Lectura: “Zacarías, al poner el nombre a su hijo Juan, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente: «Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor” (Lc 1, 67-69).
Meditación:
Al nacer Juan Bautista, se realiza la circuncisión como signo de la pertenencia al pueblo de Israel y además le ponen el nombre. Zacarías, cuando cumple la voluntad de Dios, se siente lleno del Espíritu Santo y recobra la voz; entonces puede cantar la acción de gracias por el plan de salvación de Dios.
Este canto, tiene cinco estrofas; cuatro están dedicadas a Dios, dando gracias y reconociendo la venida de Cristo. Sólo una estrofa habla de su hijo Juan. Zacarías, ahora ha logrado salir de su “yo” personal, para poner a Dios en el centro de sus motivaciones, y encuentra la alegría.
Lo que podemos hacer con nuestras fuerzas es muy poco. Por la fe estamos llamados a despertar el agradecimiento y la alabanza a Dios; entonces nos unimos a la acción del Espíritu y quedamos transformados interiormente, cultivamos otra mirada que nos abre al gozo profundo y espiritual, que no tienen límites.
Oración: Señor, abre mis labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Contemplación:
Busco éxitos frente a los demás e ignoro el bien que Dios pone en mi vida…
«Yo te elijo, quiero que estés conmigo y vivas en la alegría».
Enséñame a agradecer tus dones…
Acción: Reconocer la presencia de Dios en mi corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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