Lectura: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en al infierno. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela…”. (Mt, 5, 28-30)
Meditación:
Jesús nos está hablando de la dignidad de cada persona. No podemos utilizar a nadie para nuestro provecho. Lo que se dice al varón sobre la mujer, se aplica también a la mujer respecto al varón. Dios nos ha creado a su imagen y semejanza; pero varones y mujeres diferentes. Pero llamados al encuentro.
El desorden afectivo arranca en el corazón; es preciso estar atentos a los sentimientos y pensamientos que generamos en nuestro interior, pues después nos llevan a actuar de una determinada forma. En cada encuentro con Dios y con los otros, necesitamos implicar el corazón, pero para entregarnos al servicio de los demás
Las diferencias nos hablan de la necesidad de salir de nosotros mismos y considerar el valor del otro con una actitud de respeto. Cuando sentimos que nos inclinamos hacia la manipulación o posesión, es preciso sanar la herida de nuestro corazón y corregir las causas que nos inducen a esto.
Oración: Señor, sana mi corazón y haz que se implique en la entrega.
Contemplación:
Agradecemos la belleza que has puesto en cada persona…
«Yo te enseño a entregarte y a recibir al otro…».
Quiero valorar y dar gracias por la vida de los demás.
Acción: Cuidar el corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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