Vivir la unidad en el tiempo


    Parece que el tiempo hoy es un "supravalor" dada la supuesta importancia que le damos para hacer cosas o vivir los valores. La falta de tiempo es una excusa para todo. ¿Pero qué se esconde tras esta variable tan decisiva? ¿La voluntad para dedicarnos a lo valioso? ¿La visión para darnos cuenta de qué es lo importante? ¿El compromiso renovado de nuestras vidas? 
Con frecuencia escuchamos "el día tendría que durar cuarenta horas" ¿Pero para qué? Creemos que el secreto es saber integrar nuestra vida en vista de lograr la unidad, algunas veces perdida por la falta de integración del tiempo y otras por la falta de un ideal en la vida. Hay un tiempo para todo:

1. Tiempo de trabajo. La persona necesita desarrollar sus cualidades en el trabajo. Para las empresas el tiempo es un valor de rendimiento y de inversión. El no perder el tiempo es signo de eficacia y nos da la sensación de utilidad. Es nuestro deber moral pero también una necesidad vital trabajar ordenando nuestra actividades para que sean productivas. Ser personas que cultivan la cotidianidad, el esfuerzo... sin angustias ni estrés, sabiendo que todo tiene un proceso y un orden que hay que respetar. La naturaleza nos enseña mucho sobre como respetar los distintos ritmos. 

2. Tiempo de ocio. Complementario del tiempo de trabajo está el tiempo del ocio, del no negocio. Donde aprendemos a contemplar cada una de las obras que hemos podido realizar en el trabajo, siendo agradecidos por los dones que hemos recibido de Dios y de la importancia de las personas que nos rodean. Sabiendo interpretar los aparentes contratiempos, como signos y hechos que nos han ayudado a madurar. El ocio es el momento de la celebración y la fiesta por sentirnos partícipes de la creación. La falta de dedicación al ocio es ocasión para entrar en el mundo de la competencia, de la falta de sentido, de la esclavitud de uno mismo, de ignorar a los demás. El ocio puede ser un momento de silencio para reflexionar y agradecer (no confundir ocio con "vagancia"). 

3. El tiempo de proyectos. Tenemos que encontrar la forma de armonizar nuestro pasado, presente y futuro, para llegar a hacer un proyecto de vida. El hombre se realiza en el proceso. Debemos integrar nuestro tiempo biográfico sin resentimientos, los tiempos que nos ha tocado vivir. Cada acto de libertad ha sido un golpe de martillo con el que he ido cincelando ese material heredado de nuestros padres. Tenemos que amar nuestro pasado. En el ideal que nos formemos de nuestra vida se sitúa nuestro horizonte, es algo que no hemos alcanzado todavía, pero ya vivimos con esperanza y la alegría de poder lograrlo. El presente tiene la grandeza de tomar las decisiones de saber y ser libre. De esta forma el tiempo no pasa en balde para nadie, sino que nos sirve para "tallarnos" y "pulirnos". 

4. Tiempo de compromiso. Tiempo de entrar en relación personal con el ser amado porque soy dueño de mí. El "escapismo" o el activismo son formas de vernos ocupados siempre para sentirnos útiles o evitar el encuentro con el otro. Es parte de nuestra inmadurez para no comprometernos. El compromiso es la misión que asumimos con los otros y a favor de los demás. "Cada uno elige quién quiere ser" (Yepes). 

5. Saber ordenar el tiempo en muchos casos pasa por aprender a mirar el paso de las estaciones del año, o el vivir las fiestas que nos propone la Iglesia: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, etc. Recuperar el domingo como día del Señor. Armonizar el tiempo supone no tener prisa para levantarse de la mesa familiar cuando es necesario el diálogo; es apagar el televisor para poder valorar a las personas más queridas, es dar densidad a la vida con nuestra paciencia, regalando nuestra vida que en algunas oportunidades pasa por dar nuestro tiempo; aceptar nuestros tiempos biológicos como una forma de crecimiento y maduración personal. Recuperar el ritmo de noche y día, de sueño y de vigilia, de trabajo y de descanso. 

6. Vivir la plenitud del tiempo dando preeminencia a Dios en nuestra vida. En cada uno de nuestros proyectos Dios quiere acompañarnos. En Él estamos, somos y existimos. Nos da el querer y el obrar. Espera nuestra respuesta para sacarnos de nuestra falta de voluntad (abulia)."Nos da el Pan de cada día..." nos da su amor. Es tiempo de dejarnos acariciar por la mirada amorosa de Dios. Vivir en plenitud es determinarse a vivir por amor. 

7. Tiempo de perseverancia. Hay horas que parecen más largas y momentos más difíciles. Ahí tenemos que estar seguros que las metas y los compromisos no cambian con el tiempo. Es tiempo de perseverancia, de constancia, de fidelidad, de saber esperar, de dar a cada uno el tiempo para poder madurar. Saber ser disciplinado en el tiempo tendiendo la mirada hacia el fin que nos proponemos, mirando a las personas que están en marcha a pesar de las dificultades. En la medida que somos capaces de amar, entramos en la dimensión de la eternidad. 

8. Tiempo de educación. La persona está llamada a la plenitud, por tanto tiene que educarse siempre. Educarse es una tarea de todos los días. No sólo pasa por "cada día se aprende una cosa nueva". Supone la tarea de crecer en identidad, de crecer en la sociedad reafirmando nuestra autoridad como servicio y encuentro con el que es diferente. La educación supone dedicar tiempo para profundizar en la formación profesional y, como padre, madre o docente. El acompañar a nuestros hijos es importante, pero no podemos olvidar la importancia del buen ejemplo: que nos vean leer asiduamente, que comentamos conferencias, que compartimos nuestras experiencias, etc. es la mejor motivación (tal vez la única) para que ellos también lo hagan. 

9. Tiempo de sabiduría. El espíritu joven lo podemos mantener cuando estamos decididos a empezar de nuevo cada día. No nos quedamos en la vanagloria de lo conseguido o en el pesimismo de los fracasos. "Os doy un mandamiento nuevo". Lo nuevo hace referencia a la posibilidad de recomenzar cada día. Ésta es la gran sabiduría que tenemos que recibir de lo alto, la de educar nuestro corazón para vencer la rutina. Todos los días es una nueva creación, un nuevo perdón, una nueva entrega, un nuevo amor.


                                                                                   Hno. Eloy Javier Lázaro

 

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