Lectura: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!”. (Mt 6, 21-23)
Meditación:
El ojo de nuestra vida son los criterios con los que nos movemos, las motivaciones que generamos en nuestro corazón. Es frecuente que tomemos decisiones a ciegas, sin medir las consecuencias, sin un discernimiento orientado por la fe… Entonces, luego nos lamentamos. Nos guiamos por sensaciones, pero ignoramos las razones y las convicciones profundas; nos movemos por el voluntarismo, contando sólo con nuestras fuerzas e ignoramos la necesidad de la gracia de Dios.
El proyecto de vida, que responde a una vocación, necesita estar sostenido por la fe y la ayuda divina. Todos somos conscientes de las dificultades que hay en las relaciones familiares-comunitarias; la fuerza para perseverar en el bien está en participar de la comunión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Es preciso habitar nuestro corazón, dejarnos guiar por la luz del Espíritu, por el fuego de su amor. El cálculo y las tácticas, no alcanzan. Sólo la amistad con Cristo es Luz en nuestro caminar.
Oración: Señor, guía mi corazón hacia Ti, sólo quiero ser tuyo.
Contemplación:
Acumulo cosas, busco seguridades y sensaciones… pero están devaluadas, pasan, no me generan esperanza.
«Yo Soy la Luz, mi Palabra ilumina tu corazón, déjate conducir por el Espíritu».
Quiero seguirte, necesito que me sostengas.
Acción: Buscar la Luz en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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