Lectura: “«Así esta escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día… Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto». Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo.” (Lc 24, 46-50)
Meditación:
Jesús va junto al Padre al cielo; es una nueva forma de entrega, como Dios y Hombre; de donde procede el Espíritu Santo, que nos lo envía para que seamos sus testigos en el mundo de su muerte y resurrección. Nos debemos a la Verdad, por tanto, no podemos callar el amor que nos ha hecho vivenciar.
El Padre recibe a su Hijo, y nos acoge a cada uno de nosotros como hijos predilectos. Somos amados en Cristo. Nuestra mirada está en el cielo, somos peregrinos hacia el Padre que nos espera.
Mientras tanto, Jesús nos pide permanecer unidos, esperando al Espíritu Santo. Sólo entonces viviremos la unidad en comunión espiritual y nos envía a anunciar su Reino a todo el mundo. Permanecer unidos a Cristo nos asegura la unidad con los otros. La fraternidad es condición para ser mensajeros y testigos de Jesús.
Oración: Señor, haz que aspire a las realidades del cielo junto a Ti.
Contemplación:
Voy a anunciar el Reino en soledad… y no veo frutos.
«Yo te envío, recibe mi Espíritu… el Padre te ama…».
Quiero ir en tu Nombre y en fraternidad.
Acción: Ser testigo de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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