Lectura: “Herodes, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta” (Mt 14, 3-5).
Meditación:
Herodes es rey de Judea (puesto por los romanos). El reino de su padre, Herodes el Grande, lo dividieron en cuatro y una la tenía Felipe. La ambición del poder-fama lleva al desorden afectivo-sexual; esto hace que viva en concubinato con su cuñada. Pero Juan Baustista lo denuncia y le dice que no le es lícito; por eso es odiado y en el desorden de la comida-bebida de una fiesta manda decapitarlo.
Nuestra vida espiritual es orgánica; cada dimensión tiene repercusiones en todas las demás. Somos una unidad bio-psiquico-social-espiritual. El cuidado de los sentidos nos ayuda a guardar el corazón y a ordenar los afectos. Necesitamos vivir en sobriedad, para poder vivir la libertad de espíritu y amar.
El profeta, recibe la palabra de Dios y la comunica. Se debe a la verdad, no puede callar. Aunque su vida parezca insignificante a los ojos del mundo, es testigo de la verdad y se convierte en una luz para los demás.
Oración: Señor, ayúdame a ordenar mi corazón y a vivir en la verdad.
Contemplación:
En nombre de la tolerancia, callo y no corrijo, me hago cómplice de la mentira.
«Yo Soy la Verdad, tú eres mi testigo; anuncia mi Reino con caridad».
Quiero ser tu profeta.
Acción: Corregir y acompañar con caridad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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