Lectura: “El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan»… Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá»…«Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,…El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden»…Pero Jesús le respondió: «Está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»»” (Lc 4, 3-11).
Meditación:
Jesús es Hombre y Dios y el demonio se atreve a ponerle en tentación con: la sensualidad, a través de los sentidos (gusto, tacto…); la avaricia o el poder; la gloria o la fama, haciendo un espectáculo delante de toda la gente. Estas mismas tentaciones nos llegan a nosotros de una u otra forma.
Jesús no entra en discusión con el maligno, siempre responde con la Palabra de Dios. No se deja deslumbrar o encandilar por lo que le ofrecen; pues además es todo mentira, satanás en sí no tiene nada. Siempre nos engaña.
Alimentarnos con la Palabra de Dios es una necesidad vital para quedar iluminados por el Espíritu. Cuando seguimos otros criterios fácilmente quedamos esclavizados. Necesitamos estar vigilantes, pues la tentación es constante… Estamos llamados a vivir la libertad de hijos de Dios.
Oración: Señor, líbrame de la tentación del mal.
Contemplación:
Veo los atractivos hacia lo fácil y placentero… pero en realidad es “humo”… todo mentira. Todo pasa.
«Yo te llamo a mi seguimiento… Te he rescatado del mal con mi Sangre».
Solo soy tuyo Señor; te pertenezco enteramente ahora y eternamente.
Acción: Rechazar las tentaciones con la Palabra.
Hno. Javier Lázaro sc.
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