Lectura: “Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará»” (Mc 8, 34-35).
Meditación:
La persona se realiza plenamente cuando se entrega al servicio de los otros, acoge a los demás y genera unidad. Esto supone esfuerzo, conquista de la voluntad y crecimiento afectivo, renunciando a los propios gustos o ignorando algunos sentimientos negativos. Estamos hechos para vivir en comunión con nosotros mismos, con los otros y con Dios.
En una sociedad que busca el placer y sensaciones, se genera un estado de debilidad y se renuncia a los grandes ideales. Es preciso cambiar la forma pensar; estamos llamados a cargar con nuestra cruz, asumiendo las dificultades; que en definitiva son posibilidades de crecimiento y de conquista de la paz.
Cristo es el único que puede acoger nuestra entrega, por eso nos invita a seguirle comprometidamente, sin poner condiciones. Cuando decimos no por comodidad o miedo, quedamos en la inmadurez, en la tristeza… No importa que seamos débiles, Cristo nos fortalece interiormente.
Oración: Señor, haz que responda y te siga comprometidamente.
Contemplación:
Sueño con lo grande y bello… pero me da miedo y no me entrego enteramente.
«Yo Soy quien te llamo y te sostengo… confía… te acepto tal como eres».
Quiero vivir contigo y para Ti.
Acción: Asumir mis dificultades confiadamente y alegría.
Hno. Javier Lázaro sc.
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