Una vivencia fraterna y de encuentro con Cristo

3 abril, 2025

«Hace poco tuve la oportunidad de participar en una convivencia en Villa General Belgrano, gracias a la invitación del Hermano Javier Lázaro. Alejarme de las preocupaciones cotidianas me permitió experimentar una conexión más pura y profunda con Dios y con mis hermanos.

A través de este tiempo de oración, meditación y reflexión, aprendí a valorar lo esencial de la vida católica: la relación con Dios y la fraternidad con el prójimo. Uno de los primeros aspectos que descubrí fue la importancia de la fraternidad. Durante la convivencia, conocí a personas de diversos lugares, unidas por un mismo propósito: crecer en la fe. Esta experiencia me mostró que el amor fraternal no solo se vive en los momentos alegres, sino también en los más difíciles. Jesús nos llama a amarnos unos a otros como Él nos ha amado, lo que implica compartir no solo nuestras bendiciones, sino también nuestras luchas. Vivir en comunidad durante esos días fue un recordatorio de que estamos llamados a ser verdaderos hermanos en el amor, un regalo que nos fue dado desde el mismo Corazón de Jesús».

«La convivencia me permitió darme cuenta de la importancia de un cronograma espiritual. La oración diaria, la meditación, las alabanzas, el Rosario y la Misa se convirtieron en herramientas fundamentales para conectar con Dios. El día comenzaba con momentos de silencio, en una entrega donde lo primero era ofrecerle el día a Dios mediante los Laudes, que fortalecían para los desafíos cotidianos, al igual que las Vísperas, que invitaban a agradecer al Señor por lo vivido. Al reflexionar sobre el Evangelio del día, pude comprender mejor el mensaje de Jesús y cómo aplicarlo a mi vida.

Pasear por el entorno natural me permitió contemplar la creación como un reflejo del amor de Dios y renovar mi asombro por las maravillas que Él nos ofrece.

También profundizamos en el Sagrado Corazón de Jesús. El Hermano Javier, junto al Hermano Gastón, nos llevó a meditar sobre su amor incondicional y su sacrificio, lo que despertó en mí el deseo de vivir más plenamente ese amor. Su Corazón, lleno de misericordia, es un modelo para practicar la fraternidad, amando sin esperar nada a cambio.

Por último, comprendí la importancia de escuchar al Espíritu Santo. Durante el retiro, sentí cómo el Espíritu me guiaba, dándome fuerza y sabiduría para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. El Espíritu Santo actúa en nosotros todos los días, ayudándonos a tomar decisiones, a amar y a servir a los demás.

Al regresar a mi vida cotidiana, la convivencia me dejó claro que la verdadera felicidad y paz provienen de vivir según la voluntad de Dios. Esa entrega confiada en Él nos guía al encuentro con nuestro Padre y debe alimentarse con la Palabra de Dios, la oración, la Eucaristía y la fraternidad con los demás. Solo así podemos experimentar su amor y vivir con propósito».

David Manrique, estudiante de Ciencias Políticas