Lectura: “Como Jesús había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios»“ (Mc 3, 10-11).
Meditación:
Jesús es Dios y es Todopoderoso, pero se hace Hombre y asume nuestras limitaciones. Cura a muchos, pero no lo hace para que lo tomen como mago. Cristo quiere traernos su Reino para que vivamos la fraternidad y la filiación con el Padre. No busca nada espectacular; pero sí hace signos para demostrarnos que es Dios. Sólo quiere salvarnos del pecado y que vivamos en su amistad, para que seamos felices.
La enfermedad no es un castigo de Dios; puede ser una oportunidad de crecimiento interior; siempre se precisa una mirada de fe, para descubrir la bendición que Dios nos quiere regalar. Hay enfermedades del cuerpo y del espíritu; con frecuencia nos enfermamos por asumir pensamientos intrusivos que proceden del maligno.
En este evangelio se dice que hasta los espíritus inmundos reconocen a Jesús como el Hijo de Dios; y tiene poder sobre ellos. Pero el maligno sigue actuando en nuestros corazones, es preciso rechazarlo frontalmente y buscar siempre la ayuda de Cristo.
Oración: Señor, líbrame del mal, ayúdame a vivir en tu amistad.
Contemplación:
En las tentaciones me creo autosuficiente; Jesús ignoro tu presencia.
«Yo estoy contigo, respeto tu libertad… deseo habitar en tu corazón y darte la fuerza de mi gracia».
Toma mi vida, solo te pertenezco a Ti.
Acción: Elegir a Jesús como mi único Señor.
Hno. Javier Lázaro sc.
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