Lectura: “Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe». Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él»” (Mc 9, 23-25).
Meditación:
Los discípulos intentan solos, sin Jesús, curar a un joven mudo y que está como poseído por el mal espíritu, que sufre ataques de epilepsia. Cuando llega al lugar el padre se lo comenta, y Jesús le dice, hace falta que tengas fe. El padre siente que le falta fe y confianza.
Por eso el primer milagro que realiza aquí Jesús es fortalecer o acrecentar la fe del padre. Necesitamos confiar (aunque no se entienda cómo) para poder caminar juntos… y luego sí cura a su hijo. El hijo también representa en nosotros debilidades humanas, que solos no podemos cambiar. Necesitamos confiar en Cristo.
Cuando nos cerramos en el individualismo, llevados por la soberbia, también nos incapacitamos para la escucha y la comunicación con los otros. Nuestro corazón está hecho para el agradecimiento, la alabanza, el encuentro, es la morada del Espíritu, que nos llama a la comunión con los otros.
Oración: Señor, aumenta mi fe, haz que escuche y te siga.
Contemplación:
Algunas veces me domina el mutismo y me cierro; estoy en mi mundo…
«Yo te ofrezco mi amistad, para que descubras tu corazón».
Quiero que vengas a morar en mí.
Acción: Confiar en que Jesús puede sanar mi corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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