El receso de invierno no es solo un intervalo escolar. El descanso, el juego libre y el tiempo compartido con afecto son parte fundamental de este período tan importante para los chicos. Por eso, te proponemos algunas ideas para acompañarlos en unas vacaciones equilibradas, creativas y significativas.
Eva Rottenberg
Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A), fundadora de la Escuela para Padres Multifamiliar
Así como necesitamos dormir para recuperar fuerzas, el cerebro de los chicos necesita descansar, dejar de hacer lo que estaba haciendo, para asimilar los conocimientos incorporados en la primera mitad del año”.
Es cierto que durante estos días los horarios suelen ser más flexibles y eso puede provocar un desorden en las rutinas y los hábitos. Sin embargo, encontrar armonía entre las actividades diarias y los momentos de diversión es clave. Lograr un equilibrio ayudará a no sobrecargarlos con demasiadas propuestas ni tampoco dejarlos sin opciones (esto último, puede llevar al uso excesivo de la tecnología). Entonces, ¿cómo ofrecerles, durante estas semanas, momentos de juego, exploración y cariño?
Te compartimos ideas simples y accesibles para disfrutar juntos durante las vacaciones:
> Establecer una rutina flexible
Organizarse ayuda a ordenar los días, volverlos más predecibles y colabora en la regulación emocional. Es importante sostener las horas de dormir, levantarse y comer (claves en la cotidianeidad infantil) para ayudar a mantener los ritmos del sueño y a estructurar el día.
> Armar un plan involucrando a los chicos
Establecer un momento para conversar con ellos y pensar juntos un programa que incluya lo que quieran hacer durante esos días, aquellas actividades que deben sostener y también eso que podrían compartir.
> Ofrecer propuestas en casa… ¡hay muchas ideas!
Elegir un libro por día e incluso crear juntos cuentos. Inventar nuevos finales o personajes y representarlos con muñecos o dibujar las escenas.
Montar un “espacio sensorial” que ponga en juego los cinco sentidos, incorporando objetos con distintas texturas (arena, tierra, espuma, etc.), aromas o sonidos.
Los clásicos: construir con bloques y cajas; compartir juegos tradicionales como Las Escondidas, La Rayuela, La Payana, etc.; armar una obra de títeres; construir una casita con mantas.
Incluir a los chicos en la cocina (amasar pan, decorar galletitas, etc.) ¡es una receta que no falla!
> Actividades al aire libre y espectáculos
Si el clima lo permite, los planes sencillos bajo el sol pueden ser enriquecedores.
Compartir una caminata o paseo en bici en los parques municipales.
Recorrer el Ecoparque o la Reserva Ecológica Costanera Sur, en CABA.
Visitar la Casa Museo María Elena Walsh, en Morón, o la República de los niños, en Gonnet.
Conocer barrios o monumentos históricos (Caminito, San Telmo, el Obelisco, el Cabildo de Buenos Aires).
Dar un paseo en el Tranvía Histórico de Buenos Aires.
Disfrutar de un paseo por el Museo Histórico Nacional, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) o el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.
Visitar pueblos rurales como Uribelarrea, San Antonio de Areco, Carlos Keen, San Miguel del Monte, Chascomús o Lobos.
¡Visitar a personas que queremos mucho! Estos días más flexibles de horarios son ideales para sorprender a abuelos, tíos, primos o padrinos.
Disfrutar de una tarde de juegos en parques teméaticos de CABA: Plaza Egipto (“Un viaje al espacio exterior”), Parque Lezama (“Una fábrica de juguetes”), Plaza Noruega (“Arquitectura nórdica en clave lúdica”), Plaza Haroldo Conti (“Una apuesta por la educación vial”), Plaza Francisco Canaro (“Tango y un inmenso bandoneón”), Parque España (“¡A jugar en el puerto!”), Plaza Udine («Juegos de circo”).
Maritchu Seitún de Chas
Piscóloga especializada en niños y orientación a padres
Los chicos piden y piden, nada es suficiente para ellos. Y está bien que pidan, ¡pero nosotros podemos decir que no! Es imposible satisfacer todas sus demandas. Pero tampoco podemos pretender pasar las vacaciones sin hacer ningún cambio en nuestras rutinas, sin bajar algunas expectativas, y sobre todo, ¡sin disfrutar algunos ratos de ocio con nuestros hijos!”.
Por último, –¡y muy importante!– recordá que lo más valioso de estos días no es lo costoso ni lo complicado, sino el tiempo compartido con amor y atención.