«Tengo sed»

3 junio, 2025

Hay momentos en que el corazón busca respuestas, dirección, consuelo. Una sed profunda que solo se sacia en el encuentro con Cristo, agua viva y luz del camino.

El 10 y 11 de mayo, algunos jóvenes se animaron a hacer una pausa para dejar que Dios transforme esa sed, en un retiro de discernimiento vocacional en el sector de Pastoral del colegio. Lihue Peralta y Joaquín Neschisi nos comparten lo que vivieron.


Una vez más…

Una vez más, tuve la maravillosa experiencia de participar en el retiro de los Hermanos Corazonistas, donde me encontré con el Señor. Llegué con sentimientos de amargura, frustración, dolor, flaqueza, entre otros. Porque el mundo lastima, confunde, aleja.

Pero también volví para agradecer, entregarme, renovarme y así poder seguir adelante, nutriéndome de los bienes espirituales que Dios nos da.

Llegué al retiro con la cabeza agotada. Venía de una semana de parciales, trabajo y un examen en el que me fue mal. Estaba triste. Pero al entrar al predio donde se desarrolla el retiro, vi la imagen de la Virgen, el Vía Crucis, y me reencontré con mis amigos. Automáticamente, me brotaron sonrisas que, entre abrazos, se entreveraban. Además, me recibieron con el almuerzo, y enseguida uno de los hermanos se acercó para hablar conmigo y preguntarme cómo estaba. Yo necesitaba eso con urgencia. Poco a poco, mi yugo se fue haciendo más liviano, y eso que todavía no había comenzado el retiro como tal.

Los hermanos asignan a cada uno una habitación con baño incluido. La intimidad es fundamental para la introspección con Dios, y ese espacio privado ayuda muchísimo.

Durante el retiro hacemos ejercicios para el alma: escribimos, meditamos, reflexionamos. Cada uno de los hermanos propone una actividad para discernir y zambullirnos en nuestro interior, de la mano de Dios, para sanar heridas y dolores, y trabajar sobre tentaciones, impulsos y otros males que envenenan el alma.

En lo personal, una de las meditaciones que más me marcó fue la de “Juan apoya la cabeza en el pecho de Jesús”. Esta reflexión nos invita a preguntarnos si realmente depositamos nuestra confianza y fuerza en Cristo, porque uno tiende a creer que puede con todo y no se abandona del todo a Dios. Sentí que debía soltar eso que uno intenta controlar y premeditar todo el tiempo, porque los tiempos de Dios no son los nuestros. Hay que ser pacientes y dejar que Su voluntad nos marque el camino, hacer silencio y escuchar lo que Él nos dice (a través de señales, sueños, personas, pasajes bíblicos, etc.).

Del encuentro surge todo. Y yo, de este retiro, me llevé nuevas amistades, conocimientos teológicos, pero sobre todo, resiliencia, tenacidad, amor, paz, discernimiento y libertad. Porque cuando uno está en gracia y la tentación se hace presente, puede elegir con libertad… y elige no pecar. Elige ser libre del mundo.

Por último, a quienes tienen ganas de hacer el retiro (o nunca lo hicieron), les diría que se animen: no se van a arrepentir. Dios conoce nuestros corazones y, en el retiro, pone a disposición todos los bienes espirituales que necesitamos para el alma.

Recuerden que Cristo no evitó la cruz: la abrazó. Y eso nos invita a enfrentar nuestras propias flaquezas, a pesar de todo.

Lihué Peralta
Estudiante universitario (Santa Rosa – La Pampa)

Interioridad y encuentro con Jesús

El pasado 10 y 11 de mayo vivimos en comunidad un retiro donde profundizamos en la interioridad y el encuentro con Jesús. Empezando por reconocer la sed de Dios que tiene nuestro corazón, meditamos sobre un Jesús que también tiene sed de nosotros y desea nuestra amistad. Desde las bodas de Caná hasta la cruz, y de la cruz a la gloriosa resurrección, el Sagrado Corazón de Jesús busca siempre nuestro amor.

Personalmente, llegué al retiro con sed del agua viva, de aquello que sé que puede llenar verdaderamente el vacío interior que a veces siento, a diferencia de tantas cosas que el mundo ofrece —no necesariamente malas en sí mismas— que solo lo tapan sin poder colmarlo. Me doy cuenta de que el simple hecho de sentir sed de Dios es ya algo por lo cual dar gracias. En una realidad donde cada vez cuesta más encontrar el silencio —exterior e interior— el sin-sentido no proviene de la falta de respuestas, sino de la falta de preguntas a las que buscarles respuestas. Son esas preguntas las que motivan la búsqueda de Dios, quien sí da respuestas.

Buscar a Dios es reconocerme necesitado de Él. Cuando dejamos atrás la autosuficiencia y permitimos que Jesús entre en nuestro corazón, Él nos libera, ordena nuestra vida y purifica nuestro interior. Querer tener siempre el control es no confiar en quien nos ama desde antes de nacer, quien nos llama por nuestro nombre y conoce nuestra historia mejor que nosotros mismos. Solo ante su presencia puedo reconocer verdaderamente quién soy.

Pero reconocer quién soy es solo el principio. Jesús me llama a mucho más. El encuentro con Dios no puede quedarse solo en mí: debo ser mensajero de su amor, instrumento para que otros también puedan conocerlo y encontrarse con Él. En una sociedad que promueve la autorrealización y el individualismo, saberme amado por Dios me invita a dejar de ser el protagonista de mi vida para convertirme en testigo de la obra de Dios en la vida de cada persona que me rodea, y descubrir cuál es el papel que Él me da en cada una de esas historias. Porque en esta vida estamos llamados a crecer en el amor, y el amor se incrementa cuando se da.

Sé por experiencia propia que muchas veces la rutina y las responsabilidades nos desgastan, y nos falta motivación para salir al encuentro del prójimo. Pero ese deseo debe renacer siempre desde la gratitud de saber que todo nos ha sido dado, desde la contemplación de cada pequeña cosa que, día a día, nos habla de Dios; desde la alegría de saber que Cristo ha resucitado y de experimentar que el Espíritu Santo actúa en nosotros si se lo pedimos. Y que, junto a nosotros, siempre estará María, para guiarnos y acompañarnos.

Deseo que todos puedan experimentar el encuentro íntimo con Jesús, para que, movidos por su amor, sientan el deseo de entregarse a Él y al prójimo cada día.

Joaquín Neschisi
Ingeniero en Sistemas (Provincia de Neuquén)