Lectura: “No juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies… Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. (Mt 5, 34-37)
Meditación:
Dios está presente en nuestra vida, es testigo de nuestra forma de pensar y actuar; conoce nuestras intenciones más íntimas… Por eso Jesús nos pide que no sobreactuemos ante los demás, usando a Dios con juramentos sin fundamento. Fácilmente podemos invocar a Dios, pero sin implicar el corazón, ni comprometernos.
Nuestra conducta necesitamos que sea simple, sincera… sin pretender engañar a nadie; reconociendo nuestras virtudes y limitaciones. Sabernos humanos nos libera, nos da paz, nos permite ser nosotros mismos, favorece las relaciones fraternas y nos ayuda a no caer en la tentación de querer ser como dioses.
Sí, nos comprometemos a cumplir la palabra dada por respeto a los demás, a ser puntuales o esperar a los otros; evitamos toda manipulación recurriendo a juramentos. Sólo nos comprometemos ante Dios, pero porque confiamos en su gracia, para cumplir lo que nos pide cada día, pues Él siempre cumple su Alianza.
Oración: Señor, ayúdame a vivir tu Palabra y confiar.
Contemplación:
Busco reafirmarme jurando en tu Nombre… los otros no me creen…
«Yo Soy quien te llamo y te sostengo… sólo te importa mi mirada».
Te entrego mi corazón… quiero vivir la amistad en la cotidianidad.
Acción: Ser sencillo al expresarme.
Hno. Javier Lázaro sc.
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