Lectura: “Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?» (…) «Y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos»”. (Jn 11, 49-52)
Meditación:
Caifás, que persigue a Jesús, también habla proféticamente: “Jesús tiene que morir por todo el pueblo y para alcanzar la unidad de los hijos de Dios”. Dios se sirve de las acciones de los hombres para realizar su plan de salvación; siempre respeta nuestra libertad, pero aún del mal Dios saca el bien.
Jesús muere por el pueblo judío, donde había nacido; pero su Reino es para todos los pueblos o personas que lo seguimos. El Reino de Dios no se limita geográficamente; su Reino está en los corazones, donde no pueden llegar los gobernantes, pero sí lo podemos perder por el mal uso de la libertad, por el pecado.
Cristo forma el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, somos su familia, nos convierte en su cuerpo; Cristo es la cabeza y nosotros los miembros, llamados a complementarnos; Él nos trasmite la vida, nos da su gracia divina.
Oración: Señor, haz que viva la unidad, viviendo la amistad contigo.
Contemplación:
Me siento dividido interiormente… desorientado…
«Yo Soy la vida y ustedes los sarmientos. Ven a mí, Yo te transmito la Vida divina, deseo tu amistad eternamente».
Quiero caminar contigo, soy tuyo para siempre.
Acción: Buscar la unidad en la Verdad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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