Lectura: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque, así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches». (Mt 12, 39-40)
Meditación:
Jesús nos está dando signos de su presencia en forma constante; Él vive en nuestro corazón. Es una presencia impresa y cincelada en lo más profundo de nuestro ser. Sentimos que en Él nos movemos, estamos y existimos. Hemos salido de su Corazón y nos cuida amorosamente… tenemos la certeza de que caminamos peregrinos hacia Él.
Es preciso hacer silencio, entrar en nosotros mismos y sentir la confianza de que nos cuida; que Él lo sabe todo. Su amor nos deja una huella indeleble, pues siempre es fiel. Necesitamos vivir en su familiaridad, hablarle de corazón a Corazón; escuchar las mociones que nos regala el Espíritu.
Estamos llamados a vivir en oración continua, celebrando su bondad, saliendo de nuestro “yo” narcisista. Sólo Cristo es el centro. Cuando leemos y gustamos su Palabra entramos en comunión con Jesús; necesitamos registrar por escrito lo que nos comunica, para tomar conciencia de su importancia.
Oración: Señor, imprime y esculpe los signos de tu presencia en mi corazón.
Contemplación:
Tengo una mirada superficial… que no me permite establecer un vínculo…
«Yo permanezco en tu corazón… busco tu corazón…»
Quiero entregarte todo, soy tuyo… Tú estás en mí.
Acción: Reconocer la presencia de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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