Lectura: “Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. (Mt 5, 23-24)
Meditación:
El amor a Dios y al hermano van unidos. La ofrenda a Cristo es agradable cuando vivimos reconciliados con el prójimo. Hay veces que no nos resulta fácil. Pero con frecuencia la lucha está en nuestro interior; por eso sólo se nos pide un cambio de actitud, deseando el bien en todo momento a los demás. Esto nos libera de resentimientos y la envidia que nos estanca o impide amar.
El encuentro con Dios se da en nuestro corazón; no es un simple acto externo. Al acercarnos a Cristo su mirada ilumina nuestros corazones y ahí reconocemos las zonas interiores que no permiten pasar la Luz. El recordar nos ayuda a ver qué estamos llamados a cambiar.
Dios recibe nuestra ofrenda en un primer momento, no nos desecha de su presencia, pero podemos acoger el don del Espíritu que nos quiere dar, después que nos hemos reconciliado con el hermano. En realidad, cuando Cristo nos pide algo, es porque Él quiere darse como don.
Oración: Señor, sana mi corazón para que pueda recibir tu Amor.
Contemplación:
El encuentro contigo Señor, ilumina mi vida y me ordena interiormente…
«Yo Soy la Luz, y te hago ver el camino para ser feliz».
Quiero vivir la fraternidad a tu manera.
Acción: Revisar cómo está mi corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano