Lectura: “«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros»” (Mc 9, 38-40).
Meditación:
Estamos llamados a alegrarnos y a promover el bien que hacen los demás. Así crece la unidad, el gozo interior, la aceptación del otro, la fraternidad… Cuando nos entristecemos por el bien que realizan los demás, estamos siendo dominados por la envidia, los celos y caminamos hacia el resentimiento, la división, la confrontación…
Nos puede asaltar el sentimiento de la envidia como una tentación; pero inmediatamente es preciso cambiar la actitud de nuestro corazón, eligiendo el agradecimiento y la colaboración. Todo lo bueno es participación de la bondad de Dios y es camino de crecimiento en la familia o la comunidad.
La oración por el otro busca su bien, nos orienta hacia el Padre común, nos hace sentir hermanos. Siempre necesitamos sanar el corazón, estar atentos a no ser dominados por el mal espíritu. Trabajamos por un mundo mejor y necesitamos la colaboración de los demás.
Oración: Señor, haz que busque la unidad con el bien.
Contemplación:
Vivo en este mundo competitivo… me angustia que el otro haga cosas buenas… esto me entristece.
«Yo deseo que te alegres por tu hermano…y así te predispones para vivir la caridad».
Quiero vivir la fraternidad con todos.
Acción: Desechar de mí la envidia.
Hno. Javier Lázaro sc.
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