Lectura: “Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirviera a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas”. (Lc 9, 15-17)
Meditación:
Jesús se hace cercano e íntimo a nuestra realidad; toma los panes, que simbolizan nuestro trabajo y la comunión con Dios; pues nos ha dado el sol y la lluvia, para que crezca la semilla y dé fruto. Esta relación entre el hombre y Dios es alimento, es Pan de Vida.
La unión con Cristo nos lleva a la comunión con los otros, que se convierten en hermanos. El alimento que recibimos por vivir la amistad con Jesús, se convierte en encuentro y fraternidad con los demás. Una vez que entregamos todo a Dios, lo multiplica y llegamos a todos.
Comer el Cuerpo de Cristo, nos une en una sola carne, nos transfunde sus sentimientos, nos permite establecer vínculos. Entonces ya no vivimos para nosotros mismos, somos del Señor; así, nuestra vida se hace fecunda en alegría, paz y entrega buscando el bien de los otros.
Oración: Señor, dame el Pan de Vida y recíbeme, soy tuyo.
Contemplación:
En la cotidianidad Señor estás en mi vida, me bendices y haces que dé fruto.
«Yo Soy el Pan de Vida, me entrego enteramente a ti».
Quiero recibirte en mi corazón, caminar siempre contigo.
Acción: Buscar a Cristo en la Eucaristía.
Hno. Javier Lázaro sc.
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