Lectura: “Le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Efatá», que significa: «Abrete». Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua…” (Mc 7, 32-35).
Meditación:
Jesús realiza acciones simbólicas para curar al sordomudo: separa de la multitud, toca con los dedos, pone salida, eleva los ojos al cielo, suspira… Necesitamos el encuentro personal con Cristo, ahí nos comunica la nueva vida; al dejarnos tocar por sus dedos hace una nueva creación; el poner saliva simboliza la nueva Vida; el suspirar, nos infunde su Espíritu.
El “ábrete” es la orden que da al mal espíritu para echarlo y permitirnos escuchar y alabar a Dios. Cuando nos cerramos sobre nosotros mismos y entramos en el mutismo, nos incapacitándonos para el encuentro con los otros y con Dios.
Nuestra vocación es la escucha de la Palabra y el agradecimiento por las bendiciones que recibimos constantemente. Si atrofiamos estas prácticas, caminamos hacia la inmadurez afectiva. En el encuentro personal con Cristo siempre se nos comunica al corazón.
Oración: Señor, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Contemplación:
Necesito escucharte… vivir de la confianza de tu presencia, ayúdame a…
«Yo te llevo a mi Corazón, escucha la voz de mi amor».
Quiero proclamar tu Nombre y darte gracias por tu amistad.
Acción: Cultivar la escucha y la alabanza.
Hno. Javier Lázaro sc.
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