Lectura: Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan… Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción…” (Lc 4, 14-18).
Meditación:
Cristo se sabe amado por el Padre; vivencia su presencia y recibe la fuerza del Espíritu Santo. Todo lo puede por esta perfecta e indisoluble unidad de amor. Jesús se hace Hombre y actúa en el Nombre del Padre; el Espíritu que procede del Padre y del Hijo, también se hace fecundo.
Jesús al entrar en la sinagoga da la unidad de la intervención de Dios en la historia; pues la Palabra que lee ya es inspirada por el Espíritu a los profetas y habla a la gente ahora. Al leer la Palabra se actualiza y se hace viva.
Lo que vive Cristo, se sigue realizando en nosotros, por la fuerza del Espíritu. Dios nos ha consagrado en el bautismo. Ya sólo pertenecemos a Él y su acción permanece eternamente. Vivimos cumpliendo las promesas de Dios, ahora sólo pertenecemos a Cristo, que nos infunde el Espíritu.
Oración: Señor, dame tu Espíritu y crea en mí un corazón nuevo.
Contemplación:
Siento que ando erráticamente… desorientado y desesperanzado…
«Yo te doy el Espíritu, que te une a mi Corazón, te llamo y envío en mi Nombre…».
Quiero caminar contigo, solo soy tuyo.
Acción: Guiarme solo por el Espíritu Santo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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