Lectura: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: «Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver». Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo». (Jn 16, 19-20)
Meditación:
Con la muerte de Cristo muchos dirigentes judíos se alegraron pues ya lo veían como una denuncia su forma de actuar o de ser. A su vez, los discípulos entraron en un estado de tristeza…Pero con la resurrección de Cristo, la tristeza de sus seguidores se convierte en alegría; pues nos hace nacer de nuevo y nos lleva al Padre.
Jesús con su muerte desaparece tres días de su presencia, pero con su resurrección vive en nosotros, nos injerta a su Cuerpo, nos hace suyos. Somos sus elegidos para siempre. Nuestra vocación es la alegría. Vivimos en el mundo, pero ya pregustando las realidades eternas del cielo.
En el Bautismo, hemos resucitado con Cristo, ya sólo pertenecemos a Él y estamos unidos a Él. Con los otros somos hermanos en Cristo y unidos a Él vamos al Padre. En forma constante necesitamos profundizar esta vinculación por la oración, los sacramentos, la caridad…
Oración: Señor, quiero vivir unido a Ti, formando una sola carne
Contemplación:
Cuando me disperso y me separo de Ti, vivo desorientado y dividido…
«Yo Soy la resurrección y la vida… te doy la perfecta unidad y alegría».
Quiero vivir contigo, permanecer en tu Corazón.
Acción: Vivir la amistad con Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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