Lectura: “No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes”. (Mt 7, 1-2)
Meditación:
Muchas veces, cuando juzgamos y condenamos al otro, estamos proyectando lo que no aceptamos de nosotros mismos y que no generamos la determinación cambiar. La aceptación del otro con sus limitaciones y defectos es camino de encuentro y una forma de vivir la compasión. Es preciso inclinarnos hacia el otro y acompañarlo; cuando condenamos generamos una distancia afectiva, que dificulta la unidad y el diálogo.
El criterio que es preciso usar a la hora de mirar al otro es la caridad, expresando lo bueno que hace, tolerando sus debilidades, despertando la confianza y la esperanza de que puede superarse. Necesitamos entender que todos somos diferentes, con historias de vida diversas, entonces no podemos pretender que los otros sientan del mismo modo que nosotros.
Dar confianza y potenciar lo bueno de cada uno, nos permite despertar el deseo de superación, de crecimiento interior; remarcar lo negativo hace que se acreciente. Es posible caminar juntos, poniendo en común los principios que compartimos, para desde ahí trabajar en lo que nos separa; pues estamos llamados a la comunión.
Oración: Señor, dame una mirada compasiva, que genere confianza.
Contemplación:
Necesito la gracia de perdonar y dar nuevas oportunidades a los otros.
«Yo Soy misericordioso y te sostengo a ti… haz lo mismo con tu prójimo».
Despertar la mirada compasiva, siendo prudente con quienes hacen daño…
Acción: No juzgar a nadie.
Hno. Javier Lázaro sc.
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