Lectura: “«No todos entienden este lenguaje, sino solo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»” (Mt 19, 11-12).
Meditación:
La sexualidad es constitutiva y esencial de la persona. Esto nos permite vivir el encuentro, la entrega, la acogida y buscar la unidad. Todos tenemos la vocación a la esponsalidad, que es el deseo de comunión, de ayudar, de buscar el bien del otro, según la masculinidad o feminidad.
No todos tienen vocación a la conyugalidad, según su condición de varón o mujer, donde la relación incluye la genitalidad. Es un don del Espíritu vivir la virginidad como forma de orientar el corazón hacia Dios y por Él amar a los demás. La afectividad es la dimensión esencial de la sexualidad, en la que podemos crecer siempre y nos permite vivir la esponsalidad.
Todos estamos llamados a vivir la castidad, cada uno según su estado de vida. Esto supone siempre un cuidado del corazón, el cultivo de las virtudes humanas y sobrenaturales; la relación con Cristo es esencial para integrarnos interiormente.
Oración: Señor, dame tu mirada y cuida mi corazón.
Contemplación:
Vivo en una sociedad erotizada… pero percibo en mi corazón el deseo de lo sublime.
«Yo te abro mi Corazón y te amo».
Quiero vivir unido a Ti y ordenar mis deseos. Solo soy tuyo.
Acción: Cuidar el corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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