Alejandra Massone (directora de Secundario), Facundo Ferreyra (profesor de Inglés) y Néstor Teixeira (profesor de Judo) celebraron 25 años formando parte de nuestra familia corazonista.
Hoy como ayer, siguen compartiendo con alegría y compromiso su vocación con colegas y generaciones de alumnos. Por su ejemplo y entrega cotidiana, queremos decirles: ¡Gracias por tanto!
Palabras homenaje a Alejandra Massone
«Quienes tuvieron la oportunidad de estar presentes en el almuerzo pasado, habrán escuchado algo de la historia que nos une con Alejandra, esta vez me toca a mí hablarles de esa historia, donde les voy a contar la versión de los hechos desde mi mirada, con muchas de las emociones y experiencias que atravesamos.
Tal como ella les contó, nuestra historia comienza sin conocernos personalmente, cuando Ale empieza a construir su proyecto de familia.
La primera vez que entré a un aula para dar clases, en el año ´97, lo hice reemplazando a una profesora de Biología, que iniciaba su licencia por maternidad en un colegio de Lomas.
Nerviosa y emocionada por dar mi primera clase, terminé el día contenta y segura de que todo había salido perfecto en ese 4to año. A la semana siguiente, ansiosa, pero ya no tan nerviosa, al entrar al mismo curso, encuentro dos palabras escritas en el pizarrón, con tiza amarilla, en letra imprenta mayúscula, decía: AGUANTE MASSONE, y si mal no recuerdo tenían signos de exclamación.
En ese momento descubrí dos cosas: la primera: aquella clase que dí, había sido una porquería; la segunda, estaba reemplazando a una docente a quienes los chicos admiraban, respetaban y extrañaban mucho.
Pero el Sagrado Corazón tenía preparo nuestro encuentro, y en marzo del 2000, nos presentan como colegas en este colegio. Ese apellido escrito en mayúscula y tiza amarilla, que me perseguía como un fantasma desde hacía casi tres años, se materializaba en esa mujer que tenía enfrente, que imponía respeto, solo con su altura y elegancia.
El tiempo fue pasando, y lo que empezó como un reemplazo se transformó en una historia compartida de profesoras, de compañeras y de amigas. Compartimos material de trabajo, actos, correcciones de pruebas eternas, pasillos llenos de chicos, desafíos que cambiaban año a año y también muchas charlas, en el Fiat Uno rojo… ¿te acordás? Esos viajes de Monte Grande a Temperley, ida y vuelta, me ahorraron años de terapia. Hablábamos de todo (yo hablaba mucho pobre Ale) queríamos cambiar a los alumnos, a las familias, a los Hermanos, al sistema educativo… en fin, hablábamos del trabajo, pero también hablábamos mucho de la vida.
Y así, como les contó ella el año pasado, empezamos a compartir momentos personales importantes, nacimientos, casamientos, bautismos, comuniones, cumpleaños, …bailamos entre nuestras vidas… literal.
Siempre vi algo especial en las reuniones familiares de Ale, no hay manera de distinguir quien es parte de su familia y quien es parte de la familia de Norberto, su compañero de la vida. Se ven todos muy unidos, lo cual no siempre es fácil de lograr, imagino que lo supieron construir con paciencia, amor y generosidad. Ustedes dos se eligieron como pareja pero también eligieron entrelazar dos familias, y hacerlo desde el respeto y el verdadero deseo de construir algo nuevo juntos.
Fue lindo ver crecer a tus hijas Ale, tanto en las aulas como en la vida. Flor, hoy una mujer de casi 28 años, tu primera hija y para mí, una especie de San Cayetano, porque su llegada al mundo me regaló ese primer trabajo.
A Agus también la vi crecer en las aulas, pero lo mejor fue verla crecer en tu panza, que me gustaba tocar en los recreos, sentir sus movimientos y alguna que otra patadita de vez en cuando.
Presencié tu crecimiento profesional en este colegio, cuando decidiste dejar la comodidad de las aulas, para formar parte del equipo directivo con toda la responsabilidad que implicaba ocupar ese lugar.
Soy testigo de tu trabajo como profesora de Biología, tu forma rigurosa de transmitir los contenidos, y la pasión al hacerlo, me inspiraron. No sólo despertabas curiosidad y reflexión en los chicos, también en varias oportunidades, despertaste vocaciones, que nacieron en tus aulas, alentadas por tu palabra justa, tu exigencia clara y tu confianza incondicional en el potencial de tus alumnos. Porque siempre fuiste exigente —con vos misma y con los demás—, pero también profundamente humana.
Luego llegó la etapa de la dirección. En ese rol, te enfrentaste a situaciones complejas, momentos que requerían firmeza y serenidad. Tomaste decisiones difíciles, muy difíciles, que te generaron momentos de mucha angustia y días de profunda tristeza, porque siempre querés cuidar a tus alumnos y a tu equipo de trabajo, a tus profes.
Pero nunca puedo juzgarte por tus decisiones, incluso cuando opino diferente, porque sé que sos una persona prudente y que en cada decisión que tomás, actuás guiada por tus principios y valores. Son pocos los que pueden ocupar tu lugar, no alcanza con ser una persona responsable o con cierta trayectoria para esta ahí, se requiere mucha templanza ante las dificultades y una profunda sensibilidad para acompañar a otros.
Y sé, como colega y amiga, que detrás de esa figura firme, exigente y segura, hay también una mujer profundamente sensible, que se emociona con los logros ajenos, que sufre con las dificultades de los demás, que está atenta al que necesita una palabra, un silencio o simplemente un gesto. Porque si hay algo que te define, es tu capacidad de CUIDAR. De cuidar personas, vínculos, procesos, historias. Cuidas en tu familia, cuidas en tu colegio.
Supiste encontrar el delicado equilibrio entre la autoridad y la escucha, entre la firmeza y la empatía. Tu liderazgo no fue impuesto Ale: fue ganado por el respeto que generás, por la confianza que transmitís, y por esa sensibilidad que te permite ver más allá de lo visible.
Imagino que “el cansancio se te viene acumulando”, y si empezaste a fantasear con el cierre de esta etapa, hacelo con la paz de haberlo dado todo, con la certeza de que estás cumpliendo con la misión que el Sagrado Corazón te impone, nos impone como educadores corazonistas, y con la alegría de saber que ya sos parte de la historia del colegio Belgrano.
Que esta celebración sea una pausa para que mires con alegría todo lo que recorriste. Doy gracias por haber compartido este tramo del camino con vos, bajo la mirada del Sagrado, que supo unir nuestras historias, nuestras vocaciones y nuestras vidas. Que Él te siga abrazando en cada paso, y que nunca te falte esa alegría de educar y guiar con el corazón.
Y después de 28 años, Ale, debo confesarte que sigue resonando en mi cabeza, pero ya no como un fantasma, sino como una certeza absoluta… ¡AGUANTE, MASSONE!
¡Gracias por tanto, Ale!»
Mariana Rizzi
Palabras homenaje a Facundo Ferreyra
«Es un gran placer compartir con ustedes y poder homenajear al profesor Facundo Ferreyra, a «Facu», por sus 25 años de trayectoria como profesor del Departamento de Inglés en nuestro querido Colegio Manuel Belgrano, con quien pude compartir muchos años y de quien soy testigo de su compromiso.
La educación es el arma más poderosa para cambiar nuestras vidas y la de los estudiantes.
Hoy destacamos lo importante que es tener la posibilidad de estar acompañados en el camino docente por personas que llevan a cabo su vocación, agregando aquellos condimentos tan valiosos como la dedicación, el cariño, la paciencia y la pasión por enseñar.
En cada clase, en cada proyecto, Facundo ha sabido dejar una huella inolvidable en la vida de sus alumnos, acompañando y enriqueciendo desde el conocimiento, pero con una mirada atenta a cada uno, descubriendo sus cualidades, despertando emociones y nuevos desafíos.
Durante estos años, has recorrido las páginas de tantos libros como Excalibur, la novela del Rey Arturo; Macbeth, la tragedia escrita por William Shakespeare en 1623; Braveheart, basada en la vida de William Wallace, un héroe nacional escocés; y muchos más, llevando a tus estudiantes a viajes mágicos cargados de historia y cultura.
Y sí, siempre nos dicen que soñar no cuesta nada, pero qué maravilla es cuando alguno de esos sueños se hace realidad, como fue en aquel otoño de 2016, cuando —como parte del proyecto del Departamento de Inglés—, Facu, pudiste conocer y recorrer las tierras mágicas del Rey Arturo, de William Wallace y de Macbeth junto a algunos de tus alumnos.
Querido Facundo, hoy llegó el día en que la comunidad corazonista te expresa un profundo agradecimiento por tu dedicación, por tu entrega y compromiso diario.
¡Gracias, muchas gracias… adelante con tan noble tarea y a seguir construyendo sueños!».
Palabras homenaje a Néstor Teixeira
«Seguramente muchos no lo vean a menudo por los pasillos del colegio, pero es un faro silencioso que guía con paciencia, firmeza y humanidad. Néstor lleva en nuestra institución un cuarto de siglo recorriendo este camino lleno de entrega, constancia y pasión.
Veinticinco años acompañando procesos y formando estudiantes desde el noble arte del yudo. Y decimos arte, porque enseñar yudo no es solo enseñar técnicas, caídas o llaves: es enseñar que la verdadera fuerza está en el corazón, y que cada caída es una oportunidad para volver a levantarse con dignidad y valentía.
Quienes han pasado por tu escuelita —y quienes siguen estando— quisieron estar presentes en las palabras de Rafael Semorile:
“Hoy me toca decir unas palabras sobre alguien que marcó mi vida para siempre. Alguien que no solo me enseñó judo, sino que me enseñó valores también. Hablo de Néstor Teixeira, mi profesor y sensei.
Cuando empecé a entrenar con él, no tenía ni idea siquiera de lo que significaba realmente el judo; para mí, era un deporte más. Pero no. Néstor me mostró que el judo es mucho más que eso: es una forma de vida. Te enseña no solo las cosas propias del arte marcial, sino también valores.
Recuerdo que no podía ni hacer una vuelta para adelante. Muchas veces me hacía luchar con él directamente. Me decía: ‘No hay mejor forma de aprender que cayendo’.
Con los años, fui entendiendo que lo que pasaba en el salón de prácticas iba mucho más allá de las técnicas. Porque gracias a él, aprendí el respeto, la modestia, el honor, la cortesía, la sinceridad, el coraje, el autocontrol… y, sobre todo, el valor de la amistad.
Sus métodos de enseñanza, su paciencia, el empeño y el cariño que pone en cada práctica no solo lo hacen un buen maestro, sino una maravillosa persona de la cual aprendo algo nuevo en cada encuentro.
Y acá estamos, celebrando sus 25 años enseñando, formando no solo judokas, sino mejores personas.
Espero te hayan llegado hasta el corazón mis palabras.”
Rafael Semorile
Néstor, gracias por tu compromiso inquebrantable en la escuelita de yudo, por haber sido, durante todos estos años, mucho más que un profesor: un sembrador de valores.
En nombre de toda la comunidad del Colegio Manuel Belgrano, te decimos gracias por estos años de entrega, y te deseamos que este camino siga con la misma pasión con la que comenzó, porque todavía hay muchas más historias que escribir, muchas más almas que inspirar.