Lectura: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes». Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo”. (Jn 14, 27-28)
Meditación:
La paz que Jesús nos regala es la síntesis de todos los dones espirituales. Se la da a todos, pero sólo la podemos recibir cuando liberamos nuestro corazón, para que Él viva en nosotros. Cristo es nuestra Paz. En Él nos sentimos confiados, abiertos a la alegría, dispuestos a entregarnos al servicio de los otros gratuitamente. Es un don que nos desborda y necesitamos compartir con los otros.
Jesús dice que el Padre es más grande que Él; pero sólo en cuanto Hombre. Pues como Dios tiene la misma grandeza y dignidad. Al volver Jesús al cielo, como que recobra la majestad que había dejado al nacer entre nosotros.
Estamos llamados a alegrarnos de que vaya al cielo, pues va a prepararnos un lugar; somos ciudadanos del cielo, es nuestra patria eterna. Al encontrar el Padre y el Hijo, nos envían el Espíritu Santo, que nos enseña a vivir en comunión y caridad.
Oración: Señor, dame tu Paz y haz que guste el gozo de tu Amistad.
Contemplación:
Busco compensaciones en las cosas pasajeras… pero todo me deja insatisfecho.
«Yo Soy tu Paz, recíbeme en tu corazón…vive confiado».
Quiero que pongas tu morada en mi. Llévame contigo…
Acción: Llevar la paz a los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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