Lectura: “El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”». Y, llamando a la gente, les dijo: «Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre»” (Jn 15, 9-11).
Meditación:
El culto son las celebraciones y alabanzas que dirigimos a Dios por todas las bendiciones y el cuidado amoroso que tiene sobre nosotros, sus hijos. Supone orientar el corazón en agradecimiento y correspondencia al Padre que nos ama. Cristo nos abre su Corazón y busca el nuestro como centro donde se juntan las motivaciones, los sentimientos que generamos y el deseo de entrega.
Algunas veces rezamos con los labios, exteriormente, pero nuestro corazón está lejos o dividido interiormente, por los atractivos del mundo y las heridas que no hemos sanado. Hemos perdido la capacidad de emocionarnos o dejarnos sorprender por la amistad profunda que nos ofrece Jesús; esto también empobrece las relaciones con el prójimo.
Estamos llamados a despertar el corazón a la alegría por ser los hijos predilectos del Padre; necesitamos desechar los sentimientos de negatividad, de desesperanza… La vocación más profunda es el gozo por el bien que nos rodea y el sabernos amados Cristo.
Oración: Señor, sana mi corazón, para que viva en tu Alabanza.
Contemplación:
Necesito estar atento a lo que genero en el corazón…para poder encontrarme con Cristo y los otros.
«Yo sano todas las heridas y espero tu alabanza».
Quiero vivir para la entrega.
Acción: Cultivar los afectos hacia Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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