Lectura: “Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”. (Mt 5, 43-45)
Meditación:
Jesús revoluciona las relaciones interpersonales, nos pide amar a todos, incluidos los enemigos. Nos llama a ir más allá del momento puntual que estamos viviendo; pues en definitiva todos somos hijos del Padre, todos somos hermanos. La paternidad es un vínculo que permanece para siempre; se es padre, hijo o hermano para siempre.
Nos pide amar, porque es el camino de la paz. Nos realizamos cuando nos encontramos y buscamos el bien de los otros. Cuando restringimos este ámbito, siendo selectivos, nos restamos posibilidades de crecimiento interior y de ser felices. Todos necesitamos abrirnos a la universalidad; por supuesto, tendremos mayor intensidad con quienes son nuestro prójimo.
Somos acreedores de la bondad del Padre; es posible que tengamos diferencias con algunos, pero es infinitamente superior el amor que hemos recibido de Dios. Siempre podemos superar la confrontación o los sentimientos negativos. Dios nos ama eternamente.
Oración: Señor, ayúdame a tender puentes de caridad y unidad.
Contemplación:
Con algunas personas me resulta difícil el encuentro… necesito ayuda.
«Yo te doy la gracia de perdonar y buscar el bien de todos».
Acepto tu perdón y tu abrazo gratuito; cuida a los que obran mal.
Acción: Rezar por los enemigos.
Hno. Javier Lázaro sc.
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