Lectura: “El Ángel entró en la casa de María y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc, 28-31).
Meditación:
La Virgen María, por ser llena de gracia, recibe constantemente la comunicación divina. La Virgen antes de concebir a Jesús por obra del Espíritu Santo, ya acoge a cada una de las personas de la Trinidad espiritualmente. Se da una comunicación perfecta; ya por eso, la decimos “Alégrate”. Pues siempre corresponde al llamado del Espíritu.
María es la Inmaculada, porque no tiene el pecado original, gracias a que Dios le aplica con anticipación los méritos de la redención de Cristo. Pero por su parte, en todo momento orienta su libertad hacia Dios, busca su querer, se guía por la fe.
Cada uno de nosotros también estamos llamados a acoger a Cristo en nuestro corazón; así acompañamos a María en su maternidad; por eso cada vez que rezamos el Avemaría la felicitamos y nos unimos a su alegría.
Oración: Alégrate María, llena de gracia, el Señor está contigo.
Contemplación:
Miro los ojos y el Corazón Inmaculado… están orientados hacia Dios.
«Hijo, yo soy tu Madre… te he engendrado para vivir en Cristo».
¡Felicitaciones María! ¡Gracias porque eres mi Madre y me das vida!
Acción: Alegrarme con la Virgen María.
Hno. Javier Lázaro sc.
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