciones y educar los sentidos; ya que participan de la formación de la  voluntad. El buen gusto en las cosas pequeñas se constituye en fundamento de las decisiones importantes. La forma de vestirnos, la presentación a los demás, el vocabulario delicado, el orden de nuestro entorno: no es lo mismo tirar un papel a la papelera que dejarlo caer al suelo; en el primer caso (además de ensuciar el lugar, hacerlo desagradable) estamos atrofiando la capacidad de elegir y hacer el bien, sufrimos una angustia por mi incapacidad para el esfuerzo, llevaré ese mismo criterio a mi persona y a mis relaciones; cuando el residuo lo depositamos en el cesto, estamos: cuidando nuestra sensibilidad interna, fortaleciendo nuestrra voluntad, disponiéndome para el bien en general, sentimos la satisfacción de hacer las cosas bien, valoramos a las personas que deben pasar por el lugar.

5.  Nuestra felicidad está en función de que todo lo que hagamos esté orientado al mismo fin. Sólo cuando podemos dar unidad a nuestra actividad estamos en comunión con nosotros mismos.  Los estados de ánimo no deben hacer cambiar los fines buenos que nos hemos propuesto. El cansancio, es la fuente para hacer la elección en el mismo sentido. El proceso educativo tiene que tender a la unidad. En esta línea, tiene que estar lo que hoy hemos llamado educación integral. La suma de actividades no es suficiente; todo tiene que tener un principio de unidad. Se busca una totalidad en la composición, pero además que tengan una continuidad y un vínculo entre todos los elementos. La agregación de fines parciales no logra la educación integral; es preciso la implicación personal, para que esté presente una única motivación que dé unidad. Necesitamos el tiempo que nos permita sintonizar  con nosotros mismo, reflexionar, para implicar nuestras actitudes personales. El ritmo de nuestra vida no lo puede fijar el reloj o el horario; ¿dónde queda nuestro espíritu? Somos mucho más que las técnicas adquiridas.

6.  La propuesta es la conquista de la felicidad. Podemos lograr excelentes técnicos o científicos, pues conocen perfectamente los procesos internos de cada una del área; pero la propuesta es más ambiciosa, tenemos que conseguir personas  felices. El logro de objetivos parciales, desvinculados del fin principal, es caer en un activismo, cuantificador, donde desaparece la dimensión interior, que en definitiva es la que hace que podamos decir que algo es educativo, ya que llega a la totalidad de la persona.

7.  Un camino para entender a lo que queremos llegar es ver personas felices, que están recorriendo el camino. Necesitamos recoger su experiencia, para que se nos haga común y nos haga desear en forma viva lo que buscamos. Todos tenemos el ansia infinita de felicidad; concretarlo como finalidad se nos hace difícil porque se mezcla con otros intereses y no tenemos capacidad de jerarquización. Primero necesitamos conocer nuestro objetivo último y luego mover la voluntad para desearlo. La felicidad está en la misma senda de la libertad.

8.  La insaciabilidad de los sentidos es una luz que nos alerta. No tenemos límite en nuestro deseo de poder, de fama, de reconocimiento social, de placer. Estas apetencias nos pueden desviar. No tenemos duda del perfeccionamiento que supone el deseo de felicidad, pero también supone renuncia, que forma parte de la libertad. Necesitamos la independencia respecto de factores externos o por el contrario supeditamos nuestra realización a los caprichos, a la irracionalidad.

9.  La felicidad está en el proceso,  no es un estado terminal de la acción. No está supeditada a los resultados. La felicidad está en el mismo obrar de cada momento. Postergar la decisión de ser feliz al logro de algo o a la terminación de alguna actividad, es condenarse a no empezar nunca.

10.Las contrariedades del momento son  oportunidades para la alegría. Todos los días tenemos nuestras luchas personales, aprender a descubrirlas como ocasiones de crecimiento y superación personal es la forma de no convertirnos nosotros mismos en el problema. No estamos hablando de buscar el sufrimiento; aprender a aceptar los obstáculos es reconocer que estamos llamados a superarlos, a seguir creciendo.

 

                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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